NovelToon NovelToon
Indomable

Indomable

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / CEO / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Tintared

Isabella es una joven ambiciosa que lucha contra los estereotipos del mundo.
Ella se abre paso por su inteligencia, demostrando que no solo es una cara bonita. Dejando a sus enemigos con la boca abierta.

NovelToon tiene autorización de Tintared para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Rumores.

El ecuador del semestre en UCLA llegó acompañado de las densas neblinas matutinas que subían desde el Pacífico, envolviendo los pasillos de la facultad en una atmósfera gris y húmeda. Isabella no recordaba la última vez que había dormido más de cuatro horas seguidas. Sin embargo, cada mañana entraba al edificio de Westwood luciendo una pulcritud que parecía un insulto para sus demacrados compañeros. Mientras los demás arrastraban los pies vistiendo sudaderas universitarias y cargando termos de café barato, ella mantenía sus trajes perfectamente planchados y un semblante de absoluta serenidad.

Pero bajo esa superficie perfecta, el ambiente se había vuelto respirable solo a medias.

Las listas de calificaciones del primer examen parcial de Derecho Civil Avanzado habían sido publicadas en la vitrina de corcho del segundo piso. Isabella Vance ocupaba el primer lugar con una nota perfecta. Brad Garrison figuraba en el tercio inferior, rozando el límite de la mediocridad.

La respuesta del entorno no fue la admiración; fue el resentimiento. En un ecosistema diseñado por y para hombres competitivos, que una mujer rompiera la curva de calificaciones era una afrenta directa a su masculinidad. Y la forma más rápida de neutralizar el intelecto de una mujer en un mundo de hombres siempre había sido la misma: reducir sus logros a un favor sexual.

Isabella comenzó a notar el cambio en los pasillos a mediados de octubre. Las conversaciones se cortaban abruptamente cuando ella se acercaba a las mesas de la biblioteca. Las risas ahogadas la seguían cuando salía de las aulas.

Una tarde, mientras buscaba unos tomos sobre jurisprudencia contractual en los pasillos más apartados de la biblioteca de derecho, escuchó voces conocidas al otro lado de la estantería de madera.

—Venga ya, Brad, la tipa tiene notas perfectas. Hay que reconocer que es un cerebro —decía una voz que Isabella identificó como la de uno de los amigos de Garrison.

—¿Un cerebro? Por favor, no seas ingenuo —la risa de Brad Garrison sonó cargada de un desprecio rancio—. ¿De verdad crees que el viejo Harrison, que ha reprobado a hijos de senadores, le va a poner un cien perfecto a una muñeca de Pasadena solo por sus respuestas? No me jodas.

—¿A qué te refieres?

—Por favor... ¿no has visto cómo lo mira? ¿No has visto las horas que pasa metida en el ala de administración? Mi padre conoce al decano asociado. Me enteré de que Isabella Vance tiene "reuniones privadas" de asesoría jurídica dos veces por semana, tarde en la noche, cuando el edificio ya está casi vacío. Una chica con esa cara y ese cuerpo no necesita quemarse las pestañas estudiando los contratos de la Standard Oil. Solo necesita saber qué botones presionar y a quién sonreírle en privado. Harrison y el decano solo están asegurándose de que la escuela mantenga sus... cuotas de belleza contentas. Es una farsante.

Isabella se quedó inmóvil entre los libros de derecho corporativo. Sus dedos, que sostenían un pesado volumen de lomos dorados, se apretaron hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Una oleada de furia helada, tan intensa que le provocó náuseas, le recorrió el cuerpo. Era la misma impotencia que había sentido en su infancia, multiplicada por la escala de su esfuerzo actual. Ella se estaba matando a estudiar, analizando cada línea, memorizando códigos hasta la madrugada, mientras que para ellos era más fácil inventar una infamia que aceptar que una mujer los estaba barriendo intelectualmente.

El rumor, diseñado por Brad, se extendió como un veneno silencioso. Las pocas mujeres de la carrera, en lugar de apoyarla, se distanciaron, temerosas de que la reputación tóxica de Isabella las salpicara o resentidas por su propia incapacidad para destacar. En los trabajos de equipo, los alumnos varones la miraban con ojos lascivos, haciendo comentarios de doble sentido sobre su "capacidad de persuasión con los profesores".

Isabella regresó a su departamento en Santa Mónica esa noche. Se miró al espejo del baño. Sintió ganas de llorar, de romper la balanza, de gritarle a su padre por teléfono que el mundo que él le había heredado a su hermano era una basura injusta. Se apoyó en el lavabo, respirando agitadamente.

«Si lloras, confirmas su narrativa», se dijo a sí misma, mirándose fijamente a los ojos en el reflejo. «Si te quejas con el decano, dirán que eres una histérica que busca protección. Si confrontas a Brad a gritos, pensarán que te dolió porque el rumor tiene algo de cierto. La rabia es un lujo de los tontos, Isabella. Tú eres una estratega».

Se lavó la cara con agua helada. Su mente analítica comenzó a funcionar a revoluciones máximas, aislando la emoción y concentrándose en las piezas del tablero. El rumor de Brad Garrison se basaba en la premisa de que ella era débil y que dependía de la aprobación de los hombres poderosos del campus. Para destruirlo, no necesitaba defenderse; necesitaba dejar que la soberbia de Brad lo empujara al precipicio.

Pasó las siguientes dos semanas estudiando no solo las materias, sino el comportamiento de Brad. Observó sus rutinas, sus debilidades académicas y, sobre todo, su desesperación por recuperar el estatus perdido ante su padre, quien —según los corrillos de la facultad— estaba furioso por las bajas notas del heredero de la firma Garrison.

Isabella descubrió que Brad estaba sufriendo terriblemente con la entrega del gran ensayo analítico de mitad de semestre para la materia de Harrison, un trabajo que representaba el cuarenta por ciento de la nota final y que requería una investigación exhaustiva de archivos históricos de la corte de Los Ángeles. Brad, acostumbrado a que todo le fuera resuelto, pasaba las tardes en la cafetería quejándose y buscando apuntes viejos de semestres pasados para plagiar las estructuras.

Ahí estaba la vulnerabilidad. La arrogancia de Brad lo hacía vago; su desesperación lo hacía descuidado.

Una tarde, Isabella entró al cubículo de estudio de la biblioteca donde sabía que los amigos de Brad se reunían. Se aseguró de llevar consigo una carpeta de color azul brillante, rotulada falsamente con el título: «Análisis de Litigio de Tierras: El Caso San Fernando de 1920 (Esquema Final Harrison)». Sabía que Harrison odiaba las tesis basadas en ese caso específico porque la jurisprudencia había sido revocada en los años setenta, un detalle técnico que solo alguien que hubiera leído las notas al pie de página más oscuras del programa sabría.

Isabella dejó la carpeta sobre la mesa comunal, se disculpó elegantemente para ir al baño y dejó su teléfono en modo de grabación oculta dentro de su bolso abierto.

Cuando regresó diez minutos después, tomó su carpeta, se despidió con una sonrisa gélida y se retiró. Al revisar el audio en su departamento, escuchó exactamente lo que esperaba: el sonido de Brad Garrison fotografiando con su teléfono cada una de las páginas de su esquema falso, entre risas triunfales con sus amigos.

—Miren esto —decía la voz de Brad en la grabación—. La "genio" dejó su esquema del examen final aquí. Es una mina de oro. Si uso esta misma línea de argumentación sobre el caso San Fernando, Harrison no tendrá más remedio que ponerme la nota más alta. Vamos a ver quién es el farsante ahora.

Isabella guardó el archivo de audio en su computadora y apagó la pantalla. Su rostro, iluminado solo por la luz de la luna que entraba por la ventana, no mostraba alegría, sino la fría satisfacción de un ajedrecista que acaba de ver a su rival tocar la pieza equivocada. Brad Garrison creía que estaba robándole el secreto de su éxito a la chica bonita del salón; no sabía que acababa de firmar su propia sentencia académica de muerte. El escenario para el examen final estaba listo, y Brad iba a caminar directo hacia la trampa que su propia arrogancia le había construido.

1
Rolando Morales
/Casual/ Muy realista para la sociedad que vivíamos
Gus Molina
Buena historia
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play