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Bajo El Cielo De Aquella Infancia

Bajo El Cielo De Aquella Infancia

Status: Terminada
Genre:CEO / Amor de la infancia / Romance de oficina / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

Sinopsis
​Atrapada durante una década en un matrimonio marcado por el maltrato psicológico y el control asfixiante de su esposo Esteban, Sofía ha visto cómo su brillante formación y su autoestima se consumían en el silencio. Su vida da un vuelco inesperado cuando un viaje de trabajo la reencuentra con Mateo, un amigo de la infancia convertido en un poderoso líder corporativo que jamás olvidó la promesa de protegerla.
​Con el apoyo inquebrantable de Mateo y la firmeza de la justicia, Sofía logra romper sus cadenas, enfrentar a su agresor en los tribunales y transformar su dolor en un faro de esperanza al fundar un centro de apoyo para mujeres víctimas de violencia. Entre batallas legales, la reconstrucción de su propia identidad y un amor maduro que desafía las sombras del pasado, Sofía redescubre su libertad y aprende que ningún infierno es eterno cuando se decide volver a empezar bajo el mismo cielo.

NovelToon tiene autorización de Luna Azul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Las cadenas invisibles

​El resto de la tarde transcurrió como un borrón espeso y vertiginoso. Mis dedos se movían sobre el teclado de la computadora de manera casi autónoma, ingresando balances, conciliando cuentas y archivando hojas de cálculo, pero mi mente seguía atrapada en la imponente sala de juntas, bajo el peso de la mirada de Mateo y el eco de su advertencia. A las seis en punto, en el callejón trasero. Hablaremos quieras o no.

​Cada vez que el segundero del reloj digital de la esquina inferior de mi monitor avanzaba, un temblor sordo me recorría la columna. No podía permitirme un encuentro a solas con él. El peligro no radicaba únicamente en lo que la empresa pudiera murmurar sobre una supuesta favoritismo o un escándalo de pasillo; el verdadero peligro habitaba en casa. Si Esteban llegaba a enterarse de que el nuevo director general de mi compañía era el mismo chico de quien yo le había hablado en un arrebato de inocencia hace años —o peor aún, si sospechaba que otro hombre mostraba interés en rescatarme—, las consecuencias serían devastadoras. Los celos enfermizos de mi esposo no conocían límites, y su forma de castigar mis supuestas faltas siempre dejaba marcas invisibles al mundo pero insoportables en mi piel.

​A las cinco y cincuenta y cinco de la tarde, el bullicio general de la oficina comenzó a apagarse mientras los compañeros de trabajo recogían sus pertenencias y se apresuraban hacia los ascensores. Guardé mi equipo con manos torpes, sintiendo que el aire se volvía cada vez más escaso. Cuando el reloj marcó las seis, mi corazón latía desbocado contra mis costillas.

​Salí del piso dieciocho junto con un grupo rezagado, bajé en el ascensor intentando mantener la respiración calmada y crucé el amplio vestíbulo de mármol del edificio corporativo. El aire fresco de la tarde me golpeó en cuanto puse un pie en la acera, pero el alivio duró poco. Al doblar hacia el callejón lateral que daba al estacionamiento privado, una silueta alta y esbelta, con el abrigo oscuro desabotonado y las manos en los bolsillos, se recortaba contra la luz ámbar de las farolas.

​Mateo me estaba esperando.

​—Sabía que vendrías —dijo él con voz firme pero calmada, apartándose de la pared de ladrillo al verme aparecer.

​—No debiste citarme aquí, Mateo —atajé de inmediato, deteniéndome a unos pasos de distancia, con las manos aferradas con fuerza a las asas de mi bolso como si fuera un salvavidas—. Esto es una locura. Si alguien nos ve...

​—Que nos vean —me interrumpió con un tono de desafío absoluto, dando un paso al frente para acortar la distancia—. No estoy haciendo nada malo. Solo quiero hablar con la mujer a la que busqué durante una década. ¿Por qué huyiste aquella vez, Sofía? ¿Por qué borraste cada rastro tuyo del pueblo?

​—No tenía opción —le respondí, sintiendo que la garganta se me cerraba de puro dolor al recordar el naufragio financiero de mi familia y la presión asfixiante de un entorno que se derrumbaba—. Las deudas de mis padres nos ahogaban, la casa se perdió de la noche a la mañana y tuvimos que marcharte sin mirar atrás. En ese momento, tú tenías una beca para estudiar en el extranjero y un futuro brillante por delante. Yo no podía ser el ancla que arrastrara tu vida al fango.

​—Yo habría bajado las estrellas con las manos si me lo hubieras pedido —murmuró él, extendiendo una mano en un gesto involuntario, como si quisiera acariciar mi mejilla, pero deteniéndose al ver cómo me encogía por instinto—. Me doló más tu silencio que la miseria, Sofía. Pero lo que más me duele ahora no es el pasado. Es el presente. Es ver cómo te miras las manos, cómo temblas cuando levanto la voz, cómo te encoges en tu propio cuerpo.

​—Basta, te lo suplico —le corté con un hilillo de voz, sintiendo que las lágrimas amenazaban con romper la muralla de mis ojos—. No sabes nada de mi vida. No sabes con quién comparto mi techo.

​—Ilumíname entonces —retó Mateo, con los ojos oscuros brillando de furia contenida—. Dime su nombre. Dime quién es el cobarde que te ha apagado la luz de los ojos y te tiene viviendo con miedo. Lo destruiré en veinticuatro horas. Conozco a los inversores, conozco a los jueces, tengo el poder de borrarlo del mapa.

​—No puedes —grité en un sollozo ahogado, perdiendo por un segundo el control y olvidando dónde estábamos—. ¡No tienes idea de lo que es capaz de hacer! Si sospecha tan solo que hablé con otro hombre, si descubre que alguien intenta meterme ideas en la cabeza... mi casa se convierte en un infierno. Gritos, golpes, amenazas con destruir lo poco que queda de mi familia. ¡Estoy atrapada, Mateo! ¡Atrapada!

​El silencio que siguió a mi confesión fue absoluto, pesado y cortante. Mateo se quedó inmóvil, con los puños apretados a los costados y la mandíbula tensa hasta marcarse en relieve. Comprendí de inmediato que había hablado de más. El terror helado volvió a apoderarse de mis entrañas.

​—¿Golpes? —repitió él, y su voz sonó tan fría y peligrosa que me recorrió un escalofrío por la espalda—. ¿Te ha puesto una mano encima?

​—Olvida lo que dije. Olvídate de mí, de mi nombre y de que alguna vez nos conocimos de niños —le supliqué con desesperación, dando un par de pasos hacia atrás, lista para echar a correr hacia la avenida principal—. Quédate con tu empresa, con tu dinero y con tu vida. Déjame en paz. Es la única forma en que estaré a salvo.

​Me di la vuelta a toda prisa, sin esperar su respuesta, y eché a correr hacia la parada de autobús con el corazón en la boca. Aceleré el paso mientras la noche comenzaba a caer sobre la gran ciudad, sabiendo con terrorífica certeza que, aunque había intentado huir de Mateo en ese callejón, las cadenas invisibles que me ataban a mi esposo ya habían empezado a crujir. Y cuando Esteban notara que yo había llegado tarde a casa, el infierno real estaba por desatar su furia.

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alicia g
en el mundo hay muchas sofias que no an encontrado un mateo que la ayude y no pudieron salir de ese destino tan cruel que le an tocado ,felicitaciones escritora, excelente tu historia
Manu
Tu trabajo es excelente. Tienes una fan que lee todas tus novelas y siempre se queda con un wao, que historia más bonita.
Manu
Me has dejado pasmada con esta historia. Y creo que algo que viven muchas mujeres. Me encanta eso que escribes y al final hay un reflexión, no es escribir novelas vacías.. Admiración full. 🥰
Marta Gutierrez: para reflexionar
total 1 replies
Manu
Se me hizo chiquito el capitulo 😭
Manu
Que buenos capítulos 🥰
Manu
🥰👏
Cliente anónimo
Está súper interesante
Marta Gutierrez
me encanta la historia muy bien escrita felicitaciones
Marta Gutierrez
está muy buena está historia de 💕
Judy
Una historia de esperanza y amor! Felicitaciones!
Judy
Una realidad dolorosa que sufren a diario muchas mujeres, plasmada en esta historia que emociona y da esperanza, Gracias! Felicitaciones
Manu
Que buen inicio 👏
Alexandra Ortiz Posada
Ojalá Sofía reflexione y no siga siendo la chica tonta que no se aleja de su opresor ni se deja ayudar
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