“El misterio de las dos hermanas y los gemelos comienza cuando una oscuridad ancestral marca a una de ellas, mientras los hermanos descubren que su destino está ligado a dos lunas muy distintas que podrían salvar… o destruir… el bosque.” 🌒✨
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Lo que callamos
Alison notó el cambio antes de que Alisa dijera una sola palabra.
No fue algo evidente.
No fue un gesto extraño ni una mirada distinta.
Fue la forma en que el aire parecía reaccionar cuando su hermana entró al refugio. Como si algo invisible la rodeara.
—¿Te pasó algo en el río? —preguntó Alison con cuidado.
Alisa se detuvo.
Intentó sonreír, pero no le salió del todo.
—No… bueno… no estoy segura.
Alison se levantó lentamente.
La marca en su hombro vibró apenas, como si estuviera atenta.
—Alisa.
Ese tono hizo que su hermana suspirara.
—El día que intenté borrar tu marca —empezó— yo pensé que lo que sentí no era mío.
Alison guardó silencio.
—Creí que era solo conexión entre nosotras. Como si mi energía hubiera reaccionado a la tuya. Nada especial…
Nada peligroso.
Bajó la mirada.
—Por eso no me preocupé.
Alison dio un paso más cerca.
—¿Y ahora?
Alisa dudó unos segundos.
—Hoy en el río… el agua brilló.
El corazón de Alison se aceleró.
—¿Brilló?
—Sí. Fue poco. Muy poco. Pero lo vi. Lo sentí. —su voz tembló apenas—. No estabas cerca. No estaba pensando en tu marca. Simplemente… pasó.
El silencio se volvió pesado.
—Entonces no fue solo conexión —murmuró Alison.
Alisa negó lentamente.
—No.
Sus ojos reflejaban algo que Alison no había visto antes.
Miedo.
—¿Y si crece? —preguntó Alisa en voz baja—. ¿Y si no puedo controlarlo? No sabemos qué significa. No sabemos si es bueno o si va a atraer algo.
Alison tragó saliva.
Porque entendía ese miedo mejor que nadie.
Se giró un poco, dejando ver la marca oscura en su hombro.
—Yo también tengo miedo.
Alisa levantó la mirada.
—Cuando controlo las sombras —continuó Alison— al principio son pequeñas. Fáciles.
Pero cada vez que lo intento… siento que quieren más.
Su voz se volvió más baja.
—Es como si la oscuridad estuviera viva.
Como si esperara el momento para expandirse.
Alisa dio un paso hacia ella.
—Pero tú la controlas.
Alison negó suavemente.
—Por ahora.
Se miraron en silencio.
Dos fuerzas opuestas.
Luz y sombra.
Pero ninguna sabía realmente qué eran.
—No quiero convertirme en algo que no pueda detener —susurró Alison.
—Ni yo —respondió Alisa.
Por un momento, ninguna habló.
Luego, casi sin pensarlo, unieron sus manos.
No hubo destello fuerte.
No hubo explosión de energía.
Solo una sensación cálida y tranquila que recorrió el espacio entre ellas.
Equilibrio.
Alison respiró más despacio.
—Tal vez no se trata de controlar solas —dijo.
Alisa asintió lentamente.
—Tal vez.
Pero en el fondo, ambas sabían que aquello era apenas el comienzo.
La luz no había despertado por accidente.
La sombra tampoco.
Y aunque se prometieran mantenerse juntas…
Había fuerzas más grandes moviéndose alrededor de ellas.
Fuerzas que no entendían.
Fuerzas que estaban empezando a responder.
El silencio después de ese contacto no fue incómodo.
Fue distinto.
Alison sintió que la marca dejaba de vibrar.
No desapareció, pero se calmó, como si reconociera la presencia de la luz de Alisa.
—¿Lo sentiste? —preguntó Alison en voz baja.
Alisa asintió.
—No fue como en el río… fue más estable.
Alison cerró los ojos un instante. Se concentró. Intentó llamar a una sombra pequeña, como hacía siempre.
Una línea oscura apareció cerca de la del refugio.
Pero esta vez no se movió de forma inquieta.
No intentó expandirse.
Se mantuvo quieta.
Controlada.
Alisa la observó con atención. Sin miedo.
Y, casi sin querer, una chispa suave de luz apareció en la punta de sus dedos. No fue intensa. No fue desbordada. Solo suficiente para iluminar tenuemente la sombra.
Las dos energías no chocaron.
No se destruyeron.
Se mezclaron por un segundo.
Como si se reconocieran.
Alison abrió los ojos de golpe.
—No se están atacando…
—No —susurró Alisa—. Se están equilibrando.
Esa palabra quedó suspendida entre ellas.
Equilibrio.
Tal vez no eran error.
Tal vez no eran amenaza.
Tal vez lo que despertaba en ellas no era para separarlas… sino para mantenerse juntas.
Pero aunque ese pensamiento les dio algo de calma, en el fondo sabían que el mundo exterior no vería su poder de la misma manera.
Y eso era lo que realmente daba miedo.