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Pensamientos A Un Amor Prohibido

Pensamientos A Un Amor Prohibido

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor eterno
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Nuñez

Esta es una intensa novela psicológica y dramática para adultos que explora la compleja y prohibida transición emocional entre dos hermanastros que, tras años de convivencia, deben enfrentarse a sus crecientes deseos en medio de una tensión familiar ineludible

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El peso de una palabra

​El silencio que siguió a la explicación de Ji-hoon fue una muralla invisible que parecía imposible de derribar. Él se disponía a darse la vuelta, buscando escapar de la conversación que lo exponía de una manera que detestaba. Antes de que pudiera alejarse, un impulso eléctrico recorrió el cuerpo de Hana; estiró la mano y, con los dedos temblorosos, sujetó el borde de su camiseta, obligándolo a detenerse.

​—No soy una niña, Ji-hoon —susurró ella, y el tono de su voz, inusualmente firme, lo hizo girar sobre sus talones con una expresión de desconcierto.— Sé perfectamente lo que hacías... y no me asusta. Lo siento... siento haber entrado sin tocar, pero... por favor, no quiero que me odies.

​Ji-hoon la observó durante un largo momento, con la mirada perdida en esos ojos verdes que ahora, por primera vez, le devolvían un desafío distinto. Sus facciones se suavizaron, aunque no perdió ese aire de distancia protectora que solía usar con ella.

​—No te odio, Hana —respondió él, con una voz que era casi un bálsamo—. Eres mi hermanita. Nada va a cambiar eso.

​Al escuchar la palabra "hermanita", el corazón de Hana se estrujó con un dolor agudo, una punzada que le recordaba la brecha infranqueable que existía entre ellos. Quería gritarle que ya no lo veía solo como a un hermano, que sus sentimientos habían mutado en algo más peligroso, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Sabía, con la lógica fría de quien se siente inferior, que no tenía ninguna oportunidad frente a él. Forzó una sonrisa, una máscara de plástico que no llegaba a sus ojos, y asintió.

​—Claro... y tú eres mi hermano —logró decir, tratando de que su voz no delatara el torbellino interno que la consumía.

​El resto del día transcurrió en una calma engañosa. Compartieron una comida en la cocina, hablando de trivialidades cotidianas, de la escuela y de los planes para la semana. Pero, para Hana, cada palabra que él pronunciaba resonaba con una intensidad distinta. Cada vez que sus miradas se cruzaban, el latido de su corazón se aceleraba, marcando un ritmo que ella temía que él pudiera escuchar. Era una cercanía insoportable, una convivencia que le dictaba lo mucho que lo deseaba y, al mismo tiempo, lo lejos que él estaba de sus manos.

​Al llegar la noche, el ambiente se tornó más denso. Decidieron ver una película en el salón, preparando un gran bol de palomitas. Sin embargo, Ji-hoon, quizás por esa extraña necesidad de mantenerla cerca bajo un control estricto, eligió una película de terror. A medida que los efectos de sonido se volvían más estridentes y las sombras en la pantalla se alargaban, el miedo de Hana se volvió real. Se acurrucó en el sillón, tratando de ignorar los sobresaltos que le provocaba la trama.

​Cuando la película finalmente terminó, el silencio de la casa se sintió inmensamente grande y amenazador. Se despidieron con un "buenas noches" breve, y cada uno se retiró a su respectiva habitación. Pero el pánico de la película se quedó instalado en la mente de Hana. Cada crujido de la madera, cada sombra en su cuarto le recordaba el terror del filme.

​Pasó media hora dando vueltas, hasta que su inquietud se volvió insoportable. Caminó por el pasillo, envuelta en su bata, sintiéndose pequeña y vulnerable. Se detuvo frente a la puerta de Ji-hoon y, con la palma de la mano sudorosa, dio tres golpecitos suaves.

​—¿Pasa? —respondió la voz de él, profunda y somnolienta desde el otro lado.

​Hana empujó la puerta con lentitud, encontrando a Ji-hoon sentado al borde de su cama, con una lámpara tenue encendida. Él la miró con sorpresa, viendo su expresión de terror real.

​—¿Hana? ¿Qué pasa? —preguntó, incorporándose.

​Hana lo miró fijamente, con los ojos llenos de una súplica que apenas comprendía.

​—¿Puedo dormir contigo? 

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