Una historia sobre las cicatrices del pasado, las decisiones imposibles y la dolorosa lección de que, a veces, incluso el amor más intenso necesita ser Cuestión de tiempo.
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Capítulo 12: El despegue y la cruda realidad de Liam
Compartir esas últimas horas con mi familia en la casa de playa fue un bálsamo para mi corazón herido. Sabía que pasaría mucho tiempo antes de volver a abrazarlos. Nos pusimos muy nostálgicos, las lágrimas amenazaron con salir más de una vez, pero en medio de la melancolía todos coincidíamos en lo mismo: yo debía perseguir mis sueños, y ese camino empezaba estudiando en Londres.
Lo que no estuvo en mis planes fue lo que ocurrió camino al aeropuerto. Tras haber bloqueado el número de Liam para tener paz, él comenzó a llamar con una insistencia descontrolada al teléfono de mi hermano. Dominic, abrumado por la presión y los timbrazos, terminó cometiendo un desliz: se le escapó confesarle que ese mismo día yo me marchaba del país.
Se suponía que a esa hora Liam tendría que estar camino a su luna de miel, disfrutando de su adorada mujer de plástico. Por eso, lo último que esperaba era encontrármelo en la terminal del aeropuerto internacional, corriendo desesperado entre la multitud con el traje de novio todavía desarreglado.
—¡ZOE! —su grito resonó por todo el pasillo, llamando la atención de varios pasajeros.
Me detuve en seco, con el corazón en la garganta.
—¿Liam? —logré articular, estupefacta—. ¿Qué haces aquí? Se supone que deberías estar en tu luna de miel.
—¿Por qué no me dijiste que te ibas del país? —reclamó, ignorando mi pregunta. Tenía la respiración agitada y los ojos inyectados en una mezcla de pánico y dolor.
—Este no es el momento ni el lugar para hablar de esto, Liam —respondí, mirando de reojo a mi familia, que observaba la escena a unos metros de distancia.
—¿Y cuál es el momento, Zoe? ¡Te vas y no me dijiste nada! ¿Cuándo pensabas decírmelo? ¿Cuando ya estuvieras del otro lado del mundo?
—No tenía por qué decirte nada, Liam —sentencié, forzando una calma que no sentía.
—¡Se supone que somos amigos! —exclamó, dándose un paso hacia mí, frustrado—. ¡Se supone que eres como mi hermana!
Esa palabra me dolió, pero también me dio el coraje para ponerle un freno definitivo.
—¡Por favor, Liam! ¿En qué mundo vives? Los amigos no se besan de la forma en que tú me besas, y los hermanos mucho menos. Di las cosas de frente por una vez en tu vida. Los dos tenemos sentimientos el uno por el otro; por lo menos, de mi parte siempre ha sido así, y tú lo sabes.
Liam guardó silencio un segundo, acorralado por mis palabras. La culpa cruzó por su rostro.
—Tengo los sentimientos muy confundidos, Zoe... —admitió con la voz rota—. Pero de lo único que estoy seguro en este instante, es de que no quiero que te vayas. No me dejes.
—No puedo quedarme, Liam. Tengo que seguir con mi vida y no puedo seguir viviendo bajo tu sombra, esperando las migajas de tu atención. Si la vida nos vuelve a cruzar en un mismo espacio más adelante, ya veremos... pero antes de pedirme que me quede, tienes que solucionar tu propio desastre. Tienes que arreglar tu vida.
—No quiero perderte, Ojitos —susurró, estirando la mano como si quisiera tocarme, pero sin atreverse.
—Siempre serás alguien importante en mi vida —le aseguré, sintiendo un nudo en la garganta—. Cualquier cosa que necesites, me puedes llamar.
—¿Ah, sí? ¿Y cómo lo hago si me tienes bloqueado? —reprochó con una sonrisa amarga.
—Estaba molesta —admití, esbozando una pequeña sonrisa de complicidad—. Pero está bien, ya te desbloqueo.
En ese instante, el sonido estridente del altavoz de la terminal interrumpió nuestro mundo flotante: «Pasajeros con destino a Londres, favor de abordar por la puerta número dos».
—Es hora de irme, Liam —anuncié.
Me giré para darle un último abrazo a mis padres y a Dominic, pero cuando caminé decidida hacia la línea de embarque, Liam me tomó firmemente de la muñeca. Me jaló hacia su cuerpo con urgencia y, ante la mirada atónita de todos los presentes, me plantó un beso de despedida. Fue un beso cargado de promesa, de desesperación y de verdades no dichas.
Al separarse, me miró fijamente a los ojos.
—No sé cómo lo voy a hacer, Zoe... pero juro que voy a arreglar esto —prometió, con una determinación que nunca antes le había visto.
Mi corazón dio un brinco de alegría ante sus palabras, pero inmediatamente la razón me arrastró de vuelta a la tierra. No iba a hacerme falsas ilusiones con un hombre que llevaba un anillo de bodas en el dedo. Le dediqué una última mirada, entregué mi boleto y crucé la puerta de embarque sin mirar atrás.
Liam
Ver a Zoe caminar por ese pasillo y desaparecer detrás de las puertas de embarque fue como sentir que una parte de mi propia alma se desprendía de mi pecho y se iba con ella. El vacío me golpeó de inmediato, dejándome una opresión insoportable en el pecho.
Para empeorar mi tortura, saqué el teléfono del bolsillo. La pantalla estaba inundada de notificaciones. Tenía decenas de mensajes de Tiffany, todos con el mismo tono histérico: «¿Dónde demonios estás?», «¿Por qué me dejas sola en el hotel?», «¡Contéstame, Liam!».
Un suspiro de pura frustración escapó de mis labios. Dominic se acercó a mí, sacándome de mis pensamientos.
—¿Estás bien, hermano? —me preguntó, poniendo una mano en mi hombro.
La rabia acumulada explotó dentro de mí y me sacudí su agarre.
—¿Por qué no me dijiste que Zoe se iba del país, Dominic? —le recriminé, encarándolo—. ¿Por qué me lo ocultaste?
—Porque no era algo que me correspondiera a mí hacer —respondió mi amigo, manteniendo la calma pero con firmeza—. Era la vida de mi hermana, Liam, no la mía.
—¡Se supone que tú eres mi amigo! —le grité, dolido.
—¡Ya basta, Liam! —intervino Sara, dándose un paso al frente y cruzándose de brazos, con los ojos echando chispas—. Aquí nadie tiene la culpa más que tú.
—¡Me ocultaron que se iba! —insistí, buscando un culpable para calmar el dolor de mi error.
—Deja de pelear con nosotros y de buscar culpables en donde no los hay —sentenció Sara, con una frialdad que me congeló la sangre—. El único culpable de que Zoe esté en ese avión ahora mismo... eres tú. Tú elegiste casarte hoy, Liam. Ahora asume las consecuencias.