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¿ESTE ES MI FINAL?

¿ESTE ES MI FINAL?

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance / Padre soltero
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Reencarné dentro de la novela que más amaba, pero no como la heroína. Soy la hija del duque más temido y odiado del imperio — un personaje que ni siquiera debería existir. No conozco mi final, pero sí sé una cosa: protegeré a mi familia aunque el mundo entero se ponga en mi contra.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Príncipe

Ino apareció tres días después.

No por la puerta principal — Ino nunca usaba las puertas principales. Simplemente estaba en el estudio del duque cuando el duque llegó esa mañana, de pie junto a la ventana con esa presencia silenciosa que hacía que pareciera parte del mobiliario hasta que decidía no serlo.

El duque lo vio y cerró la puerta.

Nazaria, que había llegado dos minutos después con la excusa de devolver un libro y la intención real de escuchar, se detuvo en el pasillo.

Kein, que estaba de guardia junto a la puerta, la miró.

Nazaria lo miró de vuelta.

Kein se corrió tres pasos a la izquierda, dejando espacio junto a la puerta.

«Gracias, Kein.»

«Llevas semanas sabiendo que hago esto y nunca me has dicho nada.»

«Eres mi persona favorita en este ducado después de mi padre.»

Escuchó.

—El veneno —decía la voz de Ino, baja y sin inflexión como siempre— no es de origen local. Los componentes son del sur. Del Imperio Rossets o más allá.

—¿Quién tiene acceso a eso en el palacio imperial? —preguntó el duque.

—Tres personas con certeza. Doce con posibilidad. —Una pausa—. Pero lo que es más interesante, señor, es el método de administración. No fue en la comida ni en la bebida del príncipe. Fue en un objeto. Algo que tocó.

—¿Qué objeto?

—Eso es lo que no hemos podido determinar todavía. El palacio no ha compartido esa información con nadie fuera de los médicos reales y el Emperador.

—¿Por qué?

—Probablemente porque el objeto revelaría algo sobre la persona que lo administró. O sobre la persona que lo encargó.

Silencio.

—Sigue —dijo el duque.

—El Príncipe Adam se encuentra estable. Los médicos dicen que va a recuperarse completamente en tres a cuatro semanas. —Otra pausa—. Pero hay algo más.

—Dilo.

—El príncipe pidió hablar con alguien específico cuando se recupere. No con el Emperador. No con sus médicos. —Una pausa que Nazaria sintió más larga de lo normal incluso desde el pasillo—. Pidió hablar con la señorita Nazaria.

El silencio que siguió fue completamente diferente al anterior.

«¿Qué?»

Nazaria se quedó inmóvil en el pasillo.

«El Príncipe Adam. Que acaba de ser envenenado. Que está grave en el palacio imperial. Pidió hablar conmigo.»

«Con una niña de siete años que acaba de conocer en un salón de fiestas.»

«¿Por qué?»

—¿Está seguro de eso? —preguntó el duque, con una calma que no era natural.

—Completamente. Lo dijo dos veces, según la fuente. La primera vez pensaron que era el efecto del veneno. La segunda vez lo dijo cuando ya estaba más estable.

Una pausa larga.

—No irá —dijo el duque.

—Lo entiendo, señor. Pero el rechazo puede interpretarse como—

—Lo sé cómo puede interpretarse —dijo el duque—. Lo consideraré.

Nazaria se alejó de la puerta sin ruido, con los pensamientos corriendo más rápido de lo que podía organizarlos.

«El Príncipe Adam quiere hablar conmigo.»

«Un príncipe que acabo de conocer por primera vez hace menos de dos semanas.»

«Un príncipe que fue envenenado esa misma noche.»

«¿Me vio? ¿Notó algo? ¿O es algo diferente?»

Fue a encontrar a Rame.

......................

Rame estaba en la biblioteca, como era habitual a esa hora, con el séptimo tomo abierto y esa concentración que significaba que estaba en una parte que le parecía genuinamente importante.

Nazaria entró y cerró la puerta.

Rame levantó la vista. Leyó su expresión.

Cerró el libro.

—¿Qué pasó?

Nazaria se sentó frente a él y le contó lo que había escuchado.

Todo. El veneno del sur. El objeto como método de administración. Y la última parte.

Cuando terminó, Rame se quedó en silencio durante un momento.

—¿Por qué tú? —preguntó finalmente.

—No lo sé —dijo Nazaria—. Esa es exactamente la pregunta.

—¿Lo viste en el salón? ¿Hablaste con él?

—Lo vi desde lejos. No hablé con él.

—¿Él te vio a ti?

«¿Me vio?»

Nazaria rebobinó mentalmente la noche del palacio. El salón enorme. Las personas. El Emperador acercándose. El hombre junto a la columna. Y el príncipe, al que había ubicado varias veces durante la noche pero con quien nunca había cruzado ni palabras ni miradas directas.

O eso había creído.

—No estoy segura —admitió.

Rame apoyó los codos sobre la mesa y unió las manos frente a su cara con esa postura que adoptaba cuando estaba procesando algo en profundidad.

—Si el veneno fue en un objeto —dijo despacio—, y no se sabe qué objeto fue, entonces la persona que lo administró estuvo cerca del príncipe en algún momento esa noche.

—Sí.

—¿Y si el príncipe vio algo? ¿O a alguien? Algo que no entendió en el momento pero que después, cuando estuvo enfermo, procesó diferente.

Nazaria lo miró.

«Eso.»

«Eso es exactamente.»

—¿Y pide hablar conmigo porque...?

—Porque eres la persona que le pareció menos probable de estar involucrada —dijo Rame—. O porque eres la persona que le pareció menos peligrosa para decirle lo que vio.

Una pausa.

—O —añadió Rame, con el tono de alguien que está poniendo una opción sobre la mesa sin saber si es correcta— porque vio algo relacionado contigo específicamente.

«Con nosotros», corrigió Nazaria mentalmente. «Con el ducado. Con mi padre.»

«Con la acusación que ya está en marcha.»

—Tengo que ir —dijo Nazaria.

—Tu padre dijo que no.

—Mi padre dijo que lo consideraría. Eso es diferente.

Rame la miró.

—¿Y si es una trampa?

«La pregunta práctica. La que yo también me estaba haciendo.»

—También es posible —admitió Nazaria—. Pero si el príncipe realmente vio algo que puede ayudarnos, y no voy, perdemos esa información.

—¿Y si vas y es una trampa?

—Entonces estaré en el palacio imperial con mi padre y con Kein y con todos los recursos del ducado Ainsworth y alguien habrá tomado una decisión muy mala.

Rame la miró durante un momento.

Luego dijo algo que Nazaria no esperaba:

—¿Puedo ir contigo?

«¿Tú?»

«¿A la corte imperial?»

«¿Rame, que llegó hace menos de dos meses, que no tiene nombre oficial, que oficialmente no existe?»

—No creo que mi padre lo permita —dijo Nazaria con honestidad.

—Lo sé. —Una pausa—. Pero si puedes, dilo de todas formas.

«¿Por qué?», pensó Nazaria mirándolo.

«¿Por qué quieres ir a un lugar que no conoces, a una situación que podría ser peligrosa, por algo que no te concierne directamente?»

«¿O sí te concierne?»

«¿Cuándo decidiste que lo que me pasa a mí te concierne?»

No lo preguntó en voz alta.

—Lo diré —respondió en cambio.

Rame asintió y abrió el libro de nuevo.

Pero Nazaria notó que no leyó ninguna página durante los siguientes diez minutos.

«Estás preocupado», pensó. «Y no sabes qué hacer con eso todavía.»

«Yo tampoco.»

«Pero los dos lo guardamos en el mismo lugar por ahora y seguimos.»

«Eso también lo aprendemos juntos, supongo.»

Nazaria sacó sus notas y empezó a escribir todo lo que recordaba de esa noche en el palacio con la precisión meticulosa de alguien que sabe que los detalles que parecen pequeños a veces son los que lo cambian todo.

«¿Este es mi final?»

«No», pensó con certeza. «Pero alguien está trabajando para que lo sea.»

«Y es hora de trabajar más duro yo.»

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Lorena Itriago
hay otra versión de esta Novela?
Carmen Otero
me encanta tu novela escritora. en espera de más capítulos
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