Sinopsis
Emilia Velázquez, una joven universitaria apasionada por las novelas románticas, descubre que le quedan pocos meses de vida y acepta la oferta de una misteriosa hechicera para reencarnar en el mundo de su novela favorita, ocupando el cuerpo de Ester, la villana destinada a la desgracia. Mientras lucha por adaptarse a un reino lleno de conspiraciones, magia, dragones ancestrales y peligros ocultos, intentará cambiar un destino que no le pertenece. Sin embargo, todo se complica cuando un extraño encuentro con el príncipe dragón Derek provoca un intercambio de cuerpos que amenaza con alterar el equilibrio de ambos mundos para siempre.
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Capítulo 6: La oferta de la hechicera
La habitación del hospital permanecía en silencio.
Las luces del pasillo atravesaban parcialmente la puerta entreabierta, proyectando sombras suaves sobre las paredes blancas.
Emilia continuaba sentada sobre la cama.
Inmóvil.
Con la mirada fija en el lugar donde la hechicera había desaparecido.
Su mente era un caos.
—¿Fue real?
Susurró.
Parte de ella quería creer que había sido una alucinación provocada por el cansancio.
Por el miedo.
Por el diagnóstico.
Pero en el fondo sabía que no era así.
Aquella mujer había estado allí.
Lo había sentido.
Lo había visto.
Y, por extraño que pareciera, no le inspiraba temor.
Le inspiraba curiosidad.
Y esperanza.
Una esperanza que había desaparecido cuando escuchó la palabra "cáncer".
La puerta se abrió lentamente.
David entró primero llevando una mochila.
Detrás aparecieron Adriana y Vivian.
Los ojos de las tres personas estaban hinchados por el llanto.
Intentaban sonreír.
Pero el dolor era evidente.
—Te trajimos algunas cosas.
Dijo David suavemente.
Emilia sonrió.
—Gracias.
Vivian dejó varias novelas sobre la mesa.
—Pensé que te aburrirías.
—Me conoces demasiado bien.
—Alguien tiene que hacerlo.
Intentó bromear.
Pero terminó llorando nuevamente.
Emilia sintió un nudo en la garganta.
Aquello era lo peor.
Ver sufrir a quienes amaba.
Las horas pasaron lentamente.
La familia permaneció reunida.
Hablando de recuerdos.
De viajes.
De anécdotas.
De momentos felices.
Como si todos intentaran aferrarse desesperadamente al tiempo que aún les quedaba.
Cuando la noche llegó, Adriana se quedó dormida sobre una silla.
Vivian también.
David observaba la ventana en silencio.
Parecía haber envejecido varios años en un solo día.
Emilia lo observó.
Y por primera vez comprendió algo.
No era ella la única que estaba perdiendo algo.
Su familia también estaba perdiéndola.
A la medianoche todos dormían.
Todos menos Emilia.
El reloj marcó las doce.
Y exactamente en ese instante la habitación volvió a enfriarse.
La misma luz plateada apareció junto a la ventana.
La hechicera había regresado.
—Sabía que volverías.
Dijo Emilia.
La mujer sonrió.
—Cumplo mis promesas.
Esta vez Emilia pudo verla mejor.
Su rostro era hermoso.
Demasiado hermoso.
Sus ojos plateados parecían contener siglos de recuerdos.
Y una tristeza imposible de ocultar.
—¿Quién eres realmente?
Preguntó Emilia.
La hechicera caminó lentamente.
—Muchos nombres me han acompañado durante siglos.
—Eso no responde mi pregunta.
—Entonces llámame Selene.
Emilia observó a la misteriosa mujer.
—¿Qué eres?
—Una guardiana entre mundos.
Aquella respuesta solo generó más preguntas.
Pero Selene continuó hablando.
—Existen innumerables universos.
Miles de historias.
Miles de destinos.
Miles de vidas.
—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
—Uno de esos mundos te está llamando.
La joven frunció el ceño.
—¿El mundo de mi novela?
Selene asintió.
—Sí.
El corazón de Emilia dio un salto.
—Eso es imposible.
—Sin embargo es verdad.
—¿Cómo puede existir?
—Porque algunas historias son más reales de lo que imaginas.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Emilia pensó en Ester.
En Derek.
En Eduardo.
En todos aquellos personajes.
¿Eran reales?
¿Realmente existían?
—Si acepto...
Su voz tembló.
—¿Qué ocurrirá?
Selene la observó fijamente.
—Reencarnarás.
—¿En quién?
—En la persona destinada para ti.
Una sensación extraña recorrió el cuerpo de Emilia.
Como si ya conociera la respuesta.
—Ester.
La hechicera sonrió.
—Correcto.
Muy lejos de allí.
En otro mundo.
Ester observaba la luna desde el balcón de su habitación.
El viento agitaba las cortinas negras.
Las estrellas iluminaban el cielo.
Pero nada conseguía mejorar su humor.
Su compromiso político avanzaba.
Su padre insistía cada vez más.
Y su libertad parecía desaparecer poco a poco.
—Todo esto es ridículo.
Murmuró.
Entonces sintió algo extraño.
Una sensación inexplicable.
Como si alguien estuviera observándola desde muy lejos.
Se llevó una mano al pecho.
Su corazón latía con fuerza.
Y por primera vez en mucho tiempo sintió miedo.
De regreso en el hospital.
Emilia permanecía en silencio.
Procesando toda la información.
—¿Por qué yo?
Preguntó finalmente.
Selene tardó unos segundos en responder.
—Porque tu alma es compatible.
—Eso sigue sin explicarlo.
—Porque posees algo que Ester perdió hace mucho tiempo.
—¿Qué cosa?
La hechicera sonrió.
—Compasión.
Aquella respuesta sorprendió a Emilia.
—¿Y qué pasará con ella?
—Su destino cambiará cuando el tuyo comience.
—¿Morirá?
Selene bajó la mirada.
—Algunas respuestas aún no pueden ser reveladas.
Emilia sintió un escalofrío.
Nada de aquello era sencillo.
Nada era tan maravilloso como sonaba.
—¿Y si rechazo la oferta?
Selene guardó silencio.
Luego respondió suavemente.
—Entonces vivirás el tiempo que te queda.
—Dos meses.
—Sí.
—Y después moriré.
—Sí.
Aquella palabra cayó como una piedra.
Directa.
Dolorosa.
Real.
Las lágrimas comenzaron a descender nuevamente.
—Tengo miedo.
Confesó Emilia.
Selene la observó con comprensión.
—Lo sé.
—No quiero desaparecer.
—Nadie quiere.
—No quiero dejar a mi familia.
Su voz se quebró.
—Ellos me necesitan.
La hechicera caminó hasta la cama.
Por primera vez colocó una mano sobre la cabeza de Emilia.
Era cálida.
Sorprendentemente cálida.
—El amor verdadero jamás desaparece.
Aquellas palabras hicieron que Emilia llorara aún más.
Cuando la madrugada comenzó a acercarse, Selene se preparó para marcharse.
—Mañana deberás decidir.
Dijo finalmente.
—¿Tan pronto?
—El tiempo entre ambos mundos es inestable.
—Necesito pensar.
—Por eso vine.
La hechicera comenzó a desvanecerse.
Pero antes de desaparecer añadió algo más.
—Y existe una razón adicional para que aceptes.
Emilia levantó la mirada.
—¿Cuál?
Los ojos plateados de Selene brillaron misteriosamente.
—Tu llegada cambiará el destino de alguien importante.
—¿Quién?
La sonrisa de Selene se hizo más profunda.
—Un joven dragón que aún no sabe cuánto te necesita.
Y desapareció.
Emilia quedó sola nuevamente.
Con miles de preguntas.
Miles de emociones.
Y una decisión imposible frente a ella.
Mientras tanto, en otro mundo, un príncipe dragón observaba la misma luna sin imaginar que el destino acababa de comenzar a escribir una historia completamente nueva.