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ENTRE MAREAS

ENTRE MAREAS

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Completa

Sofía Marchetti llegó a Puerto Sereno con dos maletas, un equipo de buceo y el corazón roto. Vino a estudiar los arrecifes de coral. A esconderse del mundo. A recordar quién era antes de que un hombre la convenciera de que no era suficiente.

Lo que no esperaba era a Andrés Villareal.

Alto, silencioso, con las manos curtidas por el mar y una mirada que no sabe mentir. Un hombre que no juega, no esconde, no promete lo que no puede cumplir. Todo lo contrario a lo que Sofía conocía.

Pero Sofía aprendió a desconfiar. Y las heridas que no se ven son las que más duelen.

Entre buceos al amanecer, noches con olor a sal y un océano que parece guardar secretos, dos personas que no buscaban nada terminarán encontrándose de la única manera que el mar permite:

Sin aviso. Sin red. Sin vuelta atrás.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1 — El mar no avisa

El mar nunca pide permiso.

Sofía Marchetti lo aprendió a los siete años, cuando una ola la arrastró de la mano de su madre en una playa de La Guaira. Desde entonces lo respetó. Desde entonces también lo amó con una intensidad que nunca pudo explicarle a ningún hombre — y quizás por eso ninguno se quedó.

Ahora, a sus veintiocho años, parada frente al muelle de Puerto Sereno con dos maletas, un equipo de buceo y el corazón hecho pedazos, Sofía miraba el agua turquesa del Caribe venezolano y pensaba que quizás el mar era lo único que nunca la había traicionado.

—¿Usted es la bióloga?

La voz la tomó por sorpresa. Grave, directa. Sin rodeos.

Se giró.

Y tuvo que hacer un esfuerzo deliberado para no quedarse con la boca abierta.

El hombre que tenía delante era alto — muy alto, de esos que obligan a levantar la vista — con los hombros anchos como la proa de un barco y una piel morena que hablaba de años bajo el sol caribeño. Llevaba una camisa de manga corta sin abotonar sobre un torso que Sofía se prohibió a sí misma seguir mirando. Pantalón de trabajo, botas de agua. Las manos grandes, cruzadas sobre el pecho.

La miraba sin pestañear. Sin sonreír, pero tampoco con hostilidad. Simplemente... directo. Como si no tuviera tiempo para disfraces.

—Sí — respondió ella, acomodándose las gafas de sol aunque no las necesitaba —. Sofía Marchetti. Soy del Instituto de Investigaciones Marinas.

—Andrés Villareal — dijo él, y extendió la mano.

Sofía la estrechó. Fue un segundo. Apenas. Pero sintió la rugosidad de esa palma, la firmeza del apretón, y algo en su pecho hizo una cosa rara que decidió ignorar por completo.

—Su equipo ya está en la lancha — continuó él, girándose sin más preámbulo —. Salimos mañana a las cinco de la mañana. El mar está mejor temprano.

—Espera — dijo Sofía, y dio un paso al frente —. Ni siquiera sé todavía dónde me voy a quedar. ¿Hay algún hospedaje aquí?

Andrés se detuvo. Se volvió a mirarla con una expresión que ella no supo descifrar del todo — no era impaciencia, era algo más parecido a la evaluación tranquila de alguien que ya lo ha visto todo.

—Doña Carmen tiene habitaciones. Dos calles para adentro, la casa celeste. Dígale que va de mi parte.

—Gracias — dijo Sofía.

—No hay de qué — respondió él. Y siguió caminando.

Sofía lo vio alejarse. La espalda ancha, el paso seguro, sin dudar. Un hombre que sabía exactamente quién era y a dónde iba.

Qué diferente, pensó. Y se odió a sí misma por pensarlo.

La habitación de Doña Carmen olía a sábanas limpias y a café colado. Era pequeña pero tenía una ventana que daba directo al mar — un lujo que en Caracas hubiera costado una fortuna. Sofía dejó las maletas sin deshacer, se sentó en el borde de la cama y sacó el teléfono.

Tenía tres mensajes de Rodrigo.

Los borró sin leerlos.

Rodrigo Peña — tres años de relación, dos de convivencia, uno de mentiras que ella fue descubriendo de a poco, como quien destapa una herida que ya no duele pero sigue ahí. El último mensaje que le había enviado antes de irse de Caracas decía "te vas a arrepentir".

Sofía miraba el mar desde la ventana y pensaba que no, que no se iba a arrepentir. Que la única decisión que lamentaba era haber tardado tanto en irse.

Abrió su cuaderno de notas — el de papel, el de siempre — y escribió en la primera página:

Puerto Sereno. 12 de abril. Empezar de nuevo.

A las cuatro y cuarenta y cinco de la mañana, Sofía ya estaba en el muelle.

Llegó primero que Andrés, lo cual la llenó de una satisfacción infantil que no iba a admitir ante nadie. Llevaba el traje de neopreno en el bolso y una taza de café que Doña Carmen le había preparado sin que ella lo pidiera.

Escuchó sus pasos antes de verlo.

Andrés apareció desde la oscuridad del muelle como si fuera parte de él. Cargaba un cajón de equipos con una facilidad que sugería que para él no pesaba nada. Cuando la vio, se detuvo un momento.

—Llegó temprano — dijo.

—Siempre llego temprano — respondió Sofía.

Algo cruzó por los ojos de Andrés. Brevísimo. Casi imperceptible.

—Bien — dijo, y subió a la lancha.

Andrés no hablaba mucho.

—¿Cuánto tiempo lleva pescando? — preguntó Sofía.

—Desde los doce años.

—¿Y siempre en Puerto Sereno?

—Siempre.

—¿No quiso irse nunca?

Esta vez sí la miró. Directo.

—¿A dónde?

Sofía no supo qué responder.

—Todo lo que necesito está aquí — dijo Andrés, y volvió a mirar el horizonte.

Todo lo que necesito está aquí. Cuánta gente podía decir algo así y que fuera verdad.

Cuando salió del agua, Andrés le tendió la mano para ayudarla a subir a la lancha.

—¿Encontró lo que buscaba? — preguntó.

Sofía miró el mar.

—Encontré más — admitió.

Y pensó — aunque no se lo dijo a nadie — que llevaba horas mirando el océano y que los ojos azules de ese pescador callado eran lo único que no podía sacarse de la cabeza.

El mar no avisa. Y tampoco lo hacen ciertas personas cuando empiezan a importar.

Fin del Capítulo 1 ✨

1
Helizahira Cohen
Muy bonita, romántica, sencilla y corta me gusta
Helizahira Cohen
te equivocaste de nombre ella hablo de Rodrigo y apareció Ricardo, bueno un error se entiende, Andres debe calmarse es pasado
Helizahira Cohen
Esas cosas pasan mas a menudo de lo que uno cree
Helizahira Cohen
No hay comentarios, es bonita, romántica pero esta narrada bien, sigo leyendo, ojalá vean tu trabajo
Helizahira Cohen
Es bonita y la escritora es mi paisana venezolana, describe nuestro mal y menciona nuestras palabras, Cambur = banana
mailyn rodriguez
hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi.
mailyn rodriguez
Gracias 🥰
Cliente anónimo
Es muy bonita la historia.🥰
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