El mundo terminó en menos de un mes.
Primero fueron los rumores: personas enfermas, ataques violentos, ciudades enteras aisladas.
Después llegó el silencio.
Las calles se llenaron de cadáveres caminando bajo la lluvia, las comunicaciones desaparecieron, y sobrevivir un día más se volvió un milagro.
Charlie nunca creyó necesitar a nadie. Fría, impulsiva y acostumbrada a huir de todo, aprendió rápido que el nuevo mundo solo recompensa a quienes son capaces de abandonar sentimientos.
Hasta que conoce a Tamara.
Tamara es completamente diferente: amable, inteligente, demasiado humana para un mundo muerto.
Y aun así… sobrevive.
Juntas atraviesan ciudades destruidas, hospitales infestados, carreteras cubiertas de sangre y grupos humanos mucho más peligrosos que los zombis.
Pero mientras el horror crece, también crece algo peor:
el amor.
Porque enamorarse en el fin del mundo significa descubrir un miedo nuevo.
No perder la vida.
Perder a la única persona que hace que todavía valga la pena vivi
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Hasta el Último Latido
Capítulo 20: Antes del fin
El soldado se quedó inmóvil.
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Mirando a Charlie.
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Sorprendido.
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Como si estuviera viendo un fantasma.
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Charlie sintió el corazón detenerse un segundo.
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No.
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No podía ser él.
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El hombre bajó apenas el arma.
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—…Charlie.
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Tamara giró inmediatamente hacia ella.
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—¿Lo conoces?
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Charlie no respondió.
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Porque su mente estaba atrapada años atrás.
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Luces blancas. Laboratorios. Personas gritando.
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Y él parado al otro lado del vidrio.
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El soldado se quitó lentamente parte de la máscara táctica.
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Cabello oscuro. Cicatriz en la mandíbula. Los mismos ojos cansados.
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—Pensé que habías muerto.
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Los otros soldados comenzaron a mirarlos confundidos.
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Charlie finalmente habló.
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—Mateo.
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Tamara sintió algo extraño en el pecho al escuchar ese nombre.
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Mateo dio un pequeño paso adelante.
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—¿Qué haces aquí?
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Charlie soltó una risa amarga.
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—Sobreviviendo.
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El detector seguía emitiendo sonidos rápidos.
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Uno de los soldados miró la pantalla.
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—Ella tiene rastros.
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Silencio.
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Tamara frunció el ceño.
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—¿Rastros de qué?
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Charlie sintió el miedo regresar de golpe.
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Mateo reaccionó rápido.
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—Apaga eso.
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El soldado dudó.
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—Pero el comandante dijo que si encontrábamos un positivo—
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—Dije que lo apagues.
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La tensión llenó toda la oficina.
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Tamara observaba todo confundida.
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Positivo.
Rastros.
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¿De qué estaban hablando?
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Charlie evitaba mirarla.
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Eso fue peor.
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Mateo volvió hacia ella lentamente.
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—No tenemos mucho tiempo.
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Charlie endureció la mirada inmediatamente.
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—Entonces habla rápido.
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Mateo respiró profundo.
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—La División Noctis está buscando sobrevivientes compatibles.
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Tamara sintió un escalofrío.
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—¿Compatibles?
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Silencio.
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Mateo la miró apenas.
Luego volvió hacia Charlie.
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—Creen que algunas personas desarrollaron resistencia parcial al virus.
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Charlie apretó los dientes.
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—No soy parte de esto.
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—Tu sangre sí.
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El silencio posterior fue brutal.
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Tamara giró lentamente hacia Charlie.
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Y finalmente entendió.
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Por eso el detector reaccionaba.
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Por eso la estaban buscando.
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Charlie tenía algo diferente dentro suyo.
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Tamara habló apenas.
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—¿Tú… estás infectada?
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La pregunta dolió más de lo esperado.
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Charlie bajó lentamente la mirada.
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—No completamente.
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Tamara sintió el pecho hundirse.
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Pero aun así…
no soltó su mano.
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Eso sorprendió incluso a Charlie.
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Mateo observó ese gesto en silencio.
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Luego habló más bajo.
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—Escúchame. El comandante viene hacia aquí.
Y cuando llegue…
no va a dejar que se vayan.
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Uno de los soldados se tensó inmediatamente.
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—Mateo—
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—Cállate.
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Charlie observó a Mateo fijamente.
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—¿Por qué nos ayudas?
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Él soltó una pequeña risa cansada.
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—Porque todavía recuerdo quién eras antes de todo esto.
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Charlie sintió algo romperse apenas dentro suyo.
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Porque honestamente…
ella ya no recordaba.
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Pasos comenzaron a escucharse afuera.
Más pesados. Más lentos.
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Y todos los soldados reaccionaron inmediatamente poniéndose firmes.
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Mierda.
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Mateo levantó rápidamente la mirada hacia Charlie.
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—Tienen que irse ahora.
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Charlie miró hacia las ventanas.
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Sin salida.
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Mateo señaló una puerta lateral parcialmente escondida detrás de unos archivadores.
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—Escaleras de mantenimiento.
Conectan con el edificio de al lado.
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Tamara sostuvo más fuerte la mano de Charlie.
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—Vamos.
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Pero Charlie seguía mirando a Mateo.
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Demasiadas preguntas.
Demasiados recuerdos.
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Entonces una voz resonó afuera del cuarto.
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Calmada.
Autoritaria.
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Y aterradoramente tranquila.
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—Encontré la señal.
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Charlie sintió el terror recorrerle el cuerpo entero.
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Porque reconocía esa voz también.
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No.
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No él.
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La puerta comenzó a abrirse lentamente.
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Mateo levantó el arma inmediatamente.
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—¡CORRAN!
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Charlie agarró a Tamara y ambas corrieron hacia la puerta lateral justo cuando un hombre alto entró a la oficina rodeado de soldados.
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Cabello gris oscuro. Guantes negros. Mirada fría.
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Sus ojos se cruzaron con los de Charlie apenas un segundo.
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Y él sonrió.
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—Después de tantos años…
Pausa.
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—Te encontré.