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Reencarne Como La Princesa Tonta En El Mundo De Los Orcó

Reencarne Como La Princesa Tonta En El Mundo De Los Orcó

Status: En proceso
Genre:Edad media / Reencarnación / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:7k
Nilai: 5
nombre de autor: karolina oquendo

Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia

NovelToon tiene autorización de karolina oquendo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La deuda de la sangre

 Un día antes

Elira no sonreía.

No cuando estaba sola.

Su habitación estaba en completo orden.

Demasiado perfecta.

Como ella.

Un tablero reposaba frente a sus manos. Las piezas estaban alineadas con precisión.

No jugaba.

Calculaba.

—“…Siempre igual.”

Movió una pieza.

—“…reacción… emoción… impulso…”

Otra cayó.

—“…error.”

Silencio.

—“…hermanita tonta…”

No lo dijo en voz alta.

Pero lo pensó con claridad.

—“…tan fácil de manipular.”

Sus dedos se detuvieron.

—“…Ciel Rousla…”

El nombre no tenía respeto en su mente.

—“…sigues reaccionando igual.”

Se recostó levemente.

—“…todo esto… no es más que un capricho.”

Ese cambio.

Esa actitud.

—“…no es real.”

Para Elira, las personas no cambiaban.

Solo se desordenaban.

Y eso…

era más fácil de usar.

—“…Mañana…”

Movió otra pieza.

—“…vas a caer sola.”

La idea ya estaba formada.

Una copa.

Un momento.

Una situación imposible de explicar.

—“…un pequeño empujón…”

Sus ojos brillaron apenas.

—“…y tú harás el resto.”

—“…Kael…”

Lo pensó sin emoción.

—“…tan fácil de provocar.”

—“…y tan útil.”

Caminó hacia el espejo.

—“…No necesito destruirte, Ciel…”

Pausa.

—“…solo recordarte tu lugar.”

Sonrió.

—“…hermanita… sigues siendo mía.”

Y con esa certeza, se retiró.

Sin saber…

que esta vez estaba equivocada.

A las nueve en punto, la mansión de la duquesa brillaba.

No por lujo.

Por intención.

El carruaje se detuvo.

Y Ciel Rousla descendió.

El vestido rojo se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel. Caía como una silueta de sirena, elegante, sin exceso.

Su caminar era firme.

Seguro.

Distinto.

Las miradas llegaron.

—“…¿Es ella?”

—“…No parece la misma…”

Flora caminaba a su lado, divertida.

—“…Vaya forma de aparecer.”

—“…No vine a eso.”

El soldado se mantenía atrás.

Y más lejos…

Aurelion observaba.

—“…No está actuando…”

—“…está decidida.”

Elira la vio.

Y por un instante—

la evaluó.

—“…Ciel Rousla…”

pensó.

—“…sigues siendo predecible.”

Una sonrisa suave apareció en su rostro.

—“…hermanita tonta…”

✦ La duquesa

La habitación privada era silenciosa.

Y en el centro—

Lysenne Ardevall.

Cabello dorado.

Rostro sereno.

Pero firme.

—“…Así que viniste.”

—“…Sí.”

—“…Me faltaba una semana.”

Ciel no habló.

—“…todo estaba listo…”

—“…y por ese escándalo…”

Pausa.

—“…se adelantó.”

Silencio.

—“…hubo complicaciones.”

No exageró.

Pero fue real.

—“…fue difícil.”

Y aun así—

—“…no voy a caer por eso.”

Ciel dio un paso adelante.

—“…No fui yo.”

Silencio.

—“…pero fui la causa.”

Pausa.

—“…y eso es suficiente.”

Miró directo.

—“…vine a disculparme.”

Sin ceremonia.

—“…por lo que causé.”

Silencio largo.

Lysenne la evaluó.

—“…No esperaba eso.”

—“…Yo tampoco.”

—“…pero no soy la misma.”

Pausa.

—“…Lo veo.”

No fue perdón.

Pero sí un cierre.

—“…Entonces no lo repitas.”

—“…No lo haré.”

✦ El banquete

Media hora después, el salón estaba vivo.

Ciel apareció sin anunciarse.

Pero todos la notaron.

Una marquesa se acercó.

—“…no esperaba verla tan tranquila.”

—“…Depende del tema.”

Un conde intervino:

—“…el comercio está estancado.”

—“…mal distribuido.”

Silencio.

—“…dependemos demasiado de rutas largas.”

Interés.

—“…¿y su solución?”

—“…diversificación.”

—“…producción cercana a zonas de riesgo.”

—“…¿zonas contaminadas?”

—“…cerca.”

Pausa.

—“…si se controlan… se convierten en recursos.”

Ahora la escuchaban de verdad.

Una camarera se acercó.

—“…Su copa, princesa.”

Ciel la tomó.

Y en ese instante—

miró a Elira.

Sonriendo.

Demasiado atenta.

—“…Ya veo…”

Levantó la copa.

Pero no bebió.

La cambió.

Sutil.

Invisible.

Luego llamó a otra sirvienta.

—“…Llévale esto a mi hermana.”

Sonrió.

—“…de mi parte.”

Minutos después—

Elira falló.

Primero leve.

Luego evidente.

Respiración irregular.

Postura tensa.

Un comandante se acercó.

—“…¿Está bien?”

—“…Sí…”

Pero no lo estaba.

Se apoyó en él.

Más de lo correcto.

Susurros.

—“…¿le pasa algo?”

—“…se ve rara…”

Nada escandaloso.

Pero suficiente.

Elira salió.

Acompañada.

Flora miró a Ciel.

—“…Pudiste destruirla.”

—“…No aún.”

—“…Entonces…”

—“…la medí.”

Aurelion lo vio todo.

Sin intervenir.

Pero entendiendo.

✦ Cierre

El ambiente volvió.

Pero ya no era el mismo.

Ciel tomó una copa.

Bebió.

—“…Esto apenas comienza.”

El murmullo del salón quedó atrás.

Las puertas se cerraron suavemente.

Y el aire cambió.

Más fresco.

Más real.

El jardín del ducado estaba iluminado por luces tenues.

Nada exagerado.

Lo justo para ver el camino… y perderse un poco.

Ciel caminaba sin prisa.

Por primera vez en la noche—

sin miradas encima.

—“…No la delataste.”

Flora apareció a su lado.

Como si siempre hubiera estado ahí.

—“…Pudiste hacerlo.”

Ciel no se detuvo.

—“…Sí.”

Pausa.

—“…pero no era necesario.”

Flora ladeó la cabeza.

—“…Interesante.”

Silencio.

—“…La mayoría habría aprovechado eso.”

—“…No soy la mayoría.”

Respuesta simple.

Pero firme.

Flora sonrió.

—“…Ya me di cuenta.”

Caminaron unos pasos más.

El sonido de sus pasos era suave sobre la grava.

Tranquilo.

—“…Aunque fue elegante.”

añadió Flora.

—“…la copa, el cambio…”

—“…Fue simple.”

—“…No.”

Pausa.

—“…fue preciso.”

Ciel no respondió.

Pero no lo negó.

El ambiente se relajó.

Ya no era política.

Ya no era estrategia.

Solo…

una conversación.

—“…Oye.”

Ciel la miró de reojo.

—“…¿Por qué me ayudas?”

Directo.

Sin rodeos.

Flora no respondió de inmediato.

Miró hacia adelante.

—“…Porque quiero.”

Pausa.

—“…y porque puedo.”

Ciel entrecerró los ojos.

—“…Eso no responde nada.”

—“…Claro que sí.”

Sonrió.

—“…soy una duquesa.”

Pausa.

—“…no necesito una razón complicada.”

Silencio.

—“…Además…”

Se detuvo un segundo.

—“…me aburro fácil.”

Ciel soltó una leve exhalación.

—“…Eso sí lo creo.”

Volvieron a caminar.

—“…Tienes influencia.”

Flora la miró.

—“…mucha.”

Pausa.

—“…y aún así estás aquí.”

—“…¿Aquí?”

—“…conmigo.”

Silencio breve.

Flora sonrió de lado.

—“…Eso te sorprende.”

—“…Sí.”

Directo.

Flora se encogió de hombros.

—“…Tengo cuatro esposos.”

Ciel se detuvo apenas.

—“…¿Cuatro?”

—“…Sí.”

Como si fuera lo más normal del mundo.

—“…bestias.”

Pausa.

—“…fuertes.”

—“…y molestos a veces.”

Ciel la miró un segundo más.

—“…No lo habría imaginado.”

—“…Nadie lo hace.”

Sonrió.

—“…eso me conviene.”

El viento movió ligeramente el cabello de Flora.

Por un instante—

algo en ella cambió.

Sutil.

Instintivo.

—“…Eres una loba…”

Ciel lo dijo sin pensar.

Flora la miró.

Satisfecha.

—“…Bien.”

Pausa.

—“…no eres lenta.”

Ciel desvió la mirada.

Pensativa.

—“…Yo…”

Se detuvo.

—“…no lo había considerado.”

Silencio.

No incomodo.

—“…Lo harás.”

Flora respondió con calma.

—“…cuando sea necesario.”

El jardín volvió a quedarse en silencio.

Pero esta vez…

no era vacío.

Era cómodo.

—“…Ciel.”

Flora habló de nuevo.

—“…esto que hiciste hoy…”

Pausa.

—“…no es pequeño.”

Ciel no respondió.

—“…y ella…”

No necesitó decir el nombre.

—“…no lo va a dejar pasar.”

Silencio.

—“…Lo sé.”

—“…Bien.”

Sonrió.

—“…porque yo tampoco.”

Ciel la miró.

Y por primera vez…

no vio solo a una aliada.

Vio…

a alguien que se quedaría.

—“…Gracias.”

Fue bajo.

Casi imperceptible.

Flora no hizo escándalo.

No lo exageró.

Solo respondió:

—“…No es nada.”

Pero ambas sabían—

que sí lo era.

Y mientras caminaban…

el juego no se detenía.

Solo…

cambiaba de ritmo.

Entonces—

él apareció.

A su lado.

Sin aviso.

—“…Estás cambiando.”

Aurelion.

Ciel no lo miró de inmediato.

—“…¿Eso es un problema?”

Pausa.

—“…No.”

Una leve sonrisa.

—“…me gusta.”

Su presencia pesaba.

Sin imponerse.

Pero dominando.

La miró un segundo más.

Con interés real.

Y luego—

se fue.

Dejando algo atrás.

Expectativa.

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karolina Oquendo
Hola antes pensaba no seguir con la historia aqui pero me dijeron , que hera bueno por que al fin alcabo esta le va bien , pensaba sacar un nuevo arco diferente, pero lo sacaré en la misma historia perdón por las molestias 😭☺️
Olga Lidia Leal
maravillosa, gracias
karolina Oquendo: gracias por gustarte mi historia, el segundo arco de esta historia tambien te espera para que la leas
total 1 replies
Annyely
👏👏👏me gusto
karolina Oquendo: ☺️Gracias☺️
total 1 replies
Ɣëįîśöñ Ďéťťö
estuvo myu buena esta historia y me dejo con ganas de mas y con la curiosida de que pasara mas adelante
karolina Oquendo: gracias por tu comentario ☺️
total 1 replies
Leticia Camacho
me encanta tu historia enganchada desde el primer capítulo ❤️❤️
karolina Oquendo: espero que te sigan gustando los demas episodios ❤️
total 1 replies
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