Dinámica entre un Duque con doble personalidad (Alistair y Vane), el sanador dulce pero fuerte que lo cautiva
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La Tensión en el Borde del Abismo
Al día siguiente, la atmósfera en Cima Blanca era casi insoportable. Julian pasó la mañana en los aposentos ducales preparando los compresas de hierbas para la sesión nocturna. La contención de la noche anterior había dejado una marca de tensión erótica flotando en el aire entre él y el Duque.
Por la tarde, mientras Julian cruzaba el jardín interior para recoger flores de nieve recién brotadas, una figura imponente lo interceptó en el pasillo cubierto.
Era el Duque, pero Julian supo de inmediato que no era Alistair. La postura felina, los hombros relajados pero peligrosos, y la mirada dorada que lo devoraba a la distancia delataban a Vane.
Vane no llevaba jubón de corte, sino una camisa de entrenamiento negra abierta hasta la mitad del pecho, mostrando las gotas de sudor brillando sobre sus músculos bien definidos y la cicatriz rúnica latiendo con fuerza.
—Pajarillo... —siseó Vane, acortando la distancia con dos zancadas rápidas.
Julian retrocedió un paso hasta que su espalda chocó contra uno de los pilares de granito del pasillo. Vane apoyó ambas manos a los lados de la cabeza de Julian, encerrándolo por completo. El aroma a hierro, sudor varonil y magia pura que emanaba del guerrero era abrumador.
—Vane... aquí no, alguien podría vernos —murmuró Julian, aunque su corazón latía desesperado en su garganta al sentir el calor corporal del hombre.
—Que miren —sonrió Vane de forma peligrosa y arrogante—. Que vean a quién le pertenece el pequeño sanador que ha vuelto loco al heredero del Norte.
Vane se inclinó y atrapó el labio inferior de Julian con sus dientes, tirando suavemente antes de lamer la pequeña herida con la punta de su lengua. Un gemido involuntario escapó de la garganta de Julian. Las manos de Vane no tardaron en bajar, deslizándose con audacia por los costados del muchacho, apretando su cintura con una posesividad feroz.
—Alistair es demasiado paciente —gruñó Vane contra la piel caliente del cuello de Julian, dejando un mordisco que hizo que el chico se arqueara contra él—. Te besa como si fueras de cristal. Yo sé de qué estás hecho, pajarillo. Sé cómo se acelera tu pulso cuando te toco así...
Vane metió una mano por debajo de la túnica de Julian, subiendo por su muslo desnudo, rozando la cara interna con dedos ardientes. Julian cerró los ojos, apretando los muslos instintivamente, atrapando la mano de Vane en un abrazo apretado de carne y deseo.
—Ah... Vane, por favor... —suplicó Julian, abrumado por la marea de sensaciones.
—Dilo. Di que me quieres a mí también —exigió Vane, apretando su cadera contra la de Julian, haciéndole sentir la erección prominente y dura que empujaba contra sus ropas—. Di que no solo quieres sus versos, sino también mi fuego.
—Te... te quiero a ti también... —admitió Julian entre jadeos, incapaz de seguir negando la atracción electrizante que sentía por la facjeta oscura de su señor.
Vane dejó salir un gruñido satisfecho y volvió a apoderarse de sus labios en un beso profundo, húmedo y dominante. Su mano subió por el muslo hasta rozar el borde de la ropa interior de Julian, a punto de despojarlo de la cordura ahí mismo en el pasillo público.
Sin embargo, el sonido de botas pesadas acercándose por la galería interrumpió el encuentro.
Vane se congeló. Sus ojos dorados destilaron una rabia asesina hacia la esquina del pasillo, pero apretando los dientes, sujetó a Julian por la nuca y le dio un último beso posesivo.
—Esta noche... no habrá interrupciones —prometió Vane con voz ronca—. Alistair y yo hemos llegado a un acuerdo. Y tú serás nuestro.
Vane se alejó a pasos rápidos justo antes de que una guardia de consejeros doblara la esquina. Julian se quedó apoyado contra el pilar, intentando recuperar el aliento, con los labios hinchados y el cuerpo entero temblando por la anticipación de lo que ocurriría cuando cayera la noche.
es mentira