Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.
Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.
Así que tomó una decisión:
desaparecer junto con ella.
Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.
La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.
NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El inicio del viaje
Partimos dos días después.
Y debo admitir algo.
Las novelas también me habían mentido sobre las caravanas.
Mucho.
Porque cuando una protagonista se une a una caravana normalmente sucede esto:
"Después de varias semanas de viaje llegaron a su destino."
Fin.
Listo.
Fácil.
Sencillo.
Maravilloso.
La realidad era completamente diferente.
Llevábamos tres horas de viaje.
Tres.
Y ya estaba cansada de escuchar a los comerciantes discutir.
—Te digo que ese hombre me estafó.
—No te estafó.
—Me vendió treinta sacos de trigo húmedo.
—Porque compraste trigo durante la temporada de lluvias.
—Eso sigue siendo una estafa.
—Eso se llama ser idiota.
Me quedé observándolos.
—¿Discuten así todos los días?
—Sí.
—¿Y siguen siendo amigos?
—Lamentablemente.
Aquello explicaba muchas cosas.
Suspiré y acomodé mejor mi postura sobre la silla de montar.
Mi yegua avanzaba tranquilamente por el camino.
Todavía no le había puesto nombre.
Lo intenté varias veces.
Pero todos los nombres que se me ocurrían eran horribles.
—Necesitas un nombre.
La yegua ignoró mi existencia.
—Eso fue muy grosero.
Uno de los comerciantes soltó una carcajada.
—¿Hablas con tu caballo?
—Sí.
—¿Y te responde?
—Todavía no.
—Creo que llevamos demasiadas horas viajando.
---
El camino se volvió más agradable conforme avanzábamos.
Bosques.
Colinas.
Pequeños pueblos.
Ríos cristalinos.
Todo era mucho más bonito de lo que esperaba.
Y mucho más real.
Cuando leía novelas nunca pensaba demasiado en los paisajes.
Ahora no podía dejar de mirarlos.
Porque realmente estaba allí.
No dentro de una historia.
Sino dentro de un mundo.
Un mundo enorme.
Uno que existía mucho más allá de los protagonistas.
Aquella idea me gustó.
Mucho.
Mientras cabalgábamos, uno de los comerciantes se acercó.
Era el más viejo del grupo.
—Entonces, señorita turista.
—Eso jamás va a dejar de perseguirme, ¿verdad?
—No.
Suspiré.
—¿Qué sucede?
—Quería preguntarte algo.
—Adelante.
—¿Por qué precisamente el Imperio Carmesí?
Miré hacia el horizonte.
Pensando.
Porque la respuesta real era imposible de explicar.
No podía decir:
"Porque uno de mis personajes favoritos vivía allí en una novela de mi vida pasada."
Eso terminaría con alguien llamando a un sacerdote.
—Siempre he querido verlo —respondí finalmente.
—¿Solo eso?
—Solo eso.
Bueno.
Era una mentira a medias.
Pero seguía contando.
---
Esa noche acamparon cerca de un río.
Los comerciantes prepararon la cena mientras yo observaba las estrellas.
Era extraño.
En mi vida anterior nunca había visto un cielo así.
Las luces de la ciudad ocultaban casi todo.
Aquí parecía que el universo entero brillaba sobre mi cabeza.
—Es bonito.
Murmuré.
—¿Qué cosa?
Preguntó uno de los comerciantes.
—Todo esto.
El hombre observó el cielo.
Luego sonrió.
—Supongo que sí.
Por un momento nadie habló.
Y el silencio resultó agradable.
No incómodo.
No tenso.
Simplemente tranquilo.
Algo que ni Lina ni Miriam habían tenido demasiado en sus vidas.
---
Más tarde, mientras todos dormían, me quedé despierta junto al fuego.
Pensando.
Pensando demasiado.
Porque por primera vez desde que escapé tuve tiempo para procesar lo ocurrido.
Había abandonado todo.
Mi nombre.
Mi familia.
Mi título.
Mi pasado.
Y aunque sabía que era lo correcto...
también daba miedo.
Mucho miedo.
¿Qué pasaría si fracasaba?
¿Qué pasaría si me quedaba sin dinero?
¿Qué pasaría si nunca lograba llegar al Imperio Carmesí?
La incertidumbre era aterradora.
Pero entonces recordé algo.
En mi vida anterior tampoco sabía qué ocurriría mañana.
Y aun así seguí adelante.
Así que haría lo mismo aquí.
---
A la mañana siguiente retomamos el viaje.
Y mientras avanzábamos por el camino principal, vi algo que hizo que todos los comerciantes se pusieran tensos.
Un grupo de caballeros.
Vestían armaduras elegantes.
Llevaban el emblema de una familia noble.
Y parecían estar buscando algo.
O a alguien.
Uno de los comerciantes frunció el ceño.
—Qué extraño.
—¿Qué ocurre?
—No deberían estar tan lejos de la capital.
Mi corazón dio un pequeño salto.
No.
No podían estar buscándome.
Era imposible.
¿Verdad?
Tragué saliva.
Y por primera vez desde que abandoné la mansión comprendí una verdad muy importante.
Mi viaje apenas estaba comenzando.
Y el mundo era mucho más complicado de lo que había imaginado.
Capítulo 6 — No era a mí
Mi corazón dio un pequeño salto.
Los caballeros avanzaban por el camino principal.
Sus armaduras brillaban bajo el sol.
Y todos los comerciantes parecían incómodos.
No pude evitar pensar lo peor.
Después de todo, apenas llevaba unos días fuera.
¿Y si habían descubierto que seguía viva?
¿Y si todo mi plan había fracasado?
Apreté las riendas de mi yegua.
Intentando parecer tranquila.
Intentando no entrar en pánico.
Porque huir de repente sería sospechoso.
Muy sospechoso.
Los caballeros se acercaron.
El líder desmontó.
Intercambió algunas palabras con uno de los comerciantes.
Yo intenté escuchar sin parecer una completa cotilla.
Lo cual fue difícil.
Porque era una completa cotilla.
—¿Han visto un carruaje con el escudo de los Armand?
Preguntó el caballero.
—No.
Respondió el comerciante.
—¿O algún grupo de mercenarios?
—Tampoco.
El hombre soltó una maldición.
—Maldición. Si siguen avanzando hacia el norte será un problema.
Mi corazón finalmente se calmó.
No me buscaban.
Ni siquiera remotamente.
Estaban persiguiendo a alguien más.
Y por primera vez en varios minutos pude respirar normalmente.
—¿Todo bien?
Preguntó uno de los comerciantes.
—Perfectamente.
—Mentira.
—¿Tan obvio fue?
—Parecías una criminal esperando ser arrestada.
—Qué comentario tan ofensivo.
—Pero acertado.
No pude discutir con eso.
Porque había tenido exactamente esa cara.
---
Los caballeros se marcharon poco después.
Y la caravana continuó avanzando.
Yo seguía algo avergonzada.
Había entrado en pánico por nada.
Absolutamente nada.
—Tranquila.
Murmuré para mí misma.
—No todo gira alrededor de ti.
Mi yegua soltó un resoplido.
—Gracias por el apoyo emocional.
---
Al mediodía hicimos una parada cerca de un río.
Mientras los demás descansaban, aproveché para sacar el mapa.
Lo extendí sobre una roca.
Y observé la distancia que todavía nos faltaba.
Mi sonrisa desapareció inmediatamente.
—Esto es enorme.
Era enorme.
Gigantesco.
Ridículamente enorme.
¿Cómo podía ser tan grande un continente?
La línea que marcaba nuestro recorrido parecía interminable.
Uno de los comerciantes apareció detrás de mí.
—¿Primera vez viajando lejos?
—¿Tan evidente es?
—Estás mirando el mapa como si te hubiera insultado.
—Lo hizo.
El hombre soltó una carcajada.
—Todavía faltan varias semanas.
Casi me atraganté.
—¿Varias?
—Sí.
—Pensé que serían unos días.
—¿Unos días?
Ahora los dos comerciantes que estaban cerca comenzaron a reír.
—Señorita turista, el Imperio Carmesí no está a la vuelta de la esquina.
Suspiré dramáticamente.
—Extraño las novelas.
—¿Las novelas?
—Sí. En los libros las personas viajan y de repente aparece un capítulo nuevo.
—No entiendo nada de lo que acabas de decir.
—Yo tampoco.
---
Aquella noche volvieron a acampar.
Esta vez cerca de un bosque.
Mientras cenábamos alrededor del fuego, los comerciantes comenzaron a contar historias.
Historias de viajes.
De clientes extraños.
De nobles ridículos.
Y descubrí algo importante.
Los comerciantes eran chismosos.
Extremadamente chismosos.
Mucho más que las damas nobles.
—Una vez vendí una estatua a un conde.
Comenzó uno.
—¿Y?
—La compró porque pensó que era una reliquia mágica.
—¿Y era mágica?
—No. Era una piedra con forma de pato.
Yo escupí agua.
—¿Una piedra con forma de pato?
—Una piedra muy convincente.
Las carcajadas no tardaron en llenar el campamento.
Y por primera vez desde que llegué a este mundo...
me encontré riendo sin preocuparme por nada.
Sin títulos.
Sin política.
Sin protagonistas.
Sin villanos.
Solo un grupo de viajeros compartiendo historias absurdas bajo las estrellas.
Y honestamente...
era una de las mejores noches que había tenido en mucho tiempo.
Sin embargo, mientras observaba el fuego, una pequeña duda apareció en mi mente.
Si la historia realmente había cambiado...
Si Kael había aparecido antes de tiempo...
Si Lythia era diferente...
Entonces...
¿qué otras cosas estaban cambiando en aquel mundo?
Y por alguna razón, tuve la sensación de que pronto descubriría la respuesta.
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣