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"El Despertar De La Heredera De Plata"

"El Despertar De La Heredera De Plata"

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna)
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Santiago López P

Despertar en época moderna

"Viví dieciocho años en una jaula de oro, creyendo que el desprecio de mi esposo era mi única realidad. Fui la esposa sumisa, la dama que lavaba los pies de su suegra y la mujer que ocultaba sus lágrimas tras un abanico."
Lorena Casas, la hija de una familia prestigiosa, lo sacrificó todo por un hombre que consideraba un erudito brillante. Pero mientras ella se consumía en la soledad de la mansión Vila, su esposo Marco tejía una red de mentiras, traiciones y malversaciones, planeando reemplazarla con su amante y hundir a su familia.
Todo habría sido perfecto para él... si no hubiera nacido Aurora.
Mi hija no es una bebé común. Con una mente que desafía la lógica y la capacidad de leer los secretos más oscuros de quienes nos rodean, ella es la única que sabe lo que Marco hace en las sombras.
Mientras Marco cree que estamos atrapadas en su red, Aurora está moviendo los hilos. Desde su cuna, esta bebé genio me guía, revelando los fraudes, exponiendo a los espía

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Capítulo 5: El horror en los engranajes

Julian, el heredero de la Mansión de Bronce, entró en la estancia con la arrogancia propia de un joven que cree que el mundo es un mecanismo diseñado para su beneficio. Tenía diez años, el rostro manchado de hollín tras una tarde de práctica en los talleres del Gremio del Acero, y una sonrisa que solía derretir incluso a los tutores más estrictos.

​—¿Dónde está mi hermana? —preguntó, ignorando las advertencias de Nara, la doncella—. Quiero ver si tiene los ojos tan brillantes como dice el Barón.

​Elena, que observaba desde el sillón, sintió una punzada de dolor. Julian era el orgullo de Kaelen, el hijo que estaba siendo moldeado para sucederlo en la jerarquía del Gremio. No sabía que, en los planes del Barón, Julian no era un heredero, sino un activo descartable.

​«Pobre Julian», pensó Vespera desde su cuna, sus ojos azules siguiendo cada movimiento del niño. «Cree que el Barón lo ama. No sabe que para mi padre, él es solo una pieza de repuesto. Cuando los engranajes de la Gran Alquimia necesiten un corazón joven para estabilizarse, el Barón no usará el suyo. Usará el de Julian».

​Julian se acercó a la cuna. Vespera lo miró fijamente. La mente del niño era un receptor abierto, lleno de sueños de gloria y deber patriótico.

​«El Gremio no te está enseñando ingeniería, Julian», proyectó Vespera con una nitidez que hizo que el niño se detuviera en seco. «Te están preparando para el desguace. Cuando cumplas los quince, te llevarán a los laboratorios subterráneos. Te extraerán los tendones para fortalecer sus prototipos mecánicos y convertirán tu sistema nervioso en una red de control para sus autómatas de guerra. Morirás en un tanque de éter, desmantelado pieza por pieza, mientras el Barón brinda con vino de lujo por tu "heroico sacrificio"».

​El rostro de Julian, antes radiante, se tornó de un gris cenizo. El niño retrocedió, tropezando con sus propios pies. El sonido metálico de su caída resonó en la habitación, pero él no sintió el golpe. Lo único que sentía era un frío glacial recorriéndole la espina dorsal.

​—¿Julian? —la voz de Elena, cargada de preocupación, sonó lejana.

​«¿Qué... qué ha sido eso?», pensó Julian, con los ojos desorbitados, mirando a la bebé. Vespera no parpadeaba. Su mirada era una advertencia, una verdad que golpeaba su mente con la fuerza de un pistón hidráulico. Julian siempre había sido un chico pragmático; si el Gremio decía que un componente era defectuoso, se reemplazaba. Si él era el componente...

​—¿Estás bien, hijo? —Elena se puso en pie, olvidando su propia debilidad.

​Julian se puso de pie, temblando violentamente. Sus manos, que hace un momento presumían de sus logros en el taller, ahora se cerraban en puños temblorosos. No quería estudiar. Nunca había querido estudiar la ingeniería que le enseñaban, pero ahora entendía la verdadera naturaleza de esa "educación". Era un inventario. Estaban midiendo sus piezas.

​—Yo... yo no quiero ir más al taller —soltó Julian, con la voz quebrada por un sollozo que intentaba contener—. Madre, no quiero volver a la Academia del Gremio. Quiero estudiar matemáticas, historia, leyes... cualquier cosa que no involucre metal y pistones. ¡Lo aprenderé todo! ¡Seré el mejor, pero lejos de los talleres!

​Elena se quedó paralizada. Su hijo, que odiaba los libros y prefería desarmar máquinas, estaba suplicando por una educación académica rigurosa con los ojos llenos de lágrimas.

​—Julian, ¿de qué hablas? ¿Qué ha pasado? —Elena lo tomó por los hombros, tratando de encontrar lógica en la locura.

​—¡Es horrible, madre! ¡Es todo tan horrible! —el niño rompió a llorar, un llanto desgarrador que no venía de una travesura, sino del terror puro de quien ha visto su propio funeral—. ¡No quiero ser una máquina! ¡No quiero ser una pieza de repuesto!

​Julian salió corriendo de la habitación, dejando a las criadas en un silencio sepulcral.

​Elena miró hacia la cuna. Vespera, agotada por el esfuerzo de proyectar una visión tan traumática, bostezó y cerró los ojos, volviendo a su sueño reparador.

​«¿Qué le has hecho?», pensó Elena, sintiendo una mezcla de terror y gratitud. «¿Cómo lo has hecho?».

​Elena se acercó a la cuna y acarició la frente de la bebé. Por primera vez en su vida, comprendió que no tenía una hija, sino una aliada. Una aliada que veía las líneas de montaje del destino y estaba dispuesta a romperlas, una por una.

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Mari
Más capítulos esta muy buena la novela, 👏👏 me encanta.
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