una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?
NovelToon tiene autorización de Arnold Alonso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La torre navarro
La lluvia seguía cayendo sobre Ciudad Oscura cuando Gabriel Torres y Sofía Navarro abandonaron el viejo almacén donde se habían refugiado durante la batalla del puerto.
A lo lejos todavía podían escucharse disparos aislados, sirenas y el eco de explosiones. La guerra que había comenzado aquella noche estaba lejos de terminar.
Gabriel caminaba rápidamente junto a Sofía mientras intentaba ordenar todo lo que había ocurrido.
Horas atrás creía que Antonio Romano y Víctor Moretti eran el mayor problema de la ciudad.
Ahora sabía la verdad.
La Sombra Negra era mucho más peligrosa.
Mucho más poderosa.
Y estaba dirigida por un hombre dispuesto a sacrificar a cualquiera para obtener el control absoluto de Ciudad Oscura.
—¿Estás segura de que los archivos siguen en la torre? —preguntó Gabriel mientras avanzaban por una calle vacía.
—Completamente segura —respondió Sofía.
—¿Y qué contienen exactamente?
—Todo.
Gabriel la miró.
—¿Todo?
—Nombres de políticos corruptos, empresarios, policías, jueces, cuentas bancarias, contratos ilegales, operaciones secretas, asesinatos... todo lo que ha hecho La Sombra Negra durante años.
Gabriel sintió un escalofrío.
Si lograban obtener aquella información, podrían destruir a la organización para siempre.
Pero también sabía que sería extremadamente difícil.
—¿Tu padre sabe que intentas detenerlo?
Sofía permaneció en silencio unos segundos.
—Creo que lo sospecha.
—Eso no me tranquiliza.
—A mí tampoco.
Finalmente llegaron a un estacionamiento abandonado donde había un automóvil oculto entre varios vehículos cubiertos de polvo.
Subieron rápidamente.
Mientras Sofía conducía, Gabriel observó las calles.
La ciudad parecía inquieta.
En varios puntos podían verse patrullas policiales.
Los noticieros mostraban imágenes del puerto.
Las autoridades hablaban de una explosión industrial.
Pero Gabriel sabía que aquello era una mentira.
La verdadera historia era mucho más oscura.
Al mismo tiempo, en el antiguo puerto, Antonio Romano observaba el campo de batalla.
La lluvia comenzaba a apagar los incendios provocados por los enfrentamientos.
Varios de sus hombres atendían a los heridos.
Otros vigilaban la zona.
Antonio tenía una herida en el brazo izquierdo.
Nada grave.
Pero suficiente para recordarle que había estado cerca de la muerte.
Uno de sus capitanes se acercó.
—Jefe.
—¿Cuántos perdimos?
—Once hombres.
Antonio cerró los ojos durante un instante.
Eran demasiados.
Muchos de ellos habían trabajado para él durante años.
—¿Y los atacantes?
—La mayoría escapó.
Antonio apretó los dientes.
Aquello le molestaba.
No le gustaba perder.
Mucho menos cuando ni siquiera conocía realmente a su enemigo.
A varios metros de distancia, Víctor Moretti enfrentaba una situación similar.
También había sufrido bajas importantes.
También estaba furioso.
Uno de sus hombres le entregó un informe.
—Encontramos algo.
Víctor abrió la carpeta.
Dentro había fotografías tomadas durante el combate.
En una de ellas aparecía claramente Esteban Navarro.
Víctor observó la imagen durante varios segundos.
—Así que este es el hombre.
—Parece ser el líder.
—No por mucho tiempo.
Víctor cerró la carpeta.
Por primera vez en años no pensaba en destruir a Antonio.
Pensaba en destruir a Esteban Navarro.
Mientras tanto, Gabriel y Sofía llegaron finalmente a la Torre Navarro.
El edificio dominaba el horizonte nocturno.
Era una gigantesca estructura de cristal y acero que se elevaba por encima de todos los demás edificios.
Sesenta pisos.
Tecnología de última generación.
Seguridad privada.
Cámaras en cada rincón.
Gabriel levantó la vista.
—Parece una fortaleza.
—Porque lo es.
—Y vamos a entrar ahí.
—Sí.
—Empiezo a pensar que estoy loco.
Sofía sonrió ligeramente.
—Eso te hace dos.
Entraron al estacionamiento subterráneo utilizando una entrada de mantenimiento.
Sofía sacó varias tarjetas electrónicas.
—Las tomé hace meses.
—¿Por si algún día decidías traicionar a tu padre?
—Por si algún día necesitaba detenerlo.
Las puertas electrónicas comenzaron a abrirse una tras otra.
Primer control.
Segundo control.
Tercer control.
Todo parecía demasiado fácil.
Gabriel comenzó a sentirse incómodo.
—¿No te parece extraño?
—¿Qué cosa?
—Nadie nos ha detenido.
Sofía no respondió.
Porque ella también comenzaba a sospechar lo mismo.
En el último piso de la torre, Esteban Navarro observaba varias pantallas de seguridad.
Un asistente se acercó.
—Señor.
—¿Sí?
—Su hija acaba de entrar al edificio.
Esteban sonrió.
—Lo imaginaba.
—¿Ordenamos capturarla?
—No.
—Pero podría llegar a los servidores.
—Déjala.
El asistente parecía confundido.
—¿Está seguro?
—Completamente.
Esteban observó la imagen de Sofía caminando junto a Gabriel.
—A veces una persona necesita creer que tiene una oportunidad.
Sin saber que estaban siendo observados, Gabriel y Sofía continuaron avanzando.
Llegaron a un ascensor privado protegido por varios sistemas electrónicos.
La tarjeta funcionó.
Las puertas se abrieron.
Ambos entraron.
—Los servidores están en el piso cincuenta y ocho —explicó Sofía.
El ascensor comenzó a subir.
Cada número que aparecía en la pantalla aumentaba la tensión.
Treinta.
Treinta y cinco.
Cuarenta.
Cuarenta y cinco.
Ninguno hablaba.
Finalmente llegaron.
Las puertas se abrieron lentamente.
Frente a ellos apareció un largo pasillo iluminado.
Al final había una enorme puerta metálica.
Parecía la entrada a una bóveda.
Sofía se acercó al panel.
Introdujo una contraseña.
Luego colocó su huella digital.
Durante unos segundos nada ocurrió.
Entonces la puerta comenzó a abrirse.
Gabriel observó el interior.
Era impresionante.
Decenas de servidores ocupaban toda la sala.
Miles de luces parpadeaban.
Pantallas mostraban información en tiempo real.
Toda la estructura parecía el cerebro de una organización gigantesca.
—Aquí está —susurró Sofía.
Gabriel apenas podía creerlo.
Después de meses de investigaciones finalmente habían llegado al corazón de La Sombra Negra.
Sofía conectó un dispositivo portátil a uno de los servidores.
La transferencia comenzó inmediatamente.
1%.
2%.
3%.
Miles de archivos empezaron a copiarse.
Gabriel observaba fascinado las carpetas.
Había documentos de todo tipo.
Pagos ilegales.
Transferencias internacionales.
Listas de nombres.
Grabaciones.
Fotografías.
Pruebas suficientes para destruir a cientos de personas poderosas.
—Esto cambiará todo —dijo.
—Eso espero.
La transferencia continuó.
15%.
20%.
25%.
Pero entonces una voz resonó detrás de ellos.
—Sabía que vendrías.
Gabriel se giró de inmediato.
En la entrada estaba Esteban Navarro.
Acompañado por varios hombres armados.
El corazón de Gabriel se aceleró.
Sofía bajó lentamente la cabeza.
—Padre.
Esteban observó la escena.
—Estoy decepcionado.
—No me importa.
—Debería importarte.
—No después de todo lo que has hecho.
Esteban caminó lentamente por la sala.
—Todo esto es por el bien de la ciudad.
Sofía negó con la cabeza.
—No.
—Sí.
—Lo haces por poder.
La expresión de Esteban se endureció.
—El poder es lo único que mantiene el orden.
—No cuando se consigue asesinando personas.
Gabriel observó discretamente la pantalla.
La transferencia seguía avanzando.
40%.
45%.
50%.
Necesitaban tiempo.
Mucho tiempo.
—Entrégame el dispositivo —ordenó Esteban.
—No.
—Sofía.
—No.
El silencio llenó la sala.
Finalmente Esteban suspiró.
—Lamento escuchar eso.
Los hombres armados levantaron sus armas.
Gabriel sintió que todo había terminado.
Pero en ese mismo instante una explosión sacudió el edificio.
Las luces parpadearon.
Todos perdieron el equilibrio.
Una segunda explosión fue aún más fuerte.
Las ventanas vibraron.
Las alarmas comenzaron a sonar.
—¿Qué ocurre? —gritó uno de los guardias.
Esteban parecía confundido.
Aquello no formaba parte de su plan.
Gabriel corrió hacia una pantalla de seguridad.
Lo que vio lo dejó sin palabras.
En la entrada principal de la torre había una enorme cantidad de vehículos.
Decenas.
Quizás más.
Y al frente de todos ellos estaban Antonio Romano y Víctor Moretti.
Por primera vez en años habían dejado de lado sus diferencias.
No eran aliados.
Todavía se odiaban.
Pero ambos habían comprendido que La Sombra Negra era una amenaza mayor.
—Mira esto —dijo Gabriel.
Sofía observó la pantalla.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Los hombres de Antonio estaban entrando por el lado norte.
Los de Víctor por el lado sur.
Los guardias de la torre intentaban detenerlos.
Pero eran superados.
La batalla había comenzado.
Esteban observó las imágenes.
Por primera vez parecía preocupado.
—Interesante.
—Tu imperio se está derrumbando —dijo Sofía.
Esteban sonrió levemente.
—Aún no.
Gabriel volvió a mirar la transferencia.
60%.
65%.
70%.
Todavía faltaba.
Y cada segundo contaba.
Las explosiones continuaban sacudiendo el edificio.
Los disparos resonaban en los pisos inferiores.
La guerra había llegado directamente al corazón de La Sombra Negra.
Y mientras Antonio Romano y Víctor Moretti avanzaban hacia la cima de la torre, Gabriel comprendió algo.
La batalla del puerto había sido solo el comienzo.
La verdadera guerra por Ciudad Oscura acababa de empezar.
Continuará en el Capítulo 6...