Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
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De compras
Durante su recorrido hacia el supermercado, Tobías empezó a notar que los gatos, algunos perros e incluso aves los estaban siguiendo.
Tobías: Pero, ¿Qué carajo…?
Jack: Jaja… sí… esto es raro.
A pesar de que Jack intentaba verse sorprendido, esto no era algo extraño para él.
Desde siempre, algunos perros o gatos lo seguían a casa, a la escuela o incluso a la tienda.
Pero últimamente ese extraño fenómeno se había vuelto más recurrente y ya no eran solo uno que otro perro. Ahora las aves también se habían unido y lo seguían a donde fuera.
Fuera de eso, los amigos llegaron al supermercado sin inconvenientes.
Jack sacó de su bolsillo una lista de compras.
Jack: Listo, aquí está todo lo que tenemos que echar al carrito.
Tobías: Son muchas cosas para solo tú y tu madre.
Jack: Dirás solo yo… mi madre tiene otro viaje dentro de cuatro días. Llegará mañana y se quedará dos días conmigo. Luego de eso, volverá a irse…
Tobías: ¿Y por cuánto tiempo esta vez?
Jack: Por una semana. Ella y su equipo harán una expedición de campo o algo así.
Tobías: Vaya… debes aburrirte mucho solo en casa.
Jack: Bueno, no tanto… pero a veces sí necesito compañía.
Como tú.
Tobías sonrió un poco al escucharlo.
Tobías: Aprovéchame mientras puedas, porque si empiezo a estudiar, mi tiempo libre se acortará.
Jack: Te dije que no pensáramos en eso por el momento. Por ahora, ayúdame a encontrar el cereal.
Tobías: Creo que está por el otro pasillo. Este lugar es inmenso…
Jack: Por eso nos gusta venir aquí con mi madre. Encuentras de todo… hasta cosas que ni sabías que existían.
Tobías: Mejor dame ese papel. Haremos esto en tiempo récord.
Mientras Tobi y Jack iban llenando el carrito de compras, Jack seguía contándole cuánto extrañaba que su madre estuviera más tiempo con él.
Tobías: Debe ser interesante viajar a paraísos tan hermosos, ¿no crees?
Jack: ¡Sí! Mi madre al inicio me llevaba con ella a sus viajes. Conocí muchas ciudades del país, pero luego le prohibieron llevar a otras personas.
Aún recuerdo los paisajes tan increíbles…
Si antes amaba la naturaleza, esas experiencias me hicieron conectar aún más con este país.
Tobías: Amas la naturaleza pero… te encantan las hamburguesas.
Irónico, ¿no?
Jack: ¡Oye! Tú también las amas…
Tobías: Por supuesto, pero tú las idolatras. Y que no se diga del helado…
Que, por cierto, ¿no crees que es demasiado?
Jack: No… también es para ti cuando vengas a visitarme.
Tobías: Genial. Ya tengo otra excusa para venir.
Jack: Jaja…
Hablando en serio, ¿crees que debería volverme vegetariano? Lo he pensado, pero… no puedo dejar de comer lo que me gusta. Es muy difícil.
Tobías: No tienes que sentirte mal por comer carne y amar a los animales. Te acostumbraste desde pequeño y ahora es algo natural en tu alimentación.
Además, estás en los huesos. El médico seguro te diría que no.
Jack: Deberías pasarme tu secreto para estar tan fuerte…
Tobías: ¿Te gustan los chicos fuertes, eh?
Jack casi se atraganta de la pena.
Jack: ¡No lo digo por eso! Es que… te ves muy bien…
Tobías soltó una pequeña risa.
Tobías: Bueno, te pasaré mi rutina. No solo debes comer bien, lo más importante es hacer ejercicio.
Y tú, el único ejercicio que haces es pasar las páginas de tus mangas.
Jack: Eso no es verdad… también salgo a caminar a veces.
Contigo.
Tobías: Eso no es… ah, olvídalo.
Jack bajó un poco la mirada, como si estuviera pensando demasiado algo.
Jack: Oye, Tobi… quiero decirte algo importante, pero creo que será en otra ocasión…
Tobías: ¿Ah sí? ¿Y qué tan importante es?
Jack: Demasiado importante… pero debes esperar a que esté listo.
Tobías se puso más rojo que un tomate.
En su mente ya imaginaba la posibilidad de una declaración amorosa.
Pero realmente…
el secreto de Jack era mucho más grande que eso.
Tobías seguía con el rostro más rojo que el suéter que Jack traía puesto.
Tobías: Em… de acuerdo, esperaré… creo que solo falta la carne.
Jack: ¡Sí! Carne para hamburguesas, y también una libra de cerdo, pero… ¿podrías…?
Tobías: Sí, Jack. Yo la pediré por ti…
Jack: Eres el mejor, Tobi.
Tobías no podía dejar de imaginar esa escena en su cabeza.
Cómo su mejor amigo de la infancia, con quien había pasado la mayor parte de su niñez y adolescencia, finalmente se le confesaba.
Pero también había muchas voces dentro de él que le repetían cosas horribles.
“Ni siquiera te ve de esa manera…”
“No tienes esa suerte…”
“Jamás te amaría…”
Los amigos terminaron sus compras y se regresaron a la casa que quedaba a unas cuantas cuadras del supermercado.
Durante el camino, Tobías no habló mucho; su cabeza estaba confundida, preguntándose qué era lo que Jack quería decirle.