Sofia era una empleada común y corriente hasta que un accidente la transportó dentro de la novela que estaba leyendo… como la villana destinada a morir.
Ahora vive en el cuerpo de Sofia Agarista Brajaya: hija de una familia adinerada, estudiante universitaria, y la mujer que durante tres años persiguió al protagonista masculino sin ser correspondida. Conoce cada giro de la trama, cada traición, y sobre todo, el final que le espera: la muerte a manos de Hansen Darael.
Su plan es simple: alejarse de Kayden, el protagonista, y de Hansen, su futuro asesino. Si no se involucra, la historia seguirá su curso y ella sobrevivirá.
Pero el destino no se deja reescribir tan fácilmente.
Cuando Sofia deja de perseguir a Kayden, él empieza a perseguirla a ella. Una apuesta de dos semanas. Un beso inesperado. Y una red de mentiras que ni siquiera ella, con todo su conocimiento del argumento, podría haber anticipado.
Entre campus universitario, mansiones de lujo, apuestas peligrosas y secretos que desafían la lógica de la ficción, Sofia descubrirá que cambiar el destino de una villana es mucho más complicado —y mucho más doloroso— de lo que cualquier novela podría contar.
¿Puede una lectora reescribir la historia desde adentro? ¿O el guion siempre gana?
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Capítulo 9
Sofia, que no quería verse involucrada en los problemas de esa pareja, decidió cambiar de lugar. Pero justo cuando se iba a mover, empezó a llover.
—¿En serio?
No le quedó más remedio que buscar dónde resguardarse, y lo único cercano era el edificio abandonado que tenía detrás.
—¡Maldición! —Eligió un punto lo más lejos posible de donde venía la discusión.
¿Por qué tenía que llover justo ahora? Ojalá no se den cuenta de que estoy aquí.
—Entonces, ¿vas a ir conmigo o no?
El tono del hombre sonaba claramente amenazante. Sofia alcanzó a escuchar la voz temblorosa de la chica respondiendo que sí.
—Bien. Te espero.
Sofia suspiró aliviada, pensando que el hombre ya se había ido. Pero no fue así.
—¿Por qué te escondes? Espiar conversaciones ajenas no está nada bien, ¿sabías?
Se le erizó la piel de golpe. Al voltear, el tipo ya le tenía el brazo atrapado y le sonreía de una forma que le heló la sangre.
—¡Dina! No te muevas de ahí. Voy a encargarme de esta rata.
El hombre la arrastró a la fuerza.
—¡Oye! ¿A dónde me llevas? ¡Solo me estaba refugiando de la lluvia, imbécil! ¡Suéltame!
Por más que Sofia forcejeó para soltarse, no pudo. Él era mucho más fuerte.
¡Pam!
La empujó dentro de un cuarto diminuto lleno de polvo y la encaró.
—¿Cómo te llamas?
—¿Y a ti qué te importa? No seas metiche. Quítate, me voy de aquí.
Sofia intentó ponerse de pie, pero él la tiró al piso de nuevo.
—¿Irte? No, no, no. Necesito un seguro para que no andes contando lo que escuchaste de Dina y de mí. Espérame aquí, bonita. Ya vuelvo.
Le acarició la mejilla con la mano.
—¡¿Estás loco?! —Sofia le apartó la mano de un manotazo.
Cuando ella se puso de pie, el hombre ya había salido y cerrado la puerta con llave.
—¡¿De dónde sacó la llave de este cuarto?!
Sofia no se explicaba cómo ese tipo tenía la llave de un salón que llevaba años sin usarse.
—No me digan que esto es su guarida… o el lugar donde amenaza a las chicas…
Recordó la amenaza que le había hecho a la tal Dina.
—No va a… no irá a hacerme algo, ¿verdad?
Metió la mano al bolsillo para sacar el celular y llamar a Don Darto o a su hermano.
¡Pam!
La puerta se abrió de golpe.
—Se me olvidó algo. Ah, justo a tiempo.
El hombre le quitó el celular. Por suerte, Sofia había alcanzado a apagarlo, así que necesitaría el código para desbloquearlo.
—Uf… tuve que devolverme hasta aquí cuando ya iba a medio camino hacia Dina. Bueno, voy a ocuparme de ti primero.
Se fue acercando lentamente.
—¿Qué vas a hacer? ¡No te atrevas!
La mano del tipo intentó agarrarla del hombro.
Ring, ring…
A Sofia le inundó el alivio al escuchar un teléfono sonar, aunque no fuera el suyo.
—Mierda, qué molesto…
El hombre la miró una vez más sin decir nada.
Después se fue y volvió a cerrar con llave.
—Uf… menos mal. Quien quiera que haya llamado, gracias.
Aunque se sentía algo más tranquila, tenía que salir de ahí cuanto antes. Ya había examinado el lugar: solo había una ventanita en lo alto.
—La ventana está algo alta, pero por suerte hay sillas.
Sofia empezó a apilar las sillas polvorientas para poder subir y escapar por la ventana.
—Listo… solo tengo que trepar. Uf… uf… ¿por qué me falta el aire?
Se apoyó contra la pared y miró hacia la ventana. Quería subir, pero la respiración se le cortaba como si tuviera arena en los pulmones.
—Uf… uf…
¿Qué me pasa? ¿Por qué me oprime el pecho? Si solo tengo que subir hasta allá arriba… Se lo dijo mentalmente porque ya no podía hablar. Intentó controlar la respiración.
—Uf…
Ya no era solo la respiración. La vista también se le empezaba a nublar.
¿Esto es asma? ¡¿La antagonista tiene asma?! ¡Maldita sea!