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El Aroma De Los Algoritmos

El Aroma De Los Algoritmos

Status: Terminada
Genre:CEO / Omegaverse / ABO / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

Adrián Varma es el CEO Omega de un imperio tecnológico; un hombre rubio y tierno que oculta su sensibilidad tras trajes impecables y un aroma a pino y toronja. Su mundo perfecto se sacude cuando conoce a Leo, un Alfa atractivo pero con graves dificultades económicas que sobrevive trabajando en lo que puede para salvar a su familia.

A diferencia de otros, Leo exhala un aroma a eucalipto seductor que es capaz de calmar el estrés de Adrián. Lo que comienza como una relación laboral se convierte en una conexión profunda donde el dinero no importa

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Capítulo 21: El Corazón Sobre el Código

La voz de Adrián, rompiéndose entre la estática y el rugir de las llamas en el puerto, fue el único comando que Leo no pudo obedecer. "Vete a la mansión, Leo... ¡Confía en mí!". Aquellas palabras golpearon a Leo como un impacto físico mientras aceleraba su motocicleta. Valerius Thorne creía que conocía a los hombres, creía que el miedo a perder a una madre paralizaría a Leo o lo obligaría a elegir el camino más "noble". Pero Valerius no entendía que para Leo, Adrián no era una posesión ni un jefe; era su alma misma, el aire que permitía que su eucalipto siguiera existiendo.

— Xavi, si me escuchas, manténlo vivo tres minutos —rugió Leo por el comunicador, girando el manubrio hacia la izquierda, ignorando el camino a la mansión—. ¡Solo tres minutos!

El trayecto hacia el puerto fue un borrón de luces borrosas y lluvia ácida. Mientras tanto, en el Almacén 44, el aire se había vuelto irrespirable. El humo negro, denso y cargado de químicos, devoraba el pino de Adrián. Xavi, herido en el hombro por la traición inicial, disparaba desde detrás de un contenedor de carga, manteniendo a raya a los dos guardias desertores que intentaban rematarlos antes de que el fuego consumiera todo rastro del crimen.

— ¡Adrián, al suelo! —gritó Xavi, mientras una explosión de barriles de combustible iluminaba el lugar con un naranja infernal.

Adrián sentía que sus pulmones se cerraban. El calor era tan intenso que el sudor le escocía en los ojos. En ese momento de asfixia, el aroma a toronja de Adrián desapareció, reemplazado por un rastro agónico de pino seco. Estaba perdiendo el conocimiento cuando, de repente, un estruendo metálico superó al del incendio.

La motocicleta de Leo atravesó el portón de carga lateral, volando literalmente sobre los escombros ardientes. El Alfa no se detuvo; derrapó la máquina en medio del fuego, usándola como escudo improvisado. Leo saltó de la moto antes de que esta se detuviera por completo. Su aroma a eucalipto ahumado estalló en el almacén con tal fuerza que, por un segundo, pareció desplazar el olor a humo. Era la presencia de un depredador enfurecido.

— ¡Leo! —alcanzó a exclamar Xavi, sorprendido.

Leo no desperdició palabras. Con una precisión brutal, localizó a los dos traidores entre las sombras y las llamas. No necesitó armas de fuego; se movió con la velocidad de una sombra, desarmando al primero con un golpe que le rompió la muñeca y derribando al segundo con una tacleada que los llevó al suelo caliente. Su furia era tal que el guardia traidor ni siquiera pudo suplicar antes de quedar inconsciente.

— ¡Adrián! —Leo corrió hacia los contenedores donde el Omega yacía pálido.

Lo tomó en sus brazos, sintiendo el calor abrasador a través de su propia ropa. Adrián estaba semiinconsciente, su piel antes de porcelana ahora estaba manchada de hollín y ceniza.

— Te tengo, te tengo... —susurró Leo, su voz quebrada por la angustia.

Cargó a Adrián al estilo nupcial, mientras Xavi, cojeando pero firme, los cubría hacia la salida. Las vigas del techo empezaron a colapsar, cayendo como lanzas de fuego a su alrededor. Leo protegió el cuerpo de Adrián con el suyo, sintiendo cómo las chispas le quemaban la espalda, pero no se detuvo hasta que los pulmones de ambos se llenaron del aire frío y lluvioso del exterior.

Dejó a Adrián suavemente sobre el asfalto mojado, lejos del almacén que ahora era una pira funeraria. Leo le acarició el rostro, liberando ráfagas desesperadas de eucalipto fresco para intentar despertar sus sentidos.

— Mírame, por favor, mírame —suplicaba Leo, mientras las sirenas de los bomberos empezaban a escucharse a lo lejos.

Adrián abrió los ojos lentamente, tosiendo y buscando aire. Al ver el rostro de Leo, cubierto de ceniza y con los ojos inyectados en sangre por el humo, Adrián dejó escapar un sollozo.

— Te dije... te dije que fueras a la mansión... tu madre...

— Mi madre tiene a Samuel y a Mila —respondió Leo, pegando su frente a la de Adrián mientras las lágrimas limpiaban surcos en su rostro sucio—. Pero tú solo me tienes a mí. Y yo no existo si tú no estás, Adrián. El mundo puede arder, pero no sin ti.

Adrián se aferró a la sudadera de Leo, inhalando el aroma ahumado que ahora significaba vida. Pero el momento de alivio fue corto. El comunicador de Xavi, tirado en el suelo, emitió una señal de voz. Era la voz de Mila, entre gritos y ruidos de forcejeo en la mansión.

Valerius Thorne no había esperado. El ataque al hogar de los Varma había comenzado.

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Micheli 🇧🇷
☺️
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