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TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

TE ODIARÉ, HASTA QUE LA NOVELA NOS JUNTE

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Atracción entre enemigos / Reencarnación
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.

El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.

Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.

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NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Memorias y una mente desastrosa

La habitación estaba vacía, con el calor del mediodía acoplándose por las ventanas. Nadie estaba acompañando a Julie porque ella lo pidió. El médico real había llegado, y tras una intensa revisión, los resultados lanzaron que tenía una amnesia retrógrada.

La noticia cayó como cubo de hielo sobre las cabezas de sus doncellas. Estas lloraron un buen rato en los pies de su señorita, pero se tranquilizaron tan pronto Julie les planteó la idea de estudiar su propio diario como incentivo para restaurar su memoria.

Debido a ello y a la aceptación del plan, Julie llevaba media hora mirando la pasta del cuaderno en su mesita de centro. Una pasta de cuero imponente que, a juzgar por su mentalidad moderna, no podía evitar pensar en uno de esos libros malditos de las películas de terror.

No podía abrirlo. Sus manos temblaban y su frente sudaba ante la sola idea de tocar una sola hoja. No obstante, si no mal recordaba, aquel TikTok de apenas unos minutos hablaba de su aparición en la trama, pues en algún punto, Odette simplemente desapareció para darle paso al matrimonio de Oriel con su supuesto amor verdadero.

—¿Me voy a divorciar? —murmuró.

Sus ojos brillaron y su sonrisa se engrandeció. El nuevo plan lució perfecto en su cabeza: casarse, hacerle la vida imposible a Elis y luego huir a un campo lejos de toda la basura real. Pero, pensándolo bien, resultaría mejor si podía evitar la desgracia de casarse, pues podría ahorrarse el drama familiar y la búsqueda de una buena excusa que la respalde por si Elis intenta amarrarla para torturarla a su merced.

Miró la venda en su muñeca y recordó los últimos minutos con Elis. El sujeto era increíblemente violento. Todos hablaban de su envidiable romance, pero la idea de una máscara la dejó pensativa.

Quizá, en realidad, Oriel era un psicópata que quería atraer a todas las nobles hermosas para extraer sus aromas como en esa novela del perfume. Un escalofrío le pellizcó la espalda y tembló con la mirada atrapada de nuevo en el diario. Alzó su brazo y olfateó su axila, maldiciendo cuando no encontró un aroma repulsivo en ella que pudiera salvarla.

Creyendo que las respuestas estaban frente a ella, Julie se resignó y contó hasta tres, abriendo de una el diario.

La primera hoja estaba en perfectas condiciones a pesar de haber estado escondida. Había algunos garabatos, pero Julie pudo leer gran parte de los párrafos.

Odette era simple. No contaba de su día a día; en su lugar, se encargaba de registrar nombres, datos importantes y algunos recuerdos a destacar con el personaje en cuestión. Vio algunos nombres claros, pero se dirigió al que en ese momento le interesaba.

Oriel Langford.

Su rostro estaba dibujado bellamente, destacando la pureza de sus ojos verdes. Julie revisó su información, pero solo terminó expulsando el aire con el peor desconcierto que pudo tener.

Oriel no era solamente el amor de su vida, sino que también era el sujeto con quien había compartido un hecho traumante que los unió con fuerza. Un intento de envenenamiento que dio inicio a la tregua del reino.

El corazón de Odette palpitó con fuerza, asustando a Julie. Su mano se movió instintivamente, adelantando unas cuantas páginas hasta que dio con la última. Esa hoja llena de oraciones con letras vibrantes que reflejaban el miedo puro.

Sus cejas se fruncieron. Su dedo se deslizó por el papel bajo una lentitud nerviosa, conectando letra por letra con una precisión indigna de ella.

“Descubrí sus intenciones por accidente, y ahora soy consciente de las consecuencias… Mi Dios divino en los cielos, por favor, te doy mi vida en sacrificio, pero te ruego que mantengas sano y salvo a Oriel… Mi amor por él es infinito y, si él no está, yo no tengo propósito para vivir. Además, él tiene un deber en el reino”.

—Idiota —resopló Julie, con un pequeño shock en el pecho.

Antes de que pudiera continuar su investigación, las puertas de la habitación se abrieron de par en par, con Ruby y Lili guiando a unas cuantas criadas más. Estas llevaban vestidos glamurosos, joyas enormes y zapatillas costosas. Las mujeres dejaron las cajas y vestidos a lo largo de la habitación, reverenciando apenas un poco antes de irse.

—¿Qué es eso?

—Son obsequios especiales de su padre, Milady —respondió Ruby.

—Él viene en camino —completó Lili.

Julie se congeló en su sitio. De pronto se sintió apurada, espantada. Los recuerdos de sus propios padres la intimidaron. Un par de figuras estoicas que estaban a punto de desheredarla y mandarla al otro lado del mundo.

—Milady, le ayudaremos a prepararse —indicó Ruby.

Julie asintió sin mucho ánimo. Guardó su diario en la mesita del costado y se acercó a sus doncellas. Ya acostumbrada, suspiró y permitió que le desprendiera la ropa para que se le colocara, en cambio, un vestido más bonito y presentable, en tonalidades azules.

El nerviosismo y la incógnita de lo venidero hicieron que Julie perdiera el control de sus pensamientos. Disociada, su cabello era sujetado en una coleta de lado y su rostro era ligeramente maquillado con algunos cosméticos naturales. Su belleza literaria no necesitaba de mucha producción y, bajo su estado anonadado, realmente tenía la apariencia de una muñeca de porcelana.

—Milady, ¿se encuentra bien?

Julie reaccionó cuando Ruby apoyó su mano sobre su hombro. Miró con dirección a ambas chicas y les sonrió amablemente, asintiendo como respuesta.

Después de esto, la puerta se abrió. La figura de Oriel se presentó con más calma y se acercó hasta Odette, tomándole la mano con más naturalidad que antes. Mostrándose incluso un poco extraño por el suspiro aliviado que Julie expulsó cuando la tocó.

En el camino al vestíbulo, el silencio predominó. Los tacones de los zapatos dejaban un rastro de eco; sin embargo, para Julie no había algo más ruidoso que su corazón. La fuerza de su agarre testificó su preocupación, avisándole a Elis que la chica a su lado probablemente terminaría desmayada por la presión.

—Señorita Montgomery, su padre ha llegado.

El aviso del ama de llaves sonó más como el disparo directo en su cráneo. Sus mejillas se sonrojaron y su sonrisa tembló. Elis, entendiendo lo que sucedía, dejó un apretón en su agarre y la miró con frialdad, demandando su compostura.

La oportunidad de una defensa se interrumpió al segundo siguiente. Los pasos a escasos metros se hicieron presentes de un momento a otro y una pequeña multitud de soldados se hicieron presentes. Al frente de todos, un hombre alto, de complexión atlética se asomó. Su cabello estaba peinado hacia atrás y la barba de candado pulcra; le dieron sentido a los escalofríos que Julie había estado sintiendo.

Era terrorífico. Como su padre.

No obstante, el hombre sonrió y, cuando menos lo pensaron, este ya estaba corriendo para atrapar a su hija entre sus brazos.

—¡Oh, mi pequeña joya! —le tomó el rostro—. Estuve tan preocupado —sollozó.

Julie no respondió. Miró de reojo a Elis y su gesto aturdido le dejó en claro que ese idiota no iba a ser de gran ayuda, como llegó a considerarlo.

Estaban acabados.

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