Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
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CAPÍTULO 6
La luz del amanecer se filtra por las enormes ventanas de la habitación, pintando de dorado la piel de Scarlett. Despierta lentamente, confundida por un momento, sin saber dónde está. Luego siente el peso del brazo de Alejandro sobre su cintura, el calor de su cuerpo pegado al de ella, y todo vuelve.
La noche anterior.
Cada detalle.
Cada caricia.
Cada palabra susurrada.
Scarlett contiene el aliento, procesando. Ella, la agente que ha interrogado a los criminales más duros sin inmutarse, que ha soportado tortura en entrenamiento sin quebrarse, yace inmovilizada por el abrazo de un hombre mientras su mente se desarma.
Alejandro respira profundamente a su lado. Dormido, parece más joven, más vulnerable. Las líneas duras de su rostro se suavizan, sus tatuajes asoman por encima de las sábanas, y Scarlett siente una punzada en el pecho que no quiere identificar.
Tengo que irme.
El pensamiento es un latigazo. Debería levantarse ahora, mientras él duerme, recuperar su ropa, desaparecer. Reportar a Williams que el contacto fue exitoso, que tiene información valiosa, que...
¿Qué información?
Que Alejandro Moretti besa como si el mundo fuera a terminarse. Que sus manos saben exactamente dónde tocar. Que cuando la miró mientras la poseía, sus ojos negros prometían cosas que ningún criminal debería prometer.
Scarlett cierra los ojos, frustrada consigo misma. Esto no es profesional. Esto es peligroso.
Intenta moverse, apartar su brazo, pero Alejandro reacciona inmediatamente incluso dormido. La atrae más contra él, su brazo apretándose, y Scarlett siente cómo su erección matutina presiona contra su cadera.
—No te vayas
murmura él, con voz ronca por el sueño.
—Estoy aquí.
—Mientes
abre un ojo, la mira.
— Estás pensando en escapar.
Scarlett no responde, porque es verdad.
Alejandro la gira suavemente hasta quedar frente a frente. Su mano acaricia su mejilla con una ternura que desarma.
—¿Te vas a arrepentir?
pregunta.
—Porque si es así, prefiero que te vayas ahora. No soportaría verte mirarme con odio o con vergüenza.
—No te odio.
—¿Pero?
Scarlett traga saliva. Quiere decirle tantas cosas. Quiere confesarle quién es, lo que hace, por qué está realmente aquí. Quiere saber si él la miraría igual después.
—Pero esto es complicado
dice en su lugar.
—Todo lo bueno lo es.
Alejandro se inclina y la besa. Es un beso suave al principio, un saludo, un buenos días. Pero pronto se intensifica, sus manos recorriendo su cuerpo bajo las sábanas, encontrando piel desnuda, despertando sensaciones que Scarlett creía saciadas después de la noche anterior.
—Alejandro
jadea entre el beso.
—deberíamos...
—Deberíamos callarte.
Su boca desciende a su cuello, a sus hombros. Scarlett arquea la espalda cuando encuentra ese punto sensible detrás de su oreja.
—¿Siempre eres así?
pregunta sin aliento.
—¿Así cómo?
—Imparable. Como si no pudieras tener suficiente.
Alejandro se detiene, la mira con una intensidad que duele.
—Contigo no. Algo me pasó anoche, Ela. Algo que no había sentido nunca. Y no sé si es obsesión, locura o...
se detiene, como si la palabra fuera demasiado.
— Solo sé que necesito más. Necesito todo de ti.
—Eso da miedo.
—Sí.
Él sonríe con ironía.
—Da mucho miedo.
Y la toma nuevamente, pero está vez es diferente a la primera. Más lenta, más profunda, más íntima. Alejandro la explora como si tuviera todo el tiempo del mundo, como si quisiera memorizar cada centímetro de su cuerpo con la boca y las manos.
—Eres mía
repite una y otra vez.
— Dilo. Dime que eres mía.
—Soy tuya
responde Scarlett, y en ese momento, con él dentro de ella, con sus ojos clavados en los suyos, lo cree.
Cuando terminan, quedan enredados, sudorosos, sin palabras. El sol ya está alto, la mañana avanzada.
—Tengo que irme
dice Scarlett finalmente.
Alejandro asiente, aunque sus ojos se oscurecen.
—¿Cuándo te vuelvo a ver?
—No lo sé.
—Esta noche, aqui, 9 PM.
—Alejandro...
—No acepto un no.
Su tono es el del mafioso, el del hombre acostumbrado a que le obedezcan.
— Vendrás. Porque yo te necesito y tú me necesitas a mí.
Scarlett quiere discutir, pero sabe que tiene razón. Y eso la asusta más que todas las amenazas del mundo.
—Vendré
susurra.
ella sabe que mas que su primera vez, algo más perdió esa noche, aunque no lo quiera admitir. Cuando llega a su apartamento seguro, Williams la está esperando. Scarlett se congela en la puerta.
—¿Qué haces aquí?
—Reportes no entregados, comunicaciones apagadas, desapareces 24 horas
Williams es un hombre de 50 años, canoso, con ojos que han visto demasiado.
— ¿Qué pasó, O'Connor?
—Nada. Contacto exitoso. Tengo acceso.
—¿Acceso a qué, A su cama?
Scarlett siente que la sangre hierve en sus venas.
—Con todo respeto, agente Williams, mi vida personal no es asunto suyo.
—¿Tu vida personal?
Williams se acerca.
— ¿Te oyes, O'Connor? ¡Es un criminal! Un asesino. Y te has acostado con él. ¿En qué estabas pensando?
—En hacer mi trabajo
responde ella con frialdad.
— En ganar su confianza. En infiltrarme.
—¿Y te crees eso?
El silencio responde por ella.
Williams suspira, pasándose una mano por el rostro.
—Escúchame bien. Moretti no es un pez pequeño. Si descubres quién eres realmente, te matará. Y si no te mata, te usará. Y si te enamoras de él...
niega con la cabeza.
— He visto pasar esto antes. Siempre termina mal.
—No estoy enamorada.
—Claro que no.
La ironía en su voz es cortante
— Por eso desapareciste 24 horas. Por eso me miras como si quisieras pegarme por insultarlo.
Se dirige a la puerta, pero se detiene.
— Tienes 48 horas para conseguir información útil. Si no, te retiro del caso. ¿Entendido?
—Entendido.
Cuando la puerta se cierra, Scarlett se deja caer en el sofá. Las palabras de Williams resuenan en su cabeza, si te enamoras de él, termina mal.
Demasiado tarde, piensa. Demasiado tarde.
Esa noche, cuando llega a la mansión de Alejandro, él la recibe en la puerta con una sonrisa que ilumina sus ojos negros. La abraza, la besa, la hace entrar.
—Pensé que no vendrías
admite en voz baja.
—Dije que sí.
—Las promesas se rompen fácilmente.
—No las mías.
Alejandro la mira largamente.
—¿Sabes qué me gusta de ti?
pregunta el.
—Dímelo.
—Que cuando te miro, no veo mentiras. Veo verdad. Y eso, en mi mundo, es lo más valioso que existe.
Scarlett siente un puñal en el pecho. Porque él ve verdad cuando ella es una mentira andante. Porque ella es la única persona que debería odiarlo, y sin embargo, cada segundo a su lado se siente más como hogar que cualquier lugar donde haya estado.
—Alejandro
dice con voz temblorosa.
—¿Qué?
—Nada.
Se pone de puntillas y lo besa.
— Solo quería decir tu nombre.
Él sonríe contra sus labios.
—Dilo siempre. Dilo toda la noche. Dilo cada vez que te haga gritar.
La toma en brazos y la lleva escaleras arriba. Y Scarlett decide, por esta noche, olvidar quién es. Olvidar su misión. Olvidar a Williams y al FBI.
Esta noche, solo es Ella. La mujer que se entrega a Alejandro Moretti un mafioso lleno de peligros.
Aunque mañana tenga que destruirlo.