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Destinos Cruzados

Destinos Cruzados

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Jairy Erismar Ramirez

Elena busca el orden y la perfección; Julián vive bajo sus propias reglas. Cuando sus caminos se crucen en la academia, descubrirán que el destino tiene un plan completamente diferente para los dos. ¿Podrá el amor romper sus defensas?

NovelToon tiene autorización de Jairy Erismar Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Entre la traición y la fuga

El eco del portazo en la entrada principal dejó el aire completamente congelado dentro de la pequeña oficina. Elena ahogó un grito de puro terror, llevando una de sus manos a la boca para evitar que el más mínimo sonido delatara su posición. Julián, reaccionando por puro instinto de protección, la tomó por los hombros y la guió hacia la pared más oscura, cubriéndola con su propio cuerpo mientras la adrenalina comenzaba a recorrerle las venas. El oficial de guardia, cuyo rostro reflejaba un miedo idéntico al de ellos, maldijo entre dientes con desesperación. Con las manos temblorosas pero firmes, desenfundó su arma reglamentaria y mantuvo la vista fija en la pequeña rendija de la puerta, sabiendo que el tiempo se les había agotado.

—Ya están aquí —susurró el oficial con la respiración entrecortada, sin apartar los ojos del pasillo exterior—. No podemos salir por el vestíbulo principal. Es una emboscada en toda regla. Síganme, rápido, y por lo que más quieran, no hagan el menor ruido.

Sin esperar una respuesta, el uniformado se dio la vuelta con agilidad y avanzó hacia la parte posterior de la jefatura, adentrándose en el área del almacén. El lugar era un laberinto en penumbra, flanqueado por enormes estanterías metálicas que crujían con el viento de la noche y que estaban repletas de cajas de cartón, archivos viejos y suministros abandonados. Julián apretó la mano de Elena con fuerza, transmitiéndole un calor que contrastaba con el frío sepulcral del edificio. La guió en la oscuridad, esquivando los obstáculos del suelo. El corazón de ambos latía a un ritmo frenético, tan ruidoso que temían que los perseguidores pudieran escucharlo por encima del sonido de las botas pesadas que ya resonaban en la entrada.

—¡Busquen en todas partes! —bramó una voz ronca y autoritaria desde el vestíbulo, rompiendo el silencio de la noche—. El jefe fue muy claro: no pueden salir vivos de este edificio. Si encuentran al policía que los ayudó a esconderse, también se va con ellos. No dejen cabos sueltos.

Al escuchar aquellas palabras, Elena sintió un escalofrío recorrerle toda la espina dorsal. La traición dentro de la misma jefatura donde se suponía que debían estar a salvo era absoluta y aterradora. Ya no sabían en quién confiar; las personas encargadas de impartir justicia eran las mismas que ahora los cazaban como animales en las sombras.

El oficial que los guiaba se detuvo abruptamente al final del pasillo, frente a una pesada puerta de hierro forjado que conducía directamente al área de mantenimiento y a los viejos ductos de ventilación del complejo.

El hombre sacó un manojo de llaves de su cinturón, haciendo un ruido metálico que a Julián le pareció ensordecedor en medio de tanta tensión. Probó una llave, luego otra, pero los nervios le jugaban en contra. Mientras tanto, los pasos de los hombres de Arturo se oían cada vez más cerca, doblando la esquina del pasillo contiguo. El haz de luz de sus linternas comenzó a bailar en las paredes de concreto, amenazando con descubrirlos en cualquier segundo.

—¡Por aquí! ¡Se escucharon ruidos hacia el almacén trasero! —gritó uno de los atacantes a pocos metros de distancia.

Con un clic seco que sonó como una bendición, la cerradura de la puerta metálica finalmente cedió. El oficial empujó la estructura con fuerza, revelando un pasadizo estrecho y completamente oscuro que olía a humedad y a encierro. Se volvió hacia la pareja con una mirada cargada de pura determinación y sacrificio.

—Crucen este pasadizo de inmediato. Caminen en línea recta y los llevará directo al callejón trasero que da a la avenida secundaria. Allí estarán fuera de su alcance —dijo el oficial, empujando suavemente a Julián—. Yo me voy a quedar aquí para cerrar la puerta por fuera y retrasarlos todo lo que pueda. Si nos descubren a todos juntos, no habrá escapatoria. Corran y no miren atrás.

Julián miró al joven oficial a los ojos, conmovido por la valentía de quien arriesgaba su vida por una causa que ni siquiera era la suya. Asintió en silencio con profundo agradecimiento y, sin perder un solo segundo, empujó con cuidado a Elena hacia la densa oscuridad del túnel de escape. Justo cuando el oficial cerraba la pesada puerta metálica tras ellos, el sonido de los primeros disparos y los gritos de confrontación estallaron en el almacén.

El interior del ducto era tan estrecho que debían avanzar casi a ciegas, rozando las frías paredes con las manos. Elena sentía que el aire le faltaba, pero el miedo a ser atrapada la obligaba a mover los pies con rapidez. Julián iba justo detrás de ella, cuidando su retaguardia y aguzando el oído por si la puerta de hierro no lograba contener a sus perseguidores. Cada paso en falso, cada roce contra el metal, aumentaba la tensión de una fuga desesperada. Sabían que afuera los esperaba la incertidumbre de la calle, pero atrás solo quedaba una muerte segura. El destino de ambos volvía a pender de un hilo muy delgado, y el tiempo para ponerse a salvo se les estaba agotando por completo.

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