"Para mi familia, mi peso era el tamaño de mi vergüenza. Para mi esposo, yo solo era un contrato que cumplir."
Elena siempre fue "la gorda" de la familia, el blanco de las burlas de su madre y la sombra de su perfecta hermana. Cuando las deudas de su padre alcanzan el límite, deciden venderla a un hombre que todos rumorean es un viejo decrépito y cruel.
Pero el destino tiene otros planes. El hombre que la espera en el altar no es un anciano, sino Thiago, un CEO tan frío como apuesto que solo se casó para heredar una fortuna. Entre el desprecio de su nueva familia y el desamor de un esposo que ama a otra, Elena llegará a su límite. Es hora de dejar de ser "la gordita buena" y demostrarles que, cuando el corazón se congela, la venganza es el mejor postre.
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Capitulo 6
Después de que Fabián se marchara prometiendo que mañana "el edificio Nova temblaría bajo sus tacones", la mansión quedó sumergida en ese silencio elegante que tanto me abrumaba. Pero esta vez era distinto. Entré a mi habitación y cerré la puerta con llave. Necesitaba este momento a solas, sin bromas, sin consejos, sin juicios.
Me paré frente al espejo de cuerpo entero que dominaba el rincón de mi vestidor. Durante veintitrés años, los espejos habían sido mis enemigos. Eran los jueces que confirmaban los insultos de Rebeca y las decepciones de mi madre. Siempre que pasaba frente a uno, agachaba la mirada o me cubría con ropa tres tallas más grande, como si intentar desaparecer fuera la única forma de pedir perdón por existir.
Lentamente, comencé a desvestirme. Me quité la ropa de siempre, esa armadura de telas opacas y holgadas que solo servían para ocultar mi vergüenza. Me quedé solo en ropa interior, con la respiración entrecortada.
—Mírate, Yaneth —susurré, obligándome a levantar la vista.
Al principio, busqué lo de siempre: los rollitos, la suavidad de mis brazos, la anchura de mis caderas. Pero algo había cambiado. Quizás era la luz cálida de la habitación o quizás era el eco de las risas de Sofía y la fe ciega de Fabián, pero por primera vez, no vi "defectos".
Vi curvas.
Vi la forma de mi cintura, que aunque no era de avispa como la de mi hermana, estaba ahí, marcando una silueta femenina y poderosa. Vi mis piernas, fuertes y sólidas, capaces de sostenerme a pesar de todo el dolor que me habían infligido. Vi la suavidad de mi piel, blanca y tersa, sin las cicatrices que el odio de mi familia intentó tatuarme en el alma.
Me acerqué al cristal y puse la palma de mi mano sobre mi vientre. Siempre me habían dicho que era "demasiado", que sobraba espacio, que mi cuerpo era una equivocación. Pero al tocarme con ternura, sentí una calidez que me recorrió la columna.
—No eres fea —me dije a mí misma, y mi voz sonó firme, como si estuviera descubriendo un secreto de estado—. Nunca lo fuiste. Solo estabas rodeada de gente ciega.
Me miré a los ojos. Había una dulzura en mi mirada que ni todo el maltrato de los Del Valle había logrado apagar. Mis hombros eran anchos, sí, pero eso solo significaba que podía cargar con más peso que los demás. Mis caderas eran grandes, pero eran la base de una mujer que estaba a punto de reclamar su lugar en el mundo.
Me di una vuelta lenta, observando cómo la luz jugaba con las sombras de mi cuerpo. Me sentí... hermosa. No como una modelo de pasarela que parece quebrarse con el viento, sino como una mujer real, con carne, con presencia, con una belleza que no pedía permiso para ocupar espacio.
Por primera vez en mi vida, no quería cambiar nada. No quería ser Rebeca. No quería ser delgada para que mi madre me quisiera. Quería ser yo, esta Yaneth que llenaba el espejo con su luz y su volumen.
—Soy Yaneth Nova —pronuncié mi nuevo apellido, sintiendo el peso del poder que ahora me respaldaba—. Y mañana, el mundo va a tener que aprender a mirarme.
Me puse el camisón de seda negro que había comprado hoy. La tela se deslizaba sobre mi piel como una caricia. Me sentí sexy. Me sentí deseable, aunque Thiago no estuviera ahí para verlo. No importaba. El descubrimiento más grande de la noche no había sido el lujo de la mansión, sino que mi belleza no dependía de la mirada de un hombre, ni de la aprobación de una madre cruel.
Mi belleza nacía de este momento de paz.
Me acosté en la cama inmensa, hundiéndome en las sábanas de hilos caros, y por primera vez en años, no lloré antes de dormir. Me quedé dormida con una sonrisa, sabiendo que la "gordita" que todos pisoteaban se había quedado atrás, en esa casa llena de deudas y amargura. Mañana, la mujer que despertaría sería la dueña de su propio destino.
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. Esto salió desde lo más adentro de mí. Ser obesa es un problema de salud, ser rellenita es solo aceptarce uno mismo.
No digo que el sobre pesó sea un problema o este mal, solo que eso trae problema. Y Yaneth no es gorda, es de cintura anchas, es culona, tiene pechos grandes. No es la típica chica de pasarela pero tampoco es gorda.
aclaró eso antes de seguir.
Me encantó, gracias querida escritora 💕