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La Obsesión Del CEO

La Obsesión Del CEO

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Venderse para pagar una deuda / Amor-odio / Mujer despreciada / Matrimonio contratado / Aventura de una noche / Completas
Popularitas:14.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

A mis veinticinco años, mi mundo se reduce a una sola persona: mi hija, Ana Sofía. Como madre soltera, he aprendido a defenderme de hombres que confunden mi situación con vulnerabilidad; piensan que soy una mujer fácil, pero ese es su grave error.
He luchado sola para darnos un futuro, jurando que solo dejaría entrar a mi vida a alguien que realmente valiera la pena. O eso creía. Un hecho inesperado destrozó mis planes y me acorraló, obligándome a tomar una decisión que me avergüenza, pero que fue la única salida para salvar lo que más amo.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La heredera de un imperio

Tras dejar el caos a su espalda, Diego entró finalmente en la habitación de Giselle. Ella estaba despertando, parpadeando con dificultad bajo la luz blanca de las lámparas. Al enfocar la figura de Diego al pie de su cama, su cuerpo se tensó de inmediato y buscó incorporarse, a pesar del mareo.

—¿Dónde está mi hija? —fue lo primero que salió de sus labios, una pregunta cargada de puro pánico.

—Está bien, Giselle. Está siendo trasladada a la mejor suite del hospital —dijo Diego, intentando que su voz sonara reconfortante, aunque solo logró parecer autoritario—. He llamado a especialistas internacionales. Nadie volverá a tocar a esa niña si no es un experto mundial.

Giselle se quedó helada, pero no por alivio, sino por una furia que empezó a arder en sus ojos.

—¿Suite presidencial? ¿Especialistas internacionales? —Giselle se arrancó la vía de la mano con un movimiento brusco, ignorando la gota de sangre que brotó de su piel—. ¿Quién te crees que eres para decidir sobre el tratamiento de mi hija? ¡No quiero tu caridad, Diego! ¡No quiero que compres su salud para sentirte menos miserable por el contrato que me obligaste a firmar! Y por lo de anoche —dijo eso último con gran dolor en el corazón.

—¡No es caridad! —rugió Diego, dando un paso hacia ella—. Es lo que le corresponde. Ella es... ella es importante. Es tu hija.

—Para ti, ella es solo un daño colateral que quieres arreglar con tu chequera —escupió Giselle, poniéndose de pie con dificultad, apoyándose en la pared—. Ella ha sobrevivido cuatro años sin un Alcázar, y seguirá haciéndolo. Devuélveme a mi hija a su habitación original. No quiero deberte nada más que lo que ya dice ese maldito papel de matrimonio.

Diego sintió que la rabia de ella lo golpeaba con más fuerza que cualquier insulto. Quiso gritarle que Ana también era su hija, que el anillo que guardaba en su bolsillo era el testigo silencioso de su origen, pero ver a Giselle tan frágil y a la vez tan feroz lo detuvo.

—No puedes moverla, Giselle. Ella necesita ese equipo —dijo Diego, suavizando el tono, casi suplicante—. Por favor, deja que haga esto. No por ti, ni por mí... hazlo por Ana.

Giselle guardó silencio, apretando los puños. La humillación de aceptar su ayuda le quemaba el alma, pero la vida de Ana era el único argumento ante el cual no podía pelear.

—Lo haré —susurró ella, mirándolo con un desprecio que lo hizo retroceder—. Pero no te equivoques, Diego Alcázar. Esto no cambia lo que eres. Puedes darle la mejor habitación del mundo, pero para Ana, tú seguirás siendo un extraño que compró a su madre por un año.

Giselle salió de la habitación pasando por su lado sin mirarlo, dejando a Diego solo con la victoria más amarga de su vida. Había salvado el tratamiento de su hija, pero acababa de confirmar que, para Giselle, él estaba irremediablemente muerto.

​El abuelo Valerio Alcázar llegó al hospital, atraído por el rastro del escandaloso escape de Giselle y la posterior persecución de su nieto. Cuando entró al edificio —el segundo hospital más importante de la ciudad, solo por detrás de la propia Clínica Alcázar—, se encontró con un ambiente revolucionado. El personal corría de un lado a otro cumpliendo órdenes contradictorias, y el nombre de su nieto resonaba en los pasillos con un temor reverencial.

​Don Valerio, con su bastón de mando y su presencia imponente, no necesitó preguntar mucho para saber que Diego había tomado el control del lugar como si fuera su propio imperio.

​—¿Dónde está mi nieto? —le preguntó a una enfermera que estuvo a punto de chocar con él.

​—En la suite presidencial de pediatría, señor —respondió ella, pálida al reconocer al patriarca del imperio médico.

​Valerio frunció el ceño. ¿Pediatría? Nada de aquello tenía sentido. Caminó con paso firme hacia el área restringida. Antes de llegar a la suite, vio a Giselle salir de la habitación de la niña, escoltada por Enrique hacia la cafetería para que intentara comer algo después de su desmayo. Don Valerio esperó a que ella desapareciera tras el ascensor para encarar a su nieto.

​Diego estaba de pie frente al cristal, observando a la pequeña Ana Sofía con una fijeza que asustaba.

​—¿Se puede saber qué significa este despliegue, Diego? —la voz de Valerio tronó en el pasillo—. Me informan que has movilizado especialistas internacionales y que has confiscado esta suite para la hija de la doctora Sandoval. ¿Es que te has vuelto loco por una mujer?

​Diego no se movió. Ni siquiera parpadeó.

​—No es un capricho, abuelo —respondió con una voz que sonaba a acero frío.

​—¡Es un escándalo! —exclamó Valerio, golpeando el suelo con su bastón—. Estás usando los recursos de nuestra fundación para una niña que no tiene nada que ver con nosotros. ¿Qué dirá la junta? ¿Qué dirá la prensa cuando sepan que el nuevo presidente de los Alcázar ha perdido el juicio?

​Diego se giró lentamente. Sus ojos estaban inyectados en sangre y su expresión era la de un hombre que acababa de descubrir un tesoro y una tragedia al mismo tiempo. Tomó al abuelo del brazo y lo arrastró unos metros lejos de las enfermeras, hacia un rincón privado.

​—Baja la voz —siseó Diego—. Esa niña que ves ahí... es una Alcázar.

​Valerio se quedó mudo. Sus dedos se apretaron alrededor del pomo de plata de su bastón.

​—¿De qué hablas? Giselle Sandoval es una mujer soltera que...

​—Hace cuatro años, en un hotel de la ciudad, Giselle y yo pasamos la noche juntos, ella es la mujer de la que te había hablado, la que me robó el corazón —confesó Diego, con la voz temblando por la intensidad de la revelación—. Ella se fue pensando que la había abandonado en aquella habitación. Nunca supe su nombre, hasta que apareció en mi clínica hace unos meses. El cálculo es exacto, abuelo. Ana Sofía tiene cuatro años. Tiene mis ojos. Tiene nuestro apellido aunque ella aún no lo sepa.

​El abuelo Valerio sintió que el corazón le daba un vuelco. La ambición por mantener su apellido, que era su rasgo más fuerte, se encendió de inmediato. Miró a través del cristal a la pequeña que luchaba por su vida.

​—¿Ella lo sabe? —preguntó el anciano con astucia—. ¿Sabe que tú eres el hombre de esa noche?

​—No. Ella cree que soy un extraño. Cree que su "desconocido" desapareció para siempre —Diego apretó los puños—. Y no quiero que lo sepa aún. No me perdonaría lo que le hice estos meses si se entera así.

​Valerio sonrió con una frialdad aterradora.

​—Entonces jugaremos nuestras cartas, Diego. Esa niña es mi bisnieta, la heredera de todo lo que he construido. No permitiré que viva un día más fuera de nuestra protección. Si ya te casaste con ella, ahora ese matrimonio debe ser real. Deben permanecer en nuestra familia para siempre. Tenemos que asegurar la custodia antes de que ella decida huir de nuevo.

​Diego miró a su abuelo con una mezcla de alivio y temor. Acababa de meter a Giselle en una lucha mucho más cerrada de lo que ella imaginaba.

​—No dejes que ella sospeche —advirtió Diego—. Si se entera de que yo sé la verdad antes de que yo se lo diga, la perderé para siempre.

​—Descuida —respondió el abuelo, mirando a Ana con posesividad—. Por ahora, nos encargaremos de que la "familia" Sandoval entienda que la niña ahora tiene dueños. Protegerlas es nuestra misión, mantenerlas a tu lado es la tuya.

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Marcela Lopez
estupenda historia 😍❤️🔥 espero la próxima
Marcela Lopez
está emocionante ❤️🔥
Marcela Lopez
que será
Marcela Lopez
excelente gissele
Marcela Lopez
no puede ser
Marcela Lopez
excelente historia 😍, me encanta ❤️🥰
maylen urquiza
muy bella la novela gracias
Ysabel Correa: Gracias a ti por el apoyo 🫂
total 1 replies
Lilith🇦🇷♑😈💜♀️
Hermosa historia 😃 gracias por la sencillez de tu descripción para transcribirla en ésta apps. feliz del final que les diste. PDT. SIEMPRE SOSPECHÉ DE ÉSE VIEJO INTRIGOSO 😁😆
Ysabel Correa: Gracias, estoy muy feliz de que les guste mi historia ☺️
total 1 replies
Jess Cajar
encantada bonita historia felicidades 💃🤗😃👋🌹🇵🇦
Jess Cajar
felicidades y gracias una historia muy bien contada excelente 💃🤗😃👋🌹🇵🇦
Ysabel Correa: Fue un placer escribirla para ustedes mis lectores 🫂
total 1 replies
Nena
Excelente novela. Una linda historia de amor, perdón y lucha por alcanzar las metas🥰
Ysabel Correa: Gracias por su apoyo, lo valoro mucho 🫂
total 1 replies
Anonymus
Excelente historia 👌🏻💯 de 💯
Anonymus: 😊gracias a usted 👌🏻
total 2 replies
meidi aguiar
me encantó excelente y hermosa historia amiga
Ysabel Correa: Muchas gracias, la escribí con mucho cariño 🫂
total 1 replies
Nancy romero
Gracias autora , hermosa historia
Ysabel Correa: Con mucho cariño para ustedes mis fieles lectores
total 1 replies
Margalenis
hay q lindo 🥰 autora gracias
Ysabel Correa: La escribí con mucho cariño e inspiración 🫂
total 1 replies
Eva Cerac
excelente
Kary Monte
seguro es una trampa más😬
Marcela Lopez
porfin ahora sí renació el amor y la familia ❤️🔥🥰
Margalenis
me senti acalorada 🤭☺️
Nancy romero
Hermoso capitulo
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