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La Última Orden Para El Mafioso

La Última Orden Para El Mafioso

Status: Terminada
Genre:Madre soltera / Reencuentro / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:712
Nilai: 5
nombre de autor: Wan Marte

Mi última orden para mi marido mafioso fue que firmara los papeles del divorcio. Por fin dejé atrás mi obsesión por él, y ahora es libre para vivir con su verdadero amor… sin embargo, ahora es él quien me persigue.

Mi marido Gio no era más que un soldato, una herramienta para los trabajos sucios de la mafia de mi padre.
Pero yo estaba enamorada de él y lo perseguía durante años. Mi primera orden fue que firmara los papeles de nuestro matrimonio, y creía que lograría conquistarlo.

Pero en mi peor momento, el día de la muerte de mis padres, me abandonó para estar con la mujer que amaba. Esa fue la gota que colmó el vaso.

Le dejé los papeles del divorcio y me fui, decidida a criar sola al bebé que llevaba en mi vientre.

NovelToon tiene autorización de Wan Marte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Gio

Salí del cementerio sintiendo esa sensación en el pecho, una sensación de peso, incómoda como si estuviera cargando una carga que no sabía que existía allí.

Las palabras de Savanna resonando en mi mente y yo tratando de forzar pensamientos para borrarlas.

"Sobreviví a todo esto. Realmente no soy una persona digna, soy un sobreviviente."

"No soy el hombre a la altura de Savanna realmente, siempre lo supe. ¿Por qué estoy tan molesto?"

Cuando me di cuenta, ya estaba frente a la mansión que compartí con Savanna por tres años.

Había algunos hombres armados de los Santinnis vigilando el lugar, pero ellos no serían un impedimento para mí.

Conseguí infiltrarme y entrar en la casa.

Nada había sido movido todavía y eso me trajo un alivio. Aquella casa contaba una historia, algo íntimo, solo mío y de Savannah y yo no quería que aquellas personas movieran aquello.

Subí las escaleras y fui para el cuarto. La cama arreglada y todo en su lugar.

Pensé en tomar algunas cosas mías, pero terminé tomando una blusa de Savannah en la lavandería y sentí el olor. Tenía el olor de ella, olor de su piel y de sus cabellos.

Me sentí un bicho raro del carajo.

Pero me contenté con ese sentimiento, yo sabía que sería la última vez que sentiría aquel olor.

Después de un poco de reticencia, tiré la blusa de vuelta en el cesto y tiré gasolina por encima.

Volví para el cuarto y me senté en la cama, dejé que los recuerdos de todos los momentos que pasé aquí fluyeran. Era una despedida y yo no necesitaba más sofocar esos pensamientos.

Miré para la mesa de noche, bien del lado donde yo dormía, tenía un portarretratos con una foto de Savanna.

Ella hizo eso a propósito, solo para que cuando yo le diera la espalda, me topara con una foto de ella.

Ella tenía buen humor, yo tenía que admitir.

Tomé el portarretratos y lo quebré. Tomé la foto de ella y me quedé mirando por mucho tiempo.

Yo no debería estar haciendo esto. Se acabó. Terminamos. Ahora yo estaba libre de ella.

Rompí la foto y la tiré al suelo.

Me levanté y me preparé para tirar gasolina en todo, pero paré antes de abrir la tapa del galón. Miré para el suelo y allí tenía un pedazo de la fotografía con el rostro de ella. No resistí, lo tomé y lo guardé en mi cartera.

Nadie necesitaba saber de eso. Me convencí.

Fui tirando gasolina en todos los cuartos, hasta que paré en la puerta donde nunca intenté entrar. El estudio de Savanna.

Ella pasó casi un mes entero escondiéndose aquí y de repente quedé curioso para saber lo que ella estaba haciendo.

Entré y vi varios caballetes con pinturas inacabadas de paisajes. Algunas rasgadas, otras aplastadas en el suelo.

Ella estaba intentando pintar algo nuevo, pero por lo que parece no lo estaba consiguiendo.

"¿Pero qué ella acostumbraba a pintar antes?"

Me pregunté. Un pensamiento extraño. Personas que vienen de las calles no les importan cuadros, literatura, como esas personas ricas.

Percibí que en el suelo tenían cuadros cubiertos por una sábana blanca y resolví retirarla.

Di algunos pasos para atrás, aturdido.

Tenían decenas de pinturas, muchas mismo. Y todas, eran de mí.

Yo de espaldas mirando la ventana con las manos en el bolsillo y alrededor, ella añadió rosas rojas.

Un yo joven, delgado, con aquella mirada defensiva, sentado en el suelo y apenas limpiando mi arma.

Yo durmiendo con una expresión serena.

Ahora yo entendí por qué muchas veces desperté y ella estaba allí, mirándome atentamente. Ella no estaba solo admirándome, ella estaba grabando en su mente cada expresión mía, cada detalle de mi rostro y ella colocó todo en esas pinturas.

En todas las pinturas ella añadía las rosas rojas, como una firma, una marca propia de ella.

Eran registros de todos los años que ella me persiguió. Ella registró todo en esas pinturas.

"¡Es que te amo, porra!"

Oí la voz de ella, gritando para mí aquel día que peleamos.

Toqué en una pintura, para sentir los relieves de la tinta y verificar si era de verdad.

Era de verdad, claro. Mierda. Yo nunca me sentí especial, pero para aquella niña mimada yo tenía alguna cosa.

Miré para el galón en mi mano, hesitante, yo iba a quemar todo aquello.

Iba a apagar todo el pasado. Todos los registros de ella. Me tornaría apenas un chico de la calle, una mancha en el pasado de ella.

No resistí, saqué mi navaja y corté los bordes de algunas pinturas, enrollé y coloqué debajo de mi brazo.

Después decidí no parar más, ya estaba anocheciendo y luego alguien podría entrar aquí.

Sonreí, mirando para el interior de aquella casa, encendí un encendedor y dije:

— Esto todavía no se acabó, Savanna.

Tiré el encendedor en el suelo y huí antes que percibieran el incendio.

Inmediatamente intenté contactar Ferdinando en la línea secreta.

— Ferdinando, ¿para dónde Savannah fue?

— ¿Estás loco en preguntarme eso? Yo ya te dije, quédate lejos de ella.

— Yo sé que yo vacilé. Admito mi error. Yo solo quiero protegerla y compensar todo lo que hice.

— ¿Compensar cómo? ¿Prefiriendo Mia a ella otra vez? Ella está más segura sin ti.

— ¡No! ¡No! Yo voy a alejarme de verdad de Mia esta vez. Estoy hablando en serio.

— Yo no creo mucho, pero en fin… porque no visitas a tu madre en el hospital.

Ferdinando desligó y yo entendí, ella debería estar allá.

Aceleré a toda velocidad y estacioné el coche de cualquier manera.

Corrí hasta la recepción.

— ¡Mi madre, Clair Ricci! ¿Ella está con visita? Yo quiero verla.

La recepcionista pareció un poco irritada por mi agitación, pero terminó verificando en su computadora.

— Clair Ricci fue transferida de ese hospital. Ella salió de aquí ahora hace poco.

— ¿Qué?! ¿Cómo? ¿Por qué?

— Voy a llamar al médico responsable y él irá a explicar los detalles.

Salí del hospital con un papel describiendo el real estado de salud de mi madre. Ella era una paciente terminal ahora.

Nada de lo que yo hice consiguió salvarla.

Me senté en la acera, desolado.

Me recordé de todas las veces que apalé de los policías y de personas que intenté robar y resistieron.

Me recordé de llegar herido en casa e intentar disimular para mi madre no ver.

Ella era todo lo que yo tenía, mi única familia y ahora yo estaba perdiéndola.

Y Savannah, sabía de todo y nunca me dijo nada.

Sentí rabia por ella haberlo escondido, pero después percibí, yo hice tantas veces eso con mi madre, escondí que estaba herido solo para ella no preocuparse.

Hasta en ese momento difícil Savanna todavía paró para cuidar de ella. Para garantizar que ella tuviera una buena vida antes del fin.

Porque yo fui a descubrir todo eso sobre ella ahora, después del fin.

Si yo supiera antes, yo no la vería como apenas una niña rica que no le gusta ser contrariada.

Y ella realmente estuvo en el hospital para ver a mi madre, pero yo, como siempre, llegué tarde de más.

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