Quinn Akerman tenía una vida cuidadosamente planeada… hasta que el destino decidió estrellarla contra el suelo a diez mil metros de altura. La muerte de sus padres en un accidente de avión no solo la dejó con un duelo imposible de procesar, sino también con una empresa familiar al borde de la quiebra y una hermanita pequeña, Lily, luchando contra la leucemia.
Acorralada por deudas, abogados y médicos que no aceptan promesas como forma de pago, Quinn se ve obligada a aceptar un acuerdo tan frío como cruel: casarse con uno de los gemelos Benedetti, herederos de un imperio empresarial que alguna vez fue socio de su padre.
El problema no es el matrimonio. El problema es que se casa con el gemelo equivocado.
Eitan Benedetti es serio, mordaz, aparentemente incapaz de sentir algo que no sea control. Eiden Benedetti, en cambio, es carismático, provocador y peligrosamente encantador. Dos rostros idénticos, dos almas opuestas… y una verdad que amenaza con destruirlos a todos.
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Capítulo 5
Eitan
Siempre pensé que los funerales eran lugares de despedida.
Me equivoqué.
También son lugares de comienzos.
La primera vez que vi a Quinn Akerman fue en el funeral de sus padres. Yo estaba allí por negocios, como todo en mi vida por ese entonces. Los Akerman habían sido socios importantes de la empresa familiar, y mi presencia no era una cortesía: era una obligación.
Recuerdo el cielo gris, pesado, como si incluso el clima entendiera que ese día no había nada que celebrar.
Y entonces la vi.
No estaba llorando de forma escandalosa, ni buscaba consuelo en nadie. Estaba de pie, recta, con un vestido negro demasiado sencillo para alguien que acababa de perderlo todo. Tenía el rostro pálido, los ojos enrojecidos y las manos apretadas con una fuerza que delataba que estaba sosteniéndose a base de pura voluntad.
No miraba los ataúdes.
Miraba al frente.
Como si supiera que, si bajaba la mirada, no volvería a levantarse.
Algo en ese gesto me golpeó más fuerte que cualquier lágrima.
—Esa es Quinn —me dijo alguien a mi lado—. La hija mayor.
Asentí sin responder.
Desde ese momento, no dejé de observarla.
La vi recibir pésames como si fueran golpes. La vi asentir, agradecer, sonreír por educación. La vi proteger a una niña pequeña que no soltaba su mano ni un segundo.
Supe que era su hermana sin que nadie me lo dijera. Por como Quinn se inclinaba hacia ella y le susurraba cosas al oído. Por como se interponía sutilmente entre la niña y el mundo, como si con ese simple gesto la estuviera protegiendo de todo.
Ese día entendí algo que no quería aceptar.
Quinn Akerman no era frágil.
Era fuerte porque no tenía otra opción.
Y eso me atrapó.
No hablé con ella. No me acerqué. No era el momento.
Pero cuando me fui, su imagen se quedó conmigo.
Mucho... Demasiado.
Meses después, cuando su nombre volvió a aparecer en un contrato, cuando su situación desesperada se convirtió en una oportunidad para la empresa, ya era demasiado tarde para fingir indiferencia.
Y así, seguí adelante.
Dejé que creyera que se casaba con mi hermano. Dejé que caminara hacia mí sin saber que yo era quien la esperaba. Dejé que dijera “sí” mientras yo mentía en silencio.
No lo hice por poder.
No lo hice por dinero.
Lo hice porque no podía permitir que Eiden la tocara como si fuera algo pasajero. Porque ella era mucho más que eso.
Porque él no la veía.
Yo sí.
Desde entonces, cada día ha sido una batalla.
Escucharla decir su nombre. Ver cómo lo busca en gestos que yo no tengo. Saber que me odia por razones que no puede comprender del todo.
Y aun así, cuando Lily empeoró, no dudé.
La prueba salió positiva hace horas.
Soy compatible.
Mi sangre. Mi médula. Puede salvar a esa pequeña.
El médico me lo dijo en privado.
—Usted es el donante ideal.
Asentí sin pensarlo.
—No le diga nada a Quinn —pedí—. Todavía no.
—Pero ella debería saber…
—Cuando sea necesario —interrumpí—. No antes.
Porque si se entera ahora, me mirará distinto.
Me verá como una solución.
Me verá solo como el hombre que salvó a su hermanita.
No como el hombre que está enamorado de ella desde el primer momento en que la vio.
Estoy dispuesto a darlo todo por ella y su hermana. Incluso mi cuerpo.
Incluso mi vida.
...
Y ahora aquí estoy.
A punto de entregar mi médula ósea a una niña que se merece el mundo entero a su pies.
Y engañando a una mujer que no sabe toda la verdad.
Con Lily todo fue distinto desde el principio.
La primera vez que fui a verla al hospital lo hice en silencio, como hago todo. Le pedí al personal que no avisara a Quinn. No quería que pensara que estaba usando a su hermana como argumento… o como excusa para acercarme a ella.
Lily estaba sentada en la cama, dibujando con lápices de colores. Tenía la piel pálida, pero los ojos brillantes. Demasiado brillantes para alguien que había pasado por tanto.
—Hola —le dije suavemente.
Ella levantó la vista y me observó sin miedo.
—Hola —respondió—. Tú eres el esposo de mi hermana.
Asentí.
—Sí. Soy Eitan.
—Mi hermana dice que eres serio y frío—comentó, como si hablara del clima—. Pero no pareces malo.
Esa frase me atravesó más que cualquier reproche de Quinn.
—¿Y tú qué crees? —pregunté.
Lily se encogió de hombros.
—Creo que las personas tristes a veces parecen serias.
No supe qué decir.
Me senté a su lado. Me mostró su dibujo: una casa, dos figuras grandes y una pequeña en medio.
—Ese es mi papá —dijo señalando—. Y esa es mi mamá.
—¿Y esta? —pregunté, aunque ya lo sabía.
—Soy yo —sonrió—. Mi hermana dice que aunque ellos no estén, nos cuidan desde algún lugar.
Tragué saliva.
—Tu hermana es muy valiente.
—Sí —asintió con orgullo—. Siempre lo ha sido. En muchas noches no dormía solo por cuidarme.
Cerré los ojos un segundo.
—¿Te duele? —pregunté.
—A veces —admitió—. Pero yo quiero curarme. Porque cuando me cure, mi hermana va a volver a sonreír como antes de que pasara todo esto.
En ese momento supe que no había marcha atrás.
Que si mi cuerpo podía darle una oportunidad a esa sonrisa, lo haría sin dudar.
Antes de irme, Lily me tomó la mano.
—Gracias por venir, me caiste muy bien—dijo—. No le digas a mi hermana, ¿sí? No quiero que se preocupe más.
Asentí. Tocándole la cabeza en un gesto cariñoso.
—Es nuestro pequeño secreto— le dije con una sonrisa.
Cuando salí de la habitación, entendí algo con una claridad que dolía.
No solo me había enamorado de Quinn Akerman.
Me había encariñado con su mundo.
Y estaba dispuesto a perderlo todo para salvarlo.
Incluso si, al final, ella nunca llegaba a perdonarme.
Este capítulo es un poco conmovedor por parte de Eitan y Lily. Espero lo disfruten, y no olviden dejar su votito.
Grxs. ❣️