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La Leyenda De Huang Yi : La Vice-generala Inquebrantable.

La Leyenda De Huang Yi : La Vice-generala Inquebrantable.

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / Reencarnación
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

En un mundo dominado por hombres, la legendaria maestra de artes marciales Mei Ling reencarna como un joven en la antigua Dinastía del Dragón. Ocultando su verdadera identidad femenina y su vasta experiencia, Mei Ling, ahora Huang Yi, debe navegar en una sociedad machista mientras se enfrenta a un carismático y sarcástico General, librando batallas internas y externas para sobrevivir, honrar a su familia y forjar un camino hacia la igualdad, todo mientras guarda un secreto que podría costarle la vida.

NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

6 ESTRATEGIA PERFECTA

El general bárbaro finalmente me tenía contra el suelo, su rodilla en mi pecho, su puño levantado, sus ojos brillando con una victoria prematura. "¡Perdiste, mocosa insolente!" rugió, una sonrisa de oreja a oreja. "Me voy a saciar contigo. Te haré mi concubina, y luego, mi esclava."

Entonces, su sonrisa vaciló. Una expresión de confusión apareció en sus ojos, y su puño, que estaba a punto de descender, tembló, como si un repentino escalofrío le hubiera recorrido la columna. Empezó a sentirse mareado, su agarre se aflojó, y un temblor incontrolable comenzó a agitar su enorme cuerpo.

Me reí, una risa fría y amarga que resonó en el bosque, teñida de una satisfacción macabra. "Jajaja. Típico de ustedes, los hombres. Siempre piensan con la fuerza bruta. Sabía que no podía vencerte solo con mi fuerza, bestia. Mi látigo tenía un pequeño secreto, un veneno de acción lenta pero efectiva. Ya empezaste a perder la fuerza, ¿no es así? Tu carne es fuerte, pero tu mente no lo es. Y como descubriste mi secreto, debes morir. Lástima, que no verás cómo derrotaremos a tu gente." —Un recordatorio para él y para todos los que creen que la superioridad física es el único poder: la inteligencia y la estrategia son las verdaderas reinas del campo de batalla. Subestimar a una mujer es siempre el primer paso hacia su propia perdición.—

Con una velocidad sobrenatural, que solo mi entrenamiento de dos vidas podía concederme, saqué un pequeño puñal oculto en mi manga. La hoja brilló un instante y, con un movimiento certero y sin piedad, corté su cabeza con un sonido húmedo. Rodó por el suelo, los ojos aún abiertos en una expresión de sorpresa y horror, el charco de sangre creciendo rápidamente, tiñiendo las hojas de un rojo oscuro.

Volví junto a los niños, quienes me miraban con ojos grandes y aterrorizados. "Esto es un secreto, nadie puede saber que soy una chica." les dije, mi voz suave pero firme. "Nadie lo puede saber. ¿Lo juran?"

Los trillizos, con sus pequeños rostros pálidos y temblorosos, asintieron enérgicamente. "¡Lo juramos, tío Huang Yi! ¡Guardaremos tu secreto!" dijeron al unísono, sus pequeñas manos sobre sus bocas.

Minutos después, la calma fue rota por el galope de un caballo, que se acercaba a toda velocidad. El General Feng Shang apareció, su rostro una máscara de furia y preocupación. Había recibido un aviso urgente de Lao Hu, quien, a pesar de su herida, había logrado enviar una paloma mensajera con la noticia del secuestro planeado. El General se topó con la escena: el general bárbaro decapitado, sus hombres dispersos, heridos o muertos, y yo, golpeada y magullada, pero de pie, protegiendo a los niños como una loba.

"¡Mocoso!" gritó, desmontando de su caballo con un salto ágil, su expresión una mezcla de asombro y reproche. "¿Qué diablos pasó aquí? ¿Incluso pudiste derrotar a un general bárbaro de casi tres metros? ¿Acaso eres humano o un demonio recién salido del inframundo? ¡Tengo que aceptar que eres muy ágil! ¡Salvaste a los niños, te lo agradeceré... Pero fuiste demasiado imprudente! ¡En el campo de batalla, las imprudencias salen caras, muchacho! ¡Podrías haber muerto veinte veces!"

Me limpié un hilo de sangre de la comisura de los labios, mi cuerpo dolorido pero mi espíritu indomable. "Entonces, ¿qué quería usted, General? ¿Que me quedara viendo cómo se llevaban a los niños sin hacer nada mientras esperaba su heroica llegada? ¡Era una situación de vida o muerte! Además, yo nunca peleo sin un plan. La fuerza bruta no siempre es la respuesta, General, especialmente cuando uno es una montaña de músculo que se mueve como un caracol." —Mi valor no se mide por la cantidad de cicatrices que adorno, sino por las vidas que protejo y las batallas que gano, incluso contra la arrogancia de los poderosos.—

El General entrecerró los ojos, su mirada recorriendo mi figura, deteniéndose un instante, un poco más de lo necesario, en mi entrepierna. "Oye, mocoso," dijo, su voz repentinamente tensa. "¿Por qué tienes sangre en tu entrepierna?"

Sentí que el mundo se me venía encima. La sangre menstrual. ¡Maldita sea! Mi período, y con la tensión de la pelea y el susto, se había adelantado en el peor momento posible.

"¡No es nada!" respondí, mi voz más aguda de lo normal, con un tono casi desesperado y un rubor que esperaba no se notara bajo la suciedad y la sangre. "¡Caí sentado en uno de los asesinos muertos y me manché! ¿Contento? ¡Y ya deje de interrogarme por todo, General! ¡Si tengo sangre, qué le importa! ¿Acaso es mi enfermera personal ahora?" —El ciclo de la vida, el poder de la mujer, convertido en una maldición en un mundo que lo desprecia. Pero incluso en mi debilidad, mi lengua será mi arma más afilada.—

"¡Insolente!" rugió, su rostro contraído por la ira, pero también con una extraña mezcla de confusión. "¡Soy tu General, tu superior! ¿Cómo te atreves a hablarme así, pequeño grano de arroz con patas?"

"¡Es que usted ya me tiene harto con su insolencia!" exploté, mi paciencia agotada, la tensión, el miedo, el período y el agotamiento físico combinándose en una furia irracional que no pude contener. "¡Estoy harto de todos ustedes, hombres grandulones y ruidosos! ¡Regresen a casa y déjenme solo un rato! ¡Necesito paz y tranquilidad antes de que mi cabeza explote!"

El General, visiblemente furioso, me lanzó una mirada de incredulidad y desaprobación que habría fulminado a un hombre común. Sin decir una palabra más, tomó a los niños de la mano, que lo miraban con ojos redondos, y se marchó, sus soldados detrás de él, con expresiones de shock y respeto mezclado. Me quedé sola en el bosque, el hedor a sangre y muerte a mi alrededor. La adrenalina se disipó, dejando un vacío inmenso. Empecé a llorar, sollozando sin control. Estaba agotada. El dolor de mi cuerpo se sumaba a los punzantes calambres de mi período. "¡Maldita época feudal! ¡Maldito General ruidoso! ¡Todos me tienen harta!" Susurré entre lágrimas. "Tengo tanta hambre... y me duele la espalda." —Incluso las guerreras más fieras tienen sus momentos de vulnerabilidad, pero el cansancio y el dolor no doblegarán mi espíritu. Mañana, me levantaré de nuevo, más fuerte, más sabia.—

Después de un tiempo, me recompuse. Lavé mi cuerpo y la sangre del suelo lo mejor que pude en un arroyo cercano, enterré el cuerpo del general bárbaro y regresé a la casa del General, mi rostro aún surcado por las lágrimas secas, pero con una expresión de rabia contenida y un hambre voraz.

El General me esperaba en la entrada, su rostro endurecido por la frustración, pero sus ojos me observaban con una intensidad peculiar. Se acercó a mí, su mirada perforante. "Mocoso, déjame curarte. Estás lleno de golpes. ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Parece que un carro te atropelló?"

"¡No me pasa nada!" espeté, girando la cabeza con un movimiento brusco. "¡Nada que le importe a usted, General!"

El General suspiró, una extraña mezcla de frustración y algo más indescifrable en sus ojos, casi una sonrisa burlona. "Qué difícil es tratar contigo. Pareces una mujer con tu... con tu día. ¡Jajajaja! ¡Con esos cambios de humor, podrías competir con las concubinas imperiales! Pero claro, tú no eres una mujer." La última frase la dijo con un énfasis que me hizo apretar los puños.

"¡Y tú pareces un idiota inoportuno!" respondí, mirándolo directamente a los ojos, sintiendo que la sangre me subía a la cabeza. "¡Y un metiche!"

"¡Te atreves a llamarme idiota, pequeño alborotador!" Su voz subió de tono, pero antes de que pudiera continuar su reprimenda, mi madre se acercó con una bandeja humeante de comida, interrumpiendo nuestra pelea de gallos.

"Hijo, come," dijo con una voz suave y preocupada, una expresión que solo ella entendía.

Mis ojos se posaron en la comida: un tazón de sopa caliente y un plato de dumplings rellenos. El aroma era exquisito, y mi estómago rugió en protesta por el hambre. Mi rostro, que hasta hace un momento había sido una máscara de furia y dolor, cambió por completo. Una sonrisa genuina, rara en mí estos días, apareció, extendiéndose por mi boca. "Esta comida está rica... ¡muy rica!"

El General y mi madre intercambiaron una mirada. Él, aún atónito por mi repentino y radical cambio de humor, como si acabara de presenciar un truco de magia. Y ella, con una mezcla de alivio y tristeza en sus ojos, consciente del peso que llevaba sobre mis pequeños hombros.

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Gabriela Herrera
cierto con eso lo eliminaba por completo 😂
Maria Del Carmen Alfonso
muy muy hermosa la novela muchas felicitaciones👏👏🥰
Aleida Delgado Santana: Gracias a usted.
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santiago bock herrera
Huy gatita salvaje estas en problemas
santiago bock herrera
No hay enemigo pequeño
santiago bock herrera
🥰🤣🥰🤣
santiago bock herrera
Y las agujas venenosas donde estan
Aleida Delgado Santana: Se le olvidaron, era un momento de tension.
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santiago bock herrera
, buenísima esta la novela
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
Paola Cordero
Porfa porfa autora no se demore tanto en actualizar esta hermosas historia esta que 🔥🔥🔥🔥🔥
Paola Cordero: Ayy si porfa las otras dos que ya estoy leyendo están muy yyyy buenas tambien
total 2 replies
Danita 🥰
Está buena la novela 👍
Aleida Delgado Santana: Gracias.
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