Ella renace decidida a cambiar su futuro, sin perder su sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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A escondidas
Las semanas siguientes pasaron… rápidas.
Intensas.
Llenas.
Amber apenas tenía tiempo de detenerse a pensar.
Y, aun así… cada día parecía tener más vida que el anterior.
Las mañanas comenzaban temprano.
Siempre.
Revisando horarios.
Organizando visitas.
Controlando que la duquesa no hiciera más de lo permitido.
—Mi lady, eso no estaba en el plan de hoy.
Rebecca suspiraba.
—Solo será un momento.
—No.. lo lamento..
Respuesta inmediata.
Firme.
Pero siempre respetuosa.
Amber se había convertido en una barrera elegante… pero inquebrantable.
Y aun así..
—Amber, creo que podría ayudar a este paciente…
—Después del descanso.
—Pero..
—Después.. mi lady.. por favor..
Silencio.
Rebecca terminaba sonriendo.
—Eres peor que él.
Amber alzaba una ceja.
—¿El duque?
—Sí.
Y como si lo invocaran..
—¿Qué está pasando aquí?
El duque aparecía.
Siempre en el momento exacto.
Siempre atento.
Siempre… excesivamente atento.
Amber ya lo esperaba.
—Su esposa iba a trabajar de más.
El duque se acercaba de inmediato a Rebecca.
—No.
Corto.
Directo.
Devoto.
Rebecca rodaba los ojos.
—Ustedes dos están conspirando contra mí.
Amber no respondía.
Pero su leve sonrisa lo decía todo.
[…sí]
Y en el fondo… le gustaba verlo así.
Porque sabía que esa preocupación… era amor real.
Pero no todo era trabajo.
No todo era control.
Porque entre esos momentos… había otros.
Más silenciosos.
Más ocultos.
Más… personales.
Encuentros breves en pasillos poco transitados.
Miradas que duraban un segundo más de lo necesario.
Conversaciones que parecían normales…
pero no lo eran.
Y a veces.. cuando el tiempo lo permitía.. se escapaban.
Unos minutos.
Una hora.
Lo suficiente.
[…esto también es parte de mi vida ahora]
Los besos ya no tenían la tensión de la primera vez.
Eran más naturales.
Más conocidos.
Las caricias… más seguras.
Sin prisa.
Sin presión.
Sin necesidad de definir más de lo que ya habían acordado.
Y Amber lo vivía así.
Tal como había decidido.
[…sin expectativas… sin promesas]
Pero disfrutando.
De verdad.
A veces, mientras organizaba documentos, su mente se distraía.
[…¿dónde estará ahora?]
Y segundos después.. él aparecía.
Como si lo hubiera pensado demasiado fuerte.
—Lady Amber.
—Mago Baxter.
Formal.
Siempre formal en público.
Pero la mirada… decía otra cosa.
Y por las noches…
cuando finalmente estaba sola en su habitación..
Amber se detenía.
Respiraba.
Y pensaba.
[…esto es extraño.. pero funciona]
No había caos emocional.
No había angustia.
Solo una especie de equilibrio curioso.
Entre responsabilidad… y deseo.
Entre control… y libertad.
[…y no me está haciendo daño]
Al contrario.
La hacía sentirse viva.
Presente.
Consciente de cada día.
Y eso… en su segunda vida… era suficiente.
Una noche, antes de dormir, sonrió suavemente.
[…quién diría… trabajo estable… una duquesa que confía en mí.. y un mago…]
Se detuvo un segundo.
[…que me encanta]
Cerró los ojos.
Sin miedo.
Sin dudas urgentes.
Porque aunque sabía que esto no duraría para siempre… también sabía algo más importante.
Lo estaba viviendo exactamente como quería.
Las semanas no se detuvieron.
Simplemente… avanzaron.
Y sin que Amber lo notara del todo, se transformaron en meses.
El ducado seguía su ritmo.
Pero ahora todo giraba en torno a un eje claro.
La duquesa.
Su vientre crecía visible ya sin necesidad de ocultarlo.
Y con ello… también crecía la vigilancia.
—No.. Eso tampoco.. Hoy no sale.. mi lady.. lo siento..
Amber se había vuelto aún más estricta.
Más atenta.
Más… protectora.
Rebecca, aunque a veces protestaba, ya no insistía tanto.
Había aprendido.
—Está bien… está bien.
Suspiraba.
—Pero al menos déjame leer informes.
—Eso sí.
—Gracias.
Y aun así..
—¿Está cómoda?
La voz del duque aparecía siempre.
—¿Ha descansado?
—¿Comió bien?
—¿Necesita algo?
Amber, más de una vez, cruzaba miradas con la duquesa.
Y ambas sabían.
[…es imposible competir con eso]
Pero también… era reconfortante.
Porque ese exceso de cuidado… era amor en su forma más evidente.
El trabajo no disminuía.
Al contrario.
Se reorganizaba.
Se adaptaba.
Amber coordinaba todo con precisión.
Horarios.
Visitas.
Descansos.
Nada quedaba al azar.
[…esto depende de mí]
Y lo hacía bien.
Muy bien.
Pero entre todo eso… había otra constante.
Más silenciosa.
Más privada.
Más… suya.
Baxter.
Ya no eran encuentros esporádicos.
Eran parte de la rutina.
Discretos.
Cuidadosos.
Pero cada vez más… cercanos.
Las miradas se alargaban.
Las conversaciones se volvían más naturales.
Menos formales.
Más… propias.
Y cuando estaban solos.. todo fluía con una facilidad que antes no existía.
Ya no había esa tensión inicial.
Ese juego de provocación constante.
Había algo distinto.
Más suave.
Más profundo.
Más… cercano.
[…esto cambió]
Amber lo notaba.
Y él también.
Los besos ya no eran solo impulso.
Eran búsqueda.
Cercanía real.
Las caricias… más conscientes.
Más presentes.
Como si ambos se conocieran mejor cada día.
Y aun así.. sin promesas.
Sin nombres.
Sin cambiar el acuerdo.
Pero había momentos… pequeños detalles… que no estaban en ese acuerdo.
Como cuando Baxter la miraba en silencio, sin decir nada.
Como si pensara algo que no compartía.
O cuando Amber, sin querer, se quedaba un segundo más de lo necesario cerca de él.
[…esto no estaba en el plan]
Y aun así… no se alejaban.
Las noches se volvieron más significativas.
No por lo que hacían.
Sino por lo que quedaba después.
Esa calma.
Esa sensación de compañía que no habían nombrado.
Amber, más de una vez, se quedaba en silencio tras uno de esos encuentros.
Pensando.
[…esto era temporal… lo sigue siendo]
Pero ya no se sentía tan simple como al inicio.
No era solo atracción.
No era solo compañía.
Era… algo que crecía.
Sin permiso.
Sin aviso.
Una tarde, mientras revisaba documentos, Amber se detuvo.
Sin razón aparente.
Miró por la ventana.
Y pensó
[…ya son meses]
Y con ese pensamiento…
vino otro.
Más suave.
Más peligroso.
[…y no quiero que termine]
Se quedó quieta un segundo.
Luego bajó la mirada.
[…no… recuerda el acuerdo]
Respiró.
Retomó el trabajo.
Pero la idea… no desapareció del todo.
Porque aunque todo seguía igual en apariencia… en el fondo… algo había cambiado.
Y ambos lo sabían.
Aunque ninguno lo dijera.