Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.
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Capítulo 6: El secreto del collar
Durante varios segundos nadie habló.
El príncipe Eduardo sostenía aquel collar entre sus dedos como si fuera una prueba irrefutable de mi culpabilidad.
Y yo solo podía mirarlo.
Porque sabía exactamente lo que significaba.
En el libro, ese collar era la primera pieza del rompecabezas que llevaba a la caída de Ester.
Un objeto aparentemente pequeño.
Pero que terminaría destruyendo su reputación.
Su familia.
Y finalmente su vida.
—¿Por qué tienes eso? —preguntó Eduardo.
Su voz era tranquila.
Demasiado tranquila.
Pero podía notar la desconfianza detrás de sus palabras.
Bajé la mirada hacia el collar.
—No lo sé.
Era la verdad.
Al menos una parte.
Eduardo dio una pequeña risa sin humor.
—Esa respuesta no te habría salvado antes.
La frase me hizo levantar la mirada.
Antes.
No ahora.
Como si él también supiera que algo había cambiado.
—¿Antes?
pregunté.
Por un instante su expresión cambió.
Solo un segundo.
Pero lo vi.
Sorpresa.
Como si hubiera cometido un error.
—No importa.
Respondió rápidamente.
Pero ahora yo tenía más preguntas.
Muchas más.
La puerta volvió a abrirse.
Un hombre entró acompañado de dos guardias.
Lo reconocí inmediatamente.
Rodrigo.
El general más joven del reino.
En el libro era conocido como el hombre que siempre intentaba mantener la paz.
Cabello negro.
Ojos azules.
Una expresión seria.
Pero a diferencia de Eduardo, su mirada no tenía odio.
Tenía preocupación.
—Príncipe.
Eduardo giró hacia él.
—¿Qué ocurre?
Rodrigo miró hacia mí.
Después al collar.
Y su expresión se volvió tensa.
—Encontraron algo más.
Eduardo endureció el rostro.
—Habla.
Rodrigo sacó un pequeño papel doblado.
—Esto estaba cerca del lugar donde encontraron a la señorita Ester.
Sentí que mi corazón se detenía.
—¿Qué dice?
preguntó Eduardo.
Rodrigo dudó.
Como si no quisiera decirlo delante de mí.
Eso me puso más nerviosa.
—Léelo.
Ordenó Eduardo.
El general abrió el papel.
Y sus ojos cambiaron.
—Dice...
Tragó saliva.
—"La próxima vez no fallaré".
El silencio cayó sobre la habitación.
Sentí un escalofrío.
Porque esa frase no existía en el libro.
No recordaba nada parecido.
La historia estaba cambiando.
O quizás...
Siempre había sido diferente.
Solo que Emilia nunca había podido verlo.
—¿Quién escribió eso?
pregunté.
Los tres me miraron.
Como si no esperaran que hablara.
Eduardo fue el primero en responder.
—Eso es lo que intentamos descubrir.
Rodrigo guardó el papel.
—Pero hay algo más.
Miré al general.
—¿Qué?
Su expresión se volvió seria.
—La tinta.
Fruncí el ceño.
—¿La tinta?
Asintió.
—No es de este reino.
Eduardo miró el collar nuevamente.
Y por primera vez vi algo diferente en él.
No sospecha.
Miedo.
—Entonces no fue un accidente.
Dijo.
Una sensación extraña recorrió mi cuerpo.
Porque en el libro todos habían creído que Ester era la culpable.
Pero ahora...
Alguien estaba intentando destruirla.
Y quizás ella nunca tuvo la oportunidad de defenderse.
—¿Por qué me encontraron con el collar?
pregunté.
Nadie respondió.
Hasta que una voz apareció desde la puerta.
—Porque alguien quería que todos pensaran que ella era la responsable.
Todos se giraron.
Un joven estaba apoyado contra la entrada.
Cabello rojizo.
Ojos de un color extraño entre verde y azul.
Una sonrisa tranquila.
Lo reconocí.
Fray.
El hechicero.
El tercer protector del protagonista.
Pero en la novela original...
él nunca se acercaba a Ester.
Nunca.
Entonces...
¿Por qué estaba aquí?
Eduardo frunció el ceño.
—Fray.
El hechicero entró lentamente.
—Príncipe.
Después me miró.
Y ocurrió algo que me desconcertó.
No me miró como una villana.
Me miró como si intentara entenderme.
—Curioso.
Susurró.
—¿Qué cosa?
pregunté.
Fray sonrió ligeramente.
—Tu aura.
Sentí un escalofrío.
—¿Mi qué?
Rodrigo y Eduardo intercambiaron una mirada.
Pero Fray no apartó los ojos de mí.
—Hay algo diferente en ti.
Mi respiración se detuvo.
No podía saberlo.
Era imposible.
Nadie debía saber que yo era Emilia.
—Quizás porque desperté después de tres días.
Intenté sonar tranquila.
Pero Fray seguía observándome.
—No.
Dijo.
—No es eso.
Se acercó un poco.
—Es como si...
Se quedó en silencio.
Como si no encontrara las palabras.
Finalmente dijo:
—Como si una historia hubiera cambiado de página.
Mi corazón golpeó mi pecho.
Porque esa frase era demasiado cercana a la verdad.
Eduardo se volvió hacia mí.
—Ester.
Su mirada era intensa.
—A partir de hoy estarás bajo vigilancia.
No era una petición.
Era una orden.
Sentí molestia.
En mi vida anterior jamás me habían tratado como una sospechosa.
Pero ahora...
Era Ester.
La villana.
La chica que todos esperaban que fallara.
Levanté la barbilla.
—Hazlo.
Eduardo pareció sorprendido.
—¿Qué?
Lo miré directamente.
—Vigílame si quieres.
Hice una pausa.
—Pero descubriré la verdad antes que tú.
Por primera vez...
El príncipe Eduardo no supo qué responder.
Y en ese momento entendí algo.
Cambiar la historia no significaba solamente evitar la muerte de Ester.
Significaba enfrentar a todos aquellos que ya habían decidido odiarla.
Y lo más peligroso...
Era que empezaba a gustarme la idea de demostrarles que estaban equivocados.