Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPÍTULO 2
El club es un laberinto de luces tenues y cuerpos sudorosos. Alejandro conduce a Scarlett a una mesa VIP en el segundo piso, con vista privilegiada a la pista de baile. Desde ahí puede ver todo, controlar todo.
—Típico de un narcisista. piensa Scarlett mientras se sienta. Necesita ver sin ser visto completamente.
—¿Champán?
ofrece él, haciendo una seña al mesero.
—Perfecto.
—¿Cómo te llamas, rojita?
El apodo la irrita más de lo que debería. Pero mantiene la sonrisa.
—Ela.
—¿Ela?
ríe, un sonido profundo que vibra en el pecho
—¿Así nada más, Como la canción?
—Algo así.
Responde mientras lo mira.
—Bueno, Ela
se inclina hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.
— Dime algo de ti.
Scarlett está preparada. La historia falsa está ensayada, diseñadora gráfica freelance, recién llegada a la ciudad, sin familia cercana, sin ataduras. Perfecta para un hombre como él.
—Vine por un trabajo
dice.
— Me aburrí de mi ciudad.
—¿Y qué ciudad sería esa?
—Boston.
Alejandro asiente, pero sus ojos delatan que ya sabe que eso es mentira. Scarlett siente un escalofrío. No, es imposible. Su coartada es perfecta.
—Boston
repite él
—Linda ciudad. ¿Qué diseñabas?
—Identidad corporativa, campañas publicitarias...
—Mentirosa.
La palabra cae como una piedra en agua tranquila. Scarlett paraliza, pero su entrenamiento la mantiene serena.
—¿Perdón?
—Mientes
Alejandro sonríe, pero ahora la sonrisa es diferente, menos cálida, más depredadora.
— Cuando mientes, tus ojos se desvían ligeramente a la izquierda. Lo noté la primera vez que dijiste llamarte Ela.
Scarlett ríe, forzando naturalidad.
—¿Eres detective ahora?
—Soy muchas cosas, rojita. Y algo que aprendí en la vida es a saber cuándo una mujer me miente.
El mesero llega con el champán. El momento se rompe. Scarlett toma la copa con mano firme, pero por dentro su mente trabaja a mil por hora. ¿Sabrá quién es realmente? Imposible. Ha sido cuidadosa.
—Salud
dice Alejandro, chocando su copa
— Porque las mentiras sean interesantes.
Beben en silencio. Scarlett siente que el control se le escapa. Este hombre es diferente a todos los que ha enfrentado. No es un criminal común, hay inteligencia tras esa arrogancia.
—¿Por qué crees que miento?
pregunta, decidiendo jugar sucio.
Alejandro la observa largamente. Sus ojos negros parecen atravesarla.
—Porque una mujer como tú no aparece sola en un lugar como este, vistiendo como vistes, mirando como miras, sin una razón. Las mujeres como tú tienen motivos.
—¿Mujeres como yo?
—Hermosas. Peligrosas.
Se inclina más, su voz baja.
— Las conozco. He dormido con suficientes para saberlo.
La crudeza de sus palabras debería repelerla. Pero Scarlett siente algo diferente, adrenalina, desafío, y algo más que no quiere reconocer.
—Quizá solo quería un trago
dice ella.
—Quizá...
acepta él, recostándose.
— O quizá eres la mujer más interesante que ha entrado a mi club en meses. Así que juguemos, Ela de Boston. Tú finge que eres una diseñadora gráfica aburrida, yo fingiré que te creo, y pasaremos una noche agradable.
—¿Y después?
—Después veremos.
Scarlett debería irse. Debería reportar que el objetivo es más astuto de lo previsto. Pero algo la mantiene en esa silla, bebiendo champán con el hombre al que debe destruir.
Y eso, lo sabe bien, es el primer paso hacia el peligro.