Una historia sobre las cicatrices del pasado, las decisiones imposibles y la dolorosa lección de que, a veces, incluso el amor más intenso necesita ser Cuestión de tiempo.
NovelToon tiene autorización de Dalia2026 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11: Kilometros de Olvido
Darle la espalda a Liam dolió, pero mirar hacia el frente dolía todavía más. Crucé el pasillo a paso firme, ignorando el impulso de mirar atrás, mientras intentaba borrar con el dorso de la mano cualquier rastro del beso desesperado que me había dado. Cuando puse un pie de regreso en el salón principal, el ruido de las copas chocando y las risas falsas me golpearon como una bofetada.
Allí estaba Tiffany, luciendo su anillo con soberbia, ignorando que el hombre con el que se acababa de casar tenía el pensamiento en otra parte. La miré y, por primera vez, no sentí rabia; sentí una profunda necesidad de escapar. Mientras la multitud se deshacía en felicitaciones hipócritas, yo solo podía pensar en el boleto de avión que descansaba en mi bolso. Liam creía que podía encadenarme a su indecisión, pero se equivocaba. Mañana mismo pondría un océano de por medio. Empezaría a construir, paso a paso, mis propios kilómetros de olvido.
Antes de que terminara la recepción de la boda, me acerqué a mi grupo y les confesé mis ganas de marcharme a casa; les dije que ellos podían quedarse a disfrutar de la fiesta, pero ninguno quiso dejarme sola. Decidieron acompañarme en mis últimas horas en el país. Como pudimos, nos escabullimos de la recepción sin llamar la atención de los recién casados.
A los pocos minutos de haber salido, el teléfono en mi bolso comenzó a vibrar. Era Liam. Dejé que sonara hasta que se cortó, ignorando la llamada. Al ver que no iba a responderle, la pantalla se encendió de nuevo con un mensaje de texto:
«Ojitos, ¿por qué te fuiste? Tenemos que hablar».
Vaya ironía con su "tenemos que hablar". Pero ya no era el momento. Si Liam realmente estaba destinado a estar en mi vida, el destino se encargaría de cruzar nuestros caminos más adelante; ahora mismo, mi prioridad era yo. Con los dedos temblorosos pero firmes, le respondí de manera cortante:
«Liam, haz tu vida con tu esposa».
Bloqueé el teléfono, decidida a no mirar atrás. En el auto, el silencio fue interrumpido por la voz preocupada de mi hermano.
—Sis, ¿en qué piensas? —me preguntó Dominic, mirándome por el espejo retrovisor.
—En que deberíamos pasar las últimas horas en la casa de la playa antes de que me vaya al aeropuerto —propuse, buscando un refugio que me diera paz.
—Me parece una excelente idea —apoyó Sara de inmediato—. Pasemos primero por tu casa para recoger las maletas.
El ambiente al llegar a casa se volvió nostálgico. Ver el equipaje listo era el recordatorio de que la despedida era inminente. Mi madre, Sonia, se acercó a mí con los ojos cristalizados.
—Ay, hija, me vas a hacer mucha falta —susurró, abrazándome con fuerza—. Tu papá y yo te vamos a echar de menos cada día.
—Eres mi orgullo, hija —añadió mi padre, Antonio, con la voz entrecortada, dándome un beso en la frente—. Ve y alcanza todos tus sueños.
—Ya, suficiente —intervino Dominic, intentando aligerar el ambiente aunque a él también se le cortaba la voz—. Si seguimos así, terminaremos todos ahogados en un mar de lágrimas.
Metimos el equipaje en el auto y nos pusimos en marcha hacia la costa. Necesitábamos ese último respiro juntos. Cuando por fin llegamos, el olor a salitre y el sonido de las olas nos recibieron como un bálsamo.
—Teníamos muchísimo tiempo sin venir —comentó Sara, estirando los brazos al bajar del auto—. Es hermosa.
—Esta casa me trae tantos recuerdos... —suspiré, mirando la estructura frente al mar.
—Sí, sobre todo por cuántos besos se dieron en la casa del árbol —soltó Sara con una sonrisa pícara.
—¡SARA, compórtate! —le reclamó Dominic, poniéndose serio de inmediato.
No pude evitar sonreír ante la escena.
—A mi hermano le dieron celos —bromeé, codeando a mi amiga.
—Tranquilo, mi amor, que yo solo tengo ojos para ti —le aseguró Sara a Dominic con un guiño, para luego girarse hacia mí con complicidad—. Aunque, amiga, mientras estés en Londres vas a tener mucho "colirio" internacional para mirar.
—Amiga, ¿estás buscando que mi hermano mate a media humanidad? —reí, viendo cómo la cara de Dominic se transformaba.
—Tranquila, que a la fiera de tu hermano la controlo yo —respondió ella con seguridad. Luego, aprovechando que los demás se adelantaron, bajó la voz—. Ahora que estamos solas, tienes que contarme qué pasó con Liam cuando se fueron al pasillo.
El peso de la realidad regresó a mi pecho, disipando la risa.
—Más de lo mismo, Sara —respondí con un suspiro amargo—. Ese hombre no sabe lo que quiere. Dice que tiene sentimientos por mí, pero no se decide a actuar.
—Estos hombres se creen que somos de su propiedad —replicó Sara, indignada—. Se piensan que estaremos siempre a su merced, esperando a que se dignen a elegirnos. Están muy equivocados. Te digo algo: si tu hermano no hubiera definido su postura conmigo a tiempo, yo me habría ido a buscar a otro que sí lo hiciera. No te quedes esperando por alguien que ya eligió firmar un acta de matrimonio, Zoe. Te mereces mucho más.