Miranda Moreno tiene un objetivo del que no piensa desviarse: casarse con el hombre más poderoso del país. Lo que comienza como un plan cuidadosamente calculado podría convertirse en el mayor riesgo de su vida, porque el poder siempre tiene un precio... y el corazón no sigue estrategias.
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Capítulo 15 - Lluvia y recuerdos
La jornada laboral llegó a su fin.
Poco a poco, los empleados del Grupo Bravo de Saravia abandonaron el edificio, mientras el cielo gris descargaba una intensa lluvia sobre la ciudad.
Miranda salió del vestíbulo con su bolso sobre el hombro.
Se detuvo bajo el techo de la entrada y observó cómo el agua golpeaba con fuerza el pavimento.
Su respiración se volvió pesada.
La lluvia...
Siempre la lluvia.
De inmediato, los recuerdos regresaron sin pedir permiso.
Tenía apenas seis años.
Las sirenas.
Los gritos.
El automóvil destrozado.
Su madre sujetándole la mano con las pocas fuerzas que le quedaban.
Su padre intentando mantenerse consciente mientras pedía ayuda.
Y, después, las puertas del hospital cerrándose frente a ellos.
Minutos después, ambos habían muerto.
Y ella quedó completamente sola.
Miranda cerró los ojos con fuerza.
Respiró hondo.
Cada vez que llovía, aquella escena volvía a repetirse en su cabeza.
Por eso evitaba transitar por las calles cuando el cielo se cubría de nubes.
Bajó lentamente los escalones del edificio.
Podía esperar a que escampara.
Podía pedir un taxi.
Pero ninguna de las dos opciones le parecía soportable.
—Caminaré... —susurró.
Y comenzó a avanzar bajo la lluvia.
Prefería recorrer varias calles antes que enfrentarse, una vez más, al recuerdo del accidente que cambió su vida para siempre.
Sin saberlo, alguien la observaba desde una de las ventanas del último piso del edificio.
Cristóbal, que se disponía a marcharse, la reconoció de inmediato.
Frunció el ceño al verla alejarse sola bajo la lluvia.
—¿Por qué no tomó un taxi...? —murmuró.
Una extraña preocupación volvió a instalarse en su pecho.
Y, casi por instinto, tomó las llaves de su automóvil y salió de la oficina dispuesto a alcanzarla.
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La lluvia caía con fuerza cuando Cristóbal alcanzó a Miranda unas calles más adelante.
Disminuyó la velocidad y detuvo el auto a su lado.
Bajó la ventanilla.
—¡Miranda!
Ella no reaccionó.
Continuó caminando bajo el aguacero, completamente empapada, como si no escuchara nada a su alrededor.
Cristóbal frunció el ceño.
Abrió la puerta del automóvil.
—¡Miranda, sube! Te llevaré a casa.
Ella se detuvo en seco.
Su respiración era agitada y su mirada permanecía perdida en algún punto del pasado.
Negó lentamente con la cabeza.
—No...
Aquella voz apenas era un susurro.
Cristóbal comprendió de inmediato que algo no estaba bien.
Sin importarle la lluvia, salió del automóvil y caminó hasta ella.
En pocos segundos, él también estaba completamente empapado.
Las gotas resbalaban por el rostro de Miranda, pero Cristóbal tardó apenas un instante en darse cuenta de que no era solo lluvia.
También estaba llorando.
Su corazón se encogió.
—¿Qué te sucede? —preguntó con suavidad.
Ella retrocedió un paso.
—No... no puedo...
Cristóbal acortó la distancia con cautela.
—Vamos... sube al auto. Yo te llevo a casa.
Miranda volvió a negar.
Sus labios temblaban.
—No...
Las lágrimas seguían mezclándose con la lluvia.
—Si subo ahí... morirán otra vez.
Cristóbal sintió un nudo en la garganta.
Aquellas palabras no tenían sentido para él, pero reflejaban un dolor demasiado profundo para ser ignorado.
Con infinita delicadeza tomó su rostro entre las manos.
—Miranda...
Esperó unos segundos.
—Mírame.
Ella seguía ausente.
—Hey... mírame.
Poco a poco, sus ojos comenzaron a enfocarse.
Finalmente levantó la vista y se encontró con el rostro de Cristóbal.
Lo reconoció al instante.
Él le dedicó una sonrisa tranquila.
—Eso es...
Habló con una calma que contrastaba con la tormenta que los rodeaba.
—Ahora ven conmigo.
Hizo una pausa antes de añadir:
—Sube al auto. Te prometo que no pasará nada.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La lluvia había empeorado.
En cuestión de minutos, varias calles comenzaron a inundarse, obligando a Cristóbal a cambiar de ruta.
Miranda permanecía en silencio en el asiento del copiloto. Miraba a través de la ventanilla, todavía afectada por el ataque de pánico que había sufrido unos minutos antes.
Cristóbal no insistió en hacer preguntas.
Entendía que aquel no era el momento.
Al notar que el camino hacia el departamento de Miranda estaba prácticamente intransitable, tomó otra dirección.
—Mi casa está a unos minutos —dijo con serenidad—. Necesitas entrar en calor antes de enfermarte.
Miranda no respondió.
Solo asintió levemente.
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Pocos minutos después, el Lexus atravesó el portón de una elegante residencia y se detuvo frente a la entrada principal.
Cristóbal rodeó el automóvil y abrió la puerta del copiloto.
—¿Puedes caminar?
Ella intentó ponerse de pie.
El tobillo respondió bien, pero el frío hacía que todo su cuerpo temblara.
Cristóbal le ofreció el brazo.
—Ven.
Entraron rápidamente a la casa.
A esas horas estaba completamente silenciosa.
Solo se escuchaba el golpear de la lluvia contra los ventanales.
Cristóbal cerró la puerta y tomó una toalla de un armario cercano.
La colocó con cuidado sobre los hombros de Miranda.
—Estás empapada.
Ella esbozó una pequeña sonrisa.
—Gracias.
Él señaló el pasillo.
—Ven, te mostraré el baño.
Caminaron hasta una amplia habitación de invitados con baño privado.
Cristóbal abrió la puerta.
—Puedes ducharte con agua caliente. Eso te ayudará a entrar en calor.
Miranda observó el elegante baño de mármol, muy diferente a todo lo que había conocido.
—No sé cómo agradecerte todo esto...
Cristóbal negó con una sonrisa tranquila.
—No tienes que hacerlo.
Se dirigió hacia la puerta.
—Ve. Yo también tomaré una ducha rápida y luego te traeré ropa seca.
Miranda asintió.
—Está bien.
Antes de salir, Cristóbal volvió a mirarla para asegurarse de que ya estaba más tranquila.
—Si necesitas cualquier cosa, llámame.
Ella sostuvo su mirada durante unos segundos.
—Lo haré.
Cristóbal salió del dormitorio y cerró la puerta con suavidad, dejándola por fin a solas para que pudiera recuperarse del frío... y de los recuerdos que la tormenta había despertado.
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Minutos después...
El vapor aún cubría el baño cuando Miranda salió de la ducha envuelta únicamente en una gruesa toalla blanca.
Se detuvo frente al espejo.
Las gotas de agua resbalaban lentamente por su piel mientras observaba su reflejo con atención.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
—Ya que me vio así... y me trajo hasta su casa...
Guardó silencio unos segundos.
—...aprovecharé el momento.
No pensaba dejar escapar aquella oportunidad.
Cristóbal había abierto por primera vez las puertas de su vida privada.
.....
Que pasará el día que se descubra que no fue casualidad ese accidente y todo lo que planeó que dirá y hará Cristóbal 🤔🤔🤔❓❓❓❓