Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Entrenamiento 2
Pero Eloise no se rindió con el entrenamiento.. no..
Al día siguiente..
El conde tomó una decisión.
Simple.
Evitarla.
No porque fuera importante.
No porque lo afectara.
Sino porque…
[Esa mujer es ruidosa]
Demasiado.
Y algo más.
Algo que no quiso terminar de pensar.
[si, demasiado ruidosa]
No encontró la palabra.
O no quiso hacerlo.
Así que simplemente…
La evitó.
Y lo hizo bien.
Durante toda la semana.
No coincidió con ella.
No la llamó.
No la buscó.
Nada.
Pero eso no significó silencio.
Al contrario.
Porque incluso sin verla…
La escuchaba.
Siempre desde su oficina..
Risas en el jardín.
—¡Capitán, otra vez!
Un golpe.
Un tropiezo.
Y luego..
Risa.
Desde el comedor..
—¡Esto está delicioso!
Más risas.
Conversaciones.
Ligereza.
Desde los pasillos..
—Buenos días.
—Gracias.
—¿En serio?
Risas otra vez.
Con el jardinero.
Con los guardias.
Con las doncellas.
Con todos.
El conde cerró un documento con más fuerza de la necesaria.
—Insoportable…
Pero no era enojo puro.
Era… interrupción.
Su rutina estaba siendo invadida.
No físicamente.
Sino… Por sonido.
Por presencia.
Por algo que no podía ignorar del todo.
Una tarde, se detuvo un segundo en medio del pasillo.
Escuchándola. Otra vez.
Riendo.
Como si no hubiera peso en el mundo.
Como si nada la hubiera marcado.
Como si no hubiera hablado de muerte… días atrás.
Su mirada se tensó levemente.
—No tiene sentido…
¿Cómo podía ser así?
¿Cómo podía… Ser tan ligera… Después de todo?
Y aun así…
No salió.
No la buscó.
No la enfrentó.
Solo…
La evitó.
Como si al no verla…
Pudiera recuperar el control.
El silencio.
Su mundo.
Pero no lo lograba del todo.
Porque la risa de Eloise…
Seguía ahí.
Persistente.
Viva.
Llenando espacios que antes estaban vacíos.
Y aunque el conde Archer no lo admitiera…
Esa “interrupción”…
Ya no era tan fácil de ignorar.
Días después…
El conde Archer regresaba de supervisar el pueblo.
El recorrido había sido rutinario.
Ordenado.
Silencioso.
Tal como le gustaba.
Pero al cruzar el patio…
Se detuvo.
No por decisión consciente.
Sino porque algo llamó su atención.
El entrenamiento.
Eloise estaba allí.
Frente al capitán Rigott.
De pie.
Mal posicionada.
Mal equilibrada.
Evidentemente inexperta.
El conde no se acercó.
Se quedó a cierta distancia.
Observando.
En silencio.
—Otra vez —indicó el capitán.
Eloise asintió con seriedad.
El ejercicio era simple.
Esquivar.
Evitar que el capitán lograra tocar su rostro con un poco de carbón.
Un movimiento básico.
Fundamental.
Pero para ella…
Era un desafío.
Rigott lanzó el movimiento.
Rápido.
Preciso.
Eloise reaccionó tarde.
Muy tarde.
—¡Ah!
Mancha.
Negro sobre su mejilla.
Silencio.
Un segundo.
Y luego..
Risa. Fuerte. Clara.
—¡Otra vez!
El capitán negó con la cabeza.
Pero no había molestia.
Solo… paciencia.
Repitieron.
Y otra vez.
Y otra.
Minutos pasaron.
Muchos.
Y al final..
Eloise estaba sentada en el suelo.
Con el rostro manchado.
Las manos sucias.
El cabello desordenado.
Y riendo.
Como si hubiera ganado algo.
Como si no importara haber fallado.
Como si el proceso fuera suficiente.
El conde la observó todo ese tiempo.
Sin intervenir.
Sin moverse.
[No tiene talento… nada]
Eso era claro.
[No tiene fuerza… nada]
También.
[Pero… reconozco..]
Su mirada se mantuvo fija.
[que no se detiene…]
Y eso…
Era distinto.
Fue entonces cuando Eloise lo vio.
Sus ojos se iluminaron de inmediato.
—¡Conde!
Se levantó de un salto.
Y caminó hacia él.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca.
El conde gruñó apenas.
Como advertencia.
Pero ella no se detuvo.
—Hace días que no lo veo.. ¿Está todo bien?
El conde la miró.
En silencio.
Su rostro estaba sucio.
Manchado.
Pero… Sonreía.
Como si nada.
Como si todo estuviera bien.
—Estoy bien.
Respuesta breve.
Cortante.
—Concéntrate en entrenar. Así podrás irte pronto.
Eloise parpadeó.
Y luego…
Frunció levemente el ceño.
—Pero si me estoy portando bien…
Su voz bajó apenas.
—No me corra, por favor.
Y entonces..
Lo hizo otra vez.
Tomó su brazo.
El conde se tensó de inmediato.
Otro gruñido.
Más claro.
Pero no fue eso lo que lo hizo reaccionar.
Sino.. la mancha negra. En su ropa.
En su brazo.
Eloise lo notó.
—¡Ah!
Se asustó.
—Lo siento, lo siento…
Comenzó a limpiarlo.
Con sus manos.
Empeorándolo.
Tocándolo más.
El conde gruñó de nuevo.
Más bajo.
Más peligroso.
No le gustaba.
Nada.
Ni la suciedad.
Ni el contacto.
Ni la cercanía.
A lo lejos.. El mayordomo observaba.
Y lo que veía…
No era lo que el conde sentía.
Para él…
Eloise estaba tocando el pecho del conde.
Sonriendo.
Cercana.
Feliz.
[ya se están acercando.. es maravilloso, pronto tendremos por fin una boda]
—Deja de mancharme —ordenó Archer, seco.
Eloise se detuvo.
Un segundo.
Y luego…
Sonrió.
—Es solo tierra o carbón…
Ligera.
Sin importancia.
Y entonces..
Sin pensar.
Sin medir.
Sin anticipar consecuencias..
Levantó el dedo.
Aún manchado.
Y tocó la punta de la nariz del conde.
Silencio. Total.
Eloise sonrió más.
—Ahora sí. Tiene la nariz como un adorable conejo.
El mundo… Se detuvo.
El conde Archer… Se enfureció.
No de forma explosiva.
No con gritos.
Sino con algo peor.
Una ira contenida.
Fría.
Peligrosa.
Un gruñido profundo escapó de él.
Antes de que Eloise pudiera reaccionar..
Se movió. Rápido.
La tomó.
Por las piernas.
Y en un solo movimiento..
La levantó.
La colocó sobre su hombro.
Como si no pesara nada.
—¡¿Eh?!
Eloise se quedó en shock.
—¡¿Qué hace?!
Pero él no respondió.
Comenzó a caminar.
Directo.
Hacia la mansión.
Paso firme.
Implacable.
Eloise, aún procesando, giró la cabeza.
Y vio..
Al capitán.
Al mayordomo.
Ambos observando.
Ella levantó la mano.
Y saludó.
—¡Nos vemos!
Como si fuera lo más normal del mundo.
El capitán Rigott negó lentamente.
—Esa niña…
El mayordomo, en cambio…
Sonrió.
—Definitivamente…
No dijo más.
Pero en su mente…
La historia ya estaba escrita.
Mientras tanto…
El conde avanzaba.
Con Eloise sobre su hombro.
Cubierto de manchas.
De tierra y carbón..
De caos.
Y con una sola certeza en mente..
—Esto… Fue un error.
Uno enorme.
Pero ya era tarde.
Porque Eloise Knapp…
No solo había entrado en su mansión.
Había invadido su espacio.
Su orden.
Y ahora…
Incluso su paciencia.
Y lo peor…
Era que no parecía tener intención alguna de detenerse.
Pero falta un toque de celos para él, qué otro hombre se ponga a coquetear con Eloise /Awkward/