la vida de Giovanna no era color de rosa, pero la noche en que todo cambió descubrió que aquella persona que debería haberla protegido, la había condenado.
¿que ocurre cuando el monstruo arrastra consigo a la persona que mas amas en este mundo? ¿puedes perdonar que alguien te arrebate a tu madre por error?
Aleksei creyó que estaba vengando a su hermana, pero descubrió su error y ahora debe pagar las consecuencias.
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la promesa
Rusia
La nieve golpeaba suavemente los ventanales del despacho.
El invierno había llegado temprano aquel año.
O quizás simplemente parecía más frío desde que Anastasia había muerto.
Alekséi Volkov observaba en silencio la ciudad iluminada.
Desde el último piso del edificio, las luces parecían pequeñas estrellas atrapadas sobre la tierra.
Normalmente aquella vista le resultaba relajante.
Aquella noche no.
Aquella noche no sentía nada.
Hacía semanas que no sentía nada.
A excepción de una furia constante que se había instalado dentro de él como una enfermedad.
Sobre el escritorio descansaban varias carpetas abiertas.
Fotografías.
Informes.
Nombres.
Direcciones.
Registros telefónicos.
Movimientos bancarios.
Todo lo que sus hombres habían logrado reunir.
Y aun así no era suficiente.
Porque ninguna de aquellas páginas podía responder la única pregunta que realmente importaba.
¿Por qué?
¿Por qué Anastasia había terminado en Italia?
¿Por qué nadie había sabido que estaba allí?
¿Por qué apareció muerta?
Y sobre todo...
¿Quién había sido responsable?
El teléfono vibró.
Alekséi ni siquiera miró la pantalla.
Sabía quién era.
—Habla.
—Los hombres siguen vigilando la casa de los Rossi.
La voz de Viktor sonó firme al otro lado de la línea.
—¿Novedades?
—Ninguna.
Alekséi apretó la mandíbula.
—¿Nada?
—Nada que indique movimientos sospechosos.
Aquella respuesta no le gustó.
Nada en las últimas semanas le había gustado.
—¿Y Carlo?
—Sale poco.
Pasa la mayor parte del tiempo encerrado.
—¿Tiene contacto con alguien?
—Los habituales.
Alekséi permaneció en silencio.
Mirando la nieve caer.
—¿Y la familia?
—La esposa apenas sale. La hija continúa preparándose para la universidad.
Aquella información no parecía importante.
Y sin embargo algo en su interior se detuvo.
La hija.
Giovanna Rossi.
El nombre aparecía constantemente en los informes.
Una chica de dieciocho años.
Sin antecedentes.
Sin conexiones conocidas.
Sin relación aparente con los negocios de su padre.
No encajaba.
Nada de aquello encajaba.
—Continúen observando.
—Sí, jefe.
La llamada terminó.
Alekséi dejó el teléfono sobre el escritorio.
Luego abrió uno de los cajones.
Durante varios segundos simplemente observó su contenido.
Hasta que finalmente tomó una fotografía.
Era vieja.
Muy vieja.
Los bordes comenzaban a deteriorarse.
Había sido tomada años atrás.
Cuando las cosas todavía eran simples.
Cuando su mundo todavía no se había derrumbado.
Una pequeña sonrisa apareció brevemente en sus labios.
La primera en semanas.
En la fotografía aparecía un adolescente de catorce años.
Delgado.
Serio.
Con una expresión demasiado madura para su edad.
Sostenía en brazos a una niña pequeña.
De cabello oscuro.
Ojos brillantes.
Y una sonrisa capaz de iluminar cualquier habitación.
Anastasia.
Tenía apenas cinco años.
La misma edad que tenía cuando su madre murió.
Alekséi pasó suavemente el pulgar sobre la imagen.
Y por primera vez en mucho tiempo permitió que los recuerdos regresaran.
---
El funeral había terminado.
La lluvia golpeaba el techo de la enorme casa familiar.
Y Anastasia no dejaba de llorar.
Tenía cinco años.
Demasiado pequeña para comprender realmente la muerte.
Pero lo suficientemente grande para sentir la ausencia.
Alekséi recordaba perfectamente aquella noche.
Sentado junto a la cama de su hermana.
Intentando consolarla.
Sin saber cómo hacerlo.
Porque él también estaba destrozado.
Porque él también necesitaba a su madre.
Y porque apenas era un niño.
Un niño intentando cuidar a otro.
—¿Mamá va a volver?
La voz temblorosa de Anastasia todavía resonaba en su memoria.
Alekséi había guardado silencio.
No sabía qué responder.
No sabía cómo explicarle algo que ni siquiera él entendía.
Entonces la pequeña había comenzado a llorar otra vez.
Y él hizo lo único que se le ocurrió.
La abrazó.
Con fuerza.
Como si pudiera protegerla de todo.
Como si pudiera impedir que volviera a sufrir.
Aquella misma noche su padre entró en la habitación.
Los encontró sentados juntos.
Anastasia dormida entre los brazos de su hermano.
Y durante varios segundos simplemente los observó.
Parecía agotado.
Derrotado.
Mucho más humano de lo habitual.
—Ella te necesita.
Aquellas fueron las primeras palabras que pronunció.
Alekséi levantó la mirada.
—Lo sé.
Su padre se acercó lentamente.
Luego apoyó una mano sobre su hombro.
—Prométeme algo.
—¿Qué?
El hombre observó a la niña dormida.
Y algo parecido al dolor cruzó su mirada.
—Prométeme que siempre la protegerás.
El recuerdo seguía tan vivo como aquel día.
Tan nítido.
Tan doloroso.
Alekséi había asentido sin dudar.
Porque para él era obvio.
Porque Anastasia era su hermana.
Porque la quería más que a nadie.
—Te lo prometo.
Aquellas palabras habían salido de su boca con la seguridad absoluta que solo poseen los niños.
La seguridad de creer que todo es posible.
La seguridad de pensar que siempre habrá tiempo.
La seguridad de ignorar lo cruel que puede ser el mundo.
---
Alekséi volvió al presente.
La fotografía continuaba entre sus manos.
Pero ahora su expresión era diferente.
Más oscura.
Más dura.
Más peligrosa.
Porque había roto aquella promesa.
No importaban las circunstancias.
No importaban las explicaciones.
No importaba quién hubiera sido el responsable.
Anastasia estaba muerta.
Y él no había estado allí para protegerla.
Un golpe seco sonó en la puerta.
—Adelante.
Viktor entró en el despacho.
Alto.
Imponente.
Serio.
Uno de los pocos hombres en quienes Alekséi confiaba completamente.
—Tenemos otra información.
Alekséi dejó la fotografía sobre el escritorio.
—Habla.
—Confirmamos que alguien facilitó la entrada de Anastasia en Italia.
—Ya lo sabía.
—Pero ahora sabemos que utilizó contactos relacionados con la organización italiana.
Aquello captó inmediatamente su atención.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Viktor dejó una carpeta sobre la mesa.
—Todavía estamos verificándolo. Pero todo apunta en esa dirección.
Alekséi abrió lentamente la carpeta.
Observó las fotografías.
Los nombres.
Los documentos.
Y sintió cómo la ira comenzaba a despertar nuevamente.
Fría.
Controlada.
Letal.
—Sigue investigando.
—Por supuesto.
Viktor dudó unos segundos antes de hablar nuevamente.
—¿Y si Rossi realmente no fue quien lo hizo?
La habitación quedó en silencio.
Un silencio pesado.
Peligroso.
Alekséi levantó la mirada.
—Entonces encontraré al responsable.
—¿Y si Rossi también fue utilizado?
La mandíbula del ruso se tensó.
Aquella posibilidad existía.
Lo sabía.
Siempre lo había sabido.
Pero cada vez que pensaba en Anastasia...
Cada vez que recordaba aquella fotografía...
Cada vez que escuchaba su risa en sus recuerdos...
La lógica dejaba de importar.
—Primero encontraré la verdad.
Su voz sonó fría como el hielo.
—Y después decidiré qué hacer con Rossi.
Viktor asintió.
Comprendiendo perfectamente lo que aquello significaba.
Porque conocía a Alekséi.
Y sabía que cuando finalmente descubriera la verdad...
Alguien pagaría por ella.
La única cuestión era quién.
Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, Giovanna Rossi seguía estudiando para ingresar a la universidad.
Ignorando que el hombre que buscaba desesperadamente al asesino de su hermana acababa de pronunciar el nombre de su familia una vez más.
Y que el destino seguía acercándolos.
Paso a paso.
Día tras día.
Como una tormenta imposible de detener.