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El Pequeño Heredero Que Domó Al CEO

El Pequeño Heredero Que Domó Al CEO

Status: Terminada
Genre:CEO / Madre soltera / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Valentina Ríos huyó de la ciudad cinco años atrás con el corazón destrozado y un secreto que jamás pensó revelar.
Ahora ha regresado con su pequeño hijo, Leo, decidida a comenzar una nueva vida.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4 — El secreto de los Montenegro

—Es el heredero de algo que tu familia lleva cinco años intentando ocultar.

Las palabras de Victoria quedaron flotando en la sala.

Adrián no se movió.

Durante unos segundos, solamente observó a su madre.

—Explícate.

Victoria respiró profundamente.

—No es algo que pueda contarte en una sola noche.

—Entonces empieza.

—Adrián…

—¡Mamá!

Victoria cerró los ojos.

Sabía que aquel momento terminaría llegando.

Había guardado el secreto durante cinco años, cumpliendo una promesa que había hecho por miedo y por lealtad a su familia.

Pero ahora su hijo estaba frente a ella.

Y la verdad ya no podía permanecer enterrada.

—Tu padre tenía un acuerdo con la familia Ríos —comenzó.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué clase de acuerdo?

—Uno que involucraba las acciones de Montenegro Group.

—No entiendo.

Victoria tomó asiento.

—Hace muchos años, antes de que tú asumieras la dirección de la empresa, tu padre compró una parte importante de las acciones. Pero una de esas participaciones no pertenecía realmente a él.

Adrián guardó silencio.

—¿A quién pertenecía?

Victoria levantó la mirada.

—A la familia Ríos.

El nombre hizo que Adrián pensara inmediatamente en Valentina.

—¿Valentina?

—Su familia había invertido en la empresa mucho antes de que tú nacieras.

Adrián comenzó a comprender.

—Entonces… ¿qué tiene que ver Leo?

Victoria entrelazó las manos.

—El acuerdo establecía que, si algún día la familia Ríos tenía un descendiente directo, una parte de esas acciones pasaría a él.

Adrián quedó inmóvil.

—¿Leo es dueño de acciones de Montenegro Group?

—Legalmente, sí.

La noticia lo dejó sin palabras.

Durante años había pensado que su imperio le pertenecía por completo.

Había trabajado desde joven para mantenerlo.

Había sacrificado amistades, relaciones y tranquilidad.

Y ahora descubría que un niño de cinco años tenía derechos sobre una parte de aquello que consideraba suyo.

Pero eso no era lo que más le preocupaba.

—¿Por qué mi padre quería ocultarlo?

Victoria bajó la mirada.

—Porque tenía miedo de que alguien intentara utilizar al niño para quedarse con el control de la empresa.

Adrián recordó inmediatamente las palabras de Daniel.

La adquisición.

Las irregularidades.

La conspiración.

Todo comenzaba a encajar.

—¿Quién más sabía esto?

Victoria tardó en responder.

—Tu padre.

—¿Quién más?

—Yo.

Adrián esperó.

—Y alguien de la familia Ríos.

—¿Quién?

Victoria no respondió.

Adrián golpeó suavemente la mesa con la palma.

—¡Mamá!

—No puedo decírtelo.

—¡Estoy cansado de secretos!

Victoria lo miró con tristeza.

—Yo también.

Mientras tanto, en el apartamento de Valentina, Leo estaba sentado en la sala haciendo un dibujo.

Valentina lo observaba mientras preparaba la cena.

—Mamá.

—¿Sí?

—Mira.

Leo levantó una hoja.

Había dibujado tres personas.

Una era él.

Otra era Valentina.

Y la tercera era un hombre alto con traje oscuro.

Valentina se quedó quieta.

—¿Quién es él?

Leo sonrió.

—El señor serio.

Valentina intentó sonreír.

—¿Por qué lo dibujaste?

—Porque creo que está triste.

Ella dejó lo que tenía en las manos.

—¿Por qué piensas eso?

Leo se encogió de hombros.

—Porque mira como si estuviera buscando algo.

Valentina sintió un nudo en la garganta.

Los niños podían percibir cosas que los adultos intentaban ocultar.

—No tienes que preocuparte por él.

—Pero quiero volver a verlo.

Valentina negó suavemente.

—Eso no depende de nosotros.

En ese momento sonó su teléfono.

Era un número desconocido.

Valentina contestó.

—¿Hola?

Nadie respondió.

—¿Hola?

Entonces escuchó una voz.

—¿Creíste que podías esconder al niño para siempre?

Valentina se quedó paralizada.

—¿Quién eres?

La llamada terminó.

Sus manos comenzaron a temblar.

Leo levantó la mirada.

—¿Mamá?

Valentina guardó el teléfono.

—No pasa nada.

Pero sabía que era mentira.

Alguien había descubierto el secreto.

A la mañana siguiente, Adrián llegó a la empresa antes que todos.

Daniel ya lo esperaba.

—Necesito saber quién tiene acceso a los documentos de mi padre.

—Ya hice la lista.

Daniel le entregó una carpeta.

Adrián comenzó a leer.

Había nombres de antiguos abogados, socios y familiares.

Entonces encontró uno que reconocía.

—Sebastián.

—Sí.

—¿Mi primo sabía de esto?

—No lo sabemos todavía.

Adrián cerró la carpeta.

—Averígualo.

Daniel asintió.

—Hay otra cosa.

—¿Qué?

—Alguien retiró documentos del archivo familiar hace dos semanas.

Adrián levantó la mirada.

—¿Quién?

—Las cámaras muestran a una persona entrando de madrugada.

Daniel colocó una fotografía sobre la mesa.

La imagen era borrosa.

Pero se distinguía claramente una silueta.

Adrián la observó.

—¿Puedes identificarla?

—Estamos trabajando en ello.

Adrián tomó la fotografía.

Entonces vio algo.

Un reloj.

Un reloj que reconocía.

Lo había visto muchas veces.

Pertenecía a alguien de su propia familia.

Esa tarde, Adrián fue hasta el apartamento de Valentina.

Ella abrió la puerta y se sorprendió al verlo.

—¿Qué haces aquí?

—Tenemos que hablar.

—No.

Intentó cerrar.

Adrián puso una mano en la puerta, sin forzarla.

—No vengo a discutir.

Valentina lo miró con desconfianza.

—Entonces, ¿qué quieres?

—Quiero proteger a Leo.

Aquella frase hizo que ella dudara.

—¿De qué?

Adrián sacó la fotografía que había encontrado.

—Alguien está investigando a tu hijo.

Valentina palideció.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque también están investigando a mi familia.

Ella lo miró fijamente.

—¿Qué tiene que ver tu familia con Leo?

Adrián respiró profundamente.

—Más de lo que imaginas.

Antes de que pudiera continuar, escucharon un ruido.

Leo apareció detrás de Valentina.

—¿Otra vez tú?

Adrián lo miró.

Por primera vez, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Sí.

Leo cruzó los brazos.

—Mi mamá dice que perteneces al pasado.

Adrián miró a Valentina.

—Quizás el pasado regresó porque todavía tiene asuntos pendientes.

Leo frunció el ceño.

—¿Quieres entrar?

Valentina abrió los ojos.

—¡Leo!

El pequeño se encogió de hombros.

—Solo pregunté.

Adrián soltó una pequeña risa.

—Gracias.

Valentina suspiró.

—Cinco minutos.

Adrián entró.

Y en ese instante ocurrió algo que ninguno de los dos esperaba.

Leo tomó su mano.

Adrián se quedó inmóvil.

Aquella pequeña mano alrededor de la suya produjo una sensación extraña.

Familiar.

Cálida.

Como si una parte de su vida que había estado perdida finalmente hubiera regresado.

Adrián miró al niño.

Leo levantó la cabeza.

—Tienes los mismos ojos que yo.

Adrián sintió que el corazón se le detenía.

Valentina cerró los ojos.

Era demasiado tarde.

El parecido ya no podía ocultarse.

Horas después, Adrián salió del apartamento.

En su automóvil, recibió una llamada de Daniel.

—Señor, identificamos a la persona de las cámaras.

Adrián se quedó en silencio.

—¿Quién es?

Daniel dudó.

—Es Sebastián Montenegro.

Adrián apretó la mandíbula.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

La llamada terminó.

Adrián miró hacia el edificio donde Valentina vivía.

Ahora comprendía que la amenaza no estaba lejos.

Estaba dentro de su propia familia.

Y si Sebastián había descubierto la existencia de Leo…

también podía descubrir el verdadero valor del pequeño heredero.

Adrián encendió el automóvil.

Esta vez no pensaba perder.

Ni la empresa.

Ni a su hijo.

Y mucho menos a la mujer que, cinco años después, todavía conseguía alterar cada una de sus certezas.

Pero mientras el automóvil desaparecía por la avenida, alguien observaba desde otro vehículo.

Sebastián tenía el teléfono en la mano.

—Ya lo sabe —dijo.

Una voz femenina respondió:

—Entonces tendremos que adelantarnos.

Sebastián sonrió.

—¿Y qué hacemos con Valentina?

La respuesta llegó después de unos segundos.

—Haz que vuelva a desaparecer.

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Edith Tortolero
hola me está gustando, me gusta el suspenso,. ojalá y se resuelva pronto porque, cuando pasa mucho tiempo en resolverse aburre.. 🥰
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: -Hola, Edith.. Qué alegría saber que te está gustando. Tienes razón, no nos tomaremos demasiado tiempo pronto sabrás la verdad!
total 1 replies
Eliana Angulo
me gustó tu novela.. te felicitó
Maria Garcia
muy buena su novela
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Gracias por este apoyo tan lindo... Me motiva muchísimo 💙 te invito a leer otras mis novelas
total 1 replies
Eliana Angulo
Leo es increíble... niño muy inteligente.. tiene la fe más fuerte🥹
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Totalmente de acuerdo! Su fe y su valentía lo hacen especial, vienen momentos hermosos con él
total 1 replies
Eliana Angulo
lo explica todo.. estaba planeado desde antes😱
Eliana Angulo
Quién les manda las advertencia... será un amigo o enemigo... necesito saberlo ya🤭
Eliana Angulo
tiene dos caminos para recuperar a Leo o perderlo todo...la tensión está al máximo y cada frase me hace querer saber más👏👏
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Me alegra muchísimo que te atrape.. Cada decisión cuenta y el destino de Leo está en juego… ¡sigue leyendo!😉
total 1 replies
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