Carla, una noche luego de escapar de las garras de su acosador jefe se encuentra con un vagabundo en la calle, este le suplica algo de comer y en su corazón algo se mueve. Un gesto de bondad desatara una pasión desmedida sin saber que el hombre que ella conoció esa noche en realidad no es otro que el jefe más temido de la mafia y que él ya tiene una mujer esperandolo. El sueño de la felicidad y de una familia tiembla al despertar los recuerdos de él ¿Todo fue una ilusión? No puede ser verdad, mis hijos son la prueba de que nuestro amor existió. De mendigo a jefe de la mafia. ¿Podra el amor ganarle al deber y la venganza?
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El inicio de nuestra relación.
Pov Carla:
Gracias al cielo la noche finalmente terminó en calma, Patricia logró recomponerse, y Ian la ayudó de manera increíble en todos sus trabajos atrasados, explicándolo todo con la maestría de un verdadero profesional.
En la habitación, siento esa mirada clavada en mí… yo ya sé perfectamente qué vendrá a continuación.
– Es increíble, Carla. ¡Entiendo ahora por qué te gusta tanto! Se ve que no solo es guapo, sino un excelente hombre –suelta, acurrucándose a mi lado sin más preámbulos.
– ¿Qué dices? Nosotros dos no somos nada más que compañeros de piso. Ian paga la mitad del alquiler y entre nosotros solo hay amistad –digo con firmeza, aunque cada palabra me cueste un esfuerzo titánico salir de la boca.
– ¿De verdad no te atrae ni siquiera un poquito? ¡Dímelo de una vez, hermana mía! –insiste con una determinación que no admite réplica.
– La verdad es que sí es guapo… pero Ian es mucho más que eso. Es atento, educado, un auténtico caballero, servicial hasta la médula –supongo que mis ojos se iluminan con tal intensidad que Patricia rompe en un grito de emoción desbordada.
– ¡¡Estás ENAMORADA de él!! –exclama a todo pulmón, y yo me apresuro a taparle la boca con desesperación.
– ¡Shhh, tonta! ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Me vas a dejar al descubierto! –susurro con la voz rota por el nerviosismo.
– Pero claro que se nota, Carla. Tienes esa cara de “mensa enamorada” cada vez que lo miras, tus ojos brillan con un fulgor que hace años no veía… ¡incluso no te veías así con ese idiota de tu ex! ¿Por cierto… sabes algo de él últimamente?
– ¿Qué voy a saber de ese sinvergüenza? Bueno sí, algo sé, esa secretaria que lo siguió por todas partes lo cambió por otro, y el miserable se quedó sin trabajo… y sin novia –no puedo evitar reírme a carcajadas, ¡es tan glorioso ver cómo el karma alcanza a algunos gusanos!
– ¡Bien merecido! Se lo tenía bien ganado, el vividor. Consiguió su puesto gracias a ti, y cuando tuvo mejor sueldo no dudó ni un segundo en irse con otra –me encanta verla así, indignada por mí, defendiéndome como cuando éramos niñas.
Me dejo caer a su lado, atrayendola a mi cuerpo en un abrazo cálido.
– Sabes qué, Carla… él me agrada mucho. Tiene una cara que parece de matón, pero se ve que es buena persona de verdad. Así que no lo dejes escapar, si te gusta, y él te gusta a ti, ¡no tengas miedo! El amor es una cosa hermosa –susurra con la voz llena de sentimiento.
Desearía tener la valentía de la que habla Patricia, pero la verdad es que estoy en una guerra interna conmigo misma.
No estoy segura de si lo que siento por él es cariño verdadero, o solo gratitud por haber alejado un poco la soledad de mi vida. Además, sigue ahí ese gran inconveniente de su pasado.
Me aterra la idea de que Ian tenga a una mujer esperándolo en algún lado… una familia, ¡hijos! No saber nada de su vida anterior me angustia más a mí que a él, y hay veces en que su actitud tan despreocupada me molesta profundamente. Porque si es cierto que alguien lo espera, sería sumamente desconsiderado de su parte.
Pero tampoco puedo obligarlo a hablarme de ello; no me corresponde meterme en su vida así. Así que debo controlar mis sentimientos. Hasta no saberlo todo a ciencia cierta, no puedo permitirme arriesgarme a salir de nuevo con el corazón hecho pedazos.
¡No puedo permitirlo!
Me despierto con el cabello de mi hermana revolcándose por todo mi rostro, su cuerpo desparramado a sus anchas en la cama mientras yo estoy a punto de caerme al suelo.
– Esta niña… ¡siempre igual! –salgo refunfuñando entre dientes, dirigiéndome al baño.
– Buenos días, Carla. ¿Mala noche? –me sorprende profundamente ver a Ian ya despierto en la cocina, en un sábado por la mañana.
– Ni se diga… ¡me duele todo el cuerpo! Creo que estaría mejor si me hubiera enfrentado a una pelea callejera –le respondo bostezando con fuerza.
– ¡Ja, ja, ja! ¿Tan mal te fue realmente? Pues bueno que ya tengo el desayuno listo –dice con una sonrisa cálida, mientras el aroma a café recién hecho invade todos los rincones de la casa, y el dulce perfume de bizcochos humeantes ya me está provocando un hambre voraz.
– Permíteme un momento, por favor –me encierro en el baño y me doy una ducha de agua caliente, tratando de aliviar el cansancio que agobia a mis músculos.
Es tan injusto… tener a un hombre así, tan perfecto, justo bajo el mismo techo… y saber que debería ser prohibido. Pero el corazón no entiende de razones, y a este paso no creo poder escapar de su encanto irresistible.
Salgo envuelta en la bata, deslizando con cuidado la silla mientras Ian se acerca para entregarme una taza caliente.
Nuestras miradas se encuentran y se entrelazan por un largo, interminable instante. Mientras él sostiene la taza, es mi corazón el que se calienta con la intensidad de su mirada tan penetrante.
– Quiero que sepas… que escuché todo lo que hablaste con tu hermana anoche –suelta de golpe, y yo me siento como si el suelo se desvaneciera bajo mis pies.
– Ian… no es lo que piensas –balbuceo con la voz inquieta y temblorosa– Patricia siempre me hace decir cosas sin sentido, tonterías de mujeres que chismean…
– Me gustaría pensar que no fue solo palabrería vacía, Carla. Porque la verdad es que me sentí muy feliz al escucharte –sus ojos brillan con una emoción que no puedo evitar notar.
¡Por todos los cielos! ¿En qué enredo me metí? Fui tan descuidada… ¡olvidé que esta casa parece hecha de cristal, que todo se oye!
– Ian, de verdad no es lo que crees –afirmo con mis últimas fuerzas– Me agradas, eso lo sabes mejor que nadie, pero todo lo demás… es solo costumbre por la convivencia, nada más.
– A mí tú sí me gustas, Carla… y entiendo tus miedos. Sé que no sabes nada de mí, pero te puedo asegurar una cosa: no tengo a nadie en mi vida anterior. No hay una mujer esperándome, y mucho menos hijos –su seguridad me toma completamente por sorpresa. ¿Acaso Ian tiene la habilidad de leer mis pensamientos?
– Carla, me gustas como mujer, y no es por agradecimiento aunque sí te estaré eternamente agradecido por todo. Esto es mucho más que eso… yo sé que es más profundo –sus manos se acercan y toman las mías, transmitiendo su calor a través de la piel.
De repente, las lleva a su pecho, para que pueda sentir los fuertes y nerviosos latidos de su corazón.
– Sé mejor que nadie que no tengo mucho que ofrecerte… pero sí puedo darte mi corazón, que late únicamente por ti, Carla. Puedo darte mi vida y mi cuerpo, para construir algo juntos, avanzar como una pareja verdadera –sus palabras resonán en mi alma con una fuerza indescriptible.
Estaba muda. No podía pronunciar ni una sola palabra, no conseguía mover los labios por más que lo intentara… y entonces escucho un grito descontrolado que viene de la habitación:
– ¡¡DILE QUE SÍ, HERMANA!! ¡DILE QUE ACEPTAS, POR FAVOR!! –esa loca descarriada me acaba de salvar de mi propia torpeza, al menos por ahora.
– ¡Ja, ja! ¿Te gusta la idea tanto, jovencita? –pregunta Ian, con una sonrisa que ilumina su rostro.
– ¡Yo ya te considero mi cuñado! Y sé que aunque esta tonta ahora se esté haciendo la difícil, ni siquiera puede levantarse de esa silla porque le has dejado las piernas de gelatina –grita Patricia desde la puerta.
– ¡PATRICIA! –grito avergonzada, sintiendo cómo mi rostro se quema de vergüenza.
– Es la verdad, ¡y si miento que se caiga la casa encima! Intenta ponerte de pie, Carla –desafía con una risa traviesa.
No podía hacerlo. Porque cada palabra que dijo era cierta… una verdad humillante que me delataba por completo.
– Entonces… ¿me das la oportunidad de construir un futuro a tu lado, dejando atrás un pasado sin sentido? –me pregunta, con sus ojos profundos clavados en los míos.
– Yo… yo no sé qué responderte –susurro, con un nudo enorme en la garganta.
– No tienes que preocuparte por nada, te lo juro. Nadie me espera… al menos nadie a quien realmente me importe a mí –asegura con una seriedad que me calma el alma.
– ¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Cómo puedes asegurártelo tanto, Ian? –pregunto con voz entrecortada.
– Porque mi corazón así me lo dice… porque me gusta la persona que soy cuando estoy a tu lado –sus palabras están cargadas de tanta seguridad y confianza que ya no puedo resistirme, menos con mi hermana apoyándonos desde un rincón.
¿Qué más da arriesgarse si es por el amor? Y a mí también me gusta Ian… tal cual es, aquí y ahora.
– Está bien… sí. Quiero ser tu novia, tu pareja… tu mujer –pronuncio las palabras con toda la fuerza que tengo, y en ese instante sus brazos me envuelven en un abrazo tan fuerte que todas mis preocupaciones desaparecen en un instante.
Veo lo ansioso que está por besarme, pero la mirada fija de Patricia es tan intensa que se ve obligado a contenerse… al menos hasta que las ganas de ir al baño la llevan lejos. Entonces, ese joven apuesto no duda ni un segundo, se acerca y me besa con un deseo tan profundo que me deja sin aliento, llenándome de una felicidad que nunca antes había sentido.
Fue un beso cargado de tantas emociones que me siento derretirme entre sus manos. Aunque esa pequeña duda seguirá clavada en mi conciencia por un tiempo más… por ahora, me dejaré llevar por su encanto, confiando en que el amor encontrará el camino.
CARLA: