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Las Sirenas De Mirthalia.

Las Sirenas De Mirthalia.

Status: Terminada
Genre:Romance / Sirena / Venganza / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Cuando las profundidades del mar ocultan secretos ancestrales y los ecos de la venganza susurran a través de las corrientes, solo las valientes sirenas de Mirthalia pueden desafiar el destino.

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Capítulo 10: El Templo Encantado

La huida de Mirthalia no fue el nado gracioso que las sirenas solían practicar en tiempos de paz. Fue una carrera desesperada contra la muerte. Tras ellas, las linternas de la Guardia Real, alimentadas por medusas eléctricas de color naranja ácido, cortaban la penumbra como cuchillas de fuego. El Rey Pelagios no había perdido el tiempo; tras la huida de la Bóveda de los Susurros, Selene y sus amigas habían sido declaradas "Portadoras de la Plaga", una calumnia diseñada para que cualquier ciudadano las atacara al verlas.

—¡Por aquí! —gritó Coralia, señalando una grieta estrecha en la base de un volcán submarino inactivo—. Las corrientes térmicas ocultarán nuestro rastro de calor. ¡Rápido!

Selene sentía que sus pulmones —o el equivalente mágico que le permitía procesar el oxígeno del agua— ardían. La magia que había despertado en la cripta seguía vibrando en sus venas, pero ahora se sentía pesada, como si el propio océano intentara retenerla. Entraron en la grieta justo cuando una patrulla de jinetes de mantarraya pasaba a pocos metros sobre sus cabezas.

Tras nadar en la oscuridad total durante lo que parecieron horas, el túnel se abrió en una cavidad inmensa. No era una cueva natural. Ante ellas se alzaba el Templo de las Mil Almas, una estructura que los mitos decían que fue construida antes de que las sirenas perdieran sus piernas y se refugiaran para siempre en el azul. El templo estaba hecho de un mármol blanco puro que no debería existir a esas profundidades, y lo más extraño era que estaba rodeado por un bosque de algas blancas que emitían una música suave y melancólica cuando el agua pasaba a través de ellas.

—Es hermoso... y aterrador —susurró Ondina Salty, abrazándose a sí misma—. Mi abuela decía que este lugar está vivo. Que el templo decide quién entra y quién se convierte en parte de sus muros.

—No tenemos otra opción, Ondina —dijo Selene, adelantándose. Sus escamas violetas comenzaron a brillar en respuesta a la energía del lugar—. Pelagios teme este sitio. Los nobles dicen que es un lugar maldito porque aquí la magia no responde a los linajes de sangre real, sino a la pureza de la intención.

Al cruzar el umbral del templo, una fuerza invisible las empujó. No fue una agresión, sino una sensación de ser juzgadas, como si cada pensamiento pecaminoso o duda fuera desnudado. Las paredes estaban cubiertas de frescos que se movían; imágenes de sirenas y humanos caminando de la mano por playas de arena dorada, compartiendo comida y música bajo un sol que no quemaba.

—Mirad eso —dijo Ariel Waves, señalando un altar en el centro de la nave principal—. Es el mismo hombre de la pintura. Y esa es... ¿mi madre?

Ariel se acercó a una de las estatuas. Representaba a una mujer de la familia Waves, pero su rostro reflejaba una tristeza infinita. Selene se dio cuenta de que el templo no solo guardaba secretos de magia, sino las memorias emocionales de todos aquellos que habían sido sacrificados o traicionados por el Pacto Sombrío.

—Estamos en un cementerio de verdades —comentó Coralia, desvainando su daga de coral solo por instinto—. Selene, ¿qué buscamos aquí? No podemos escondernos para siempre.

—Buscamos el Prisma de Étermar —respondió Selene, guiada por un instinto que no era suyo, sino una herencia de su linaje—. El prisma es lo que permite que una Guardiana de Sangre proyecte su poder fuera de su cuerpo. Sin él, solo soy una fuente de energía que Pelagios puede drenar. Con él, soy un faro.

Caminaron hacia lo profundo del templo, donde el agua se volvía tan cristalina que parecía desaparecer. En el sanctum sanctorum, sobre un pedestal formado por manos de cristal que brotaban del suelo, flotaba un objeto que desafiaba la lógica. Era un octaedro de un material que cambiaba de color según quien lo mirara. Para Coralia era rojo como la guerra; para Ariel, azul como el cielo; para Ondina, verde como la vida.

Para Selene, era transparente. Un vacío absoluto que esperaba ser llenado.

—Para tomarlo, debes entregar algo a cambio —rezó una voz que parecía provenir de todas las paredes a la vez. No era una voz física, sino un eco en sus mentes.

—No tengo nada más que mi vida y mi libertad —dijo Selene en voz alta, su voz firme a pesar del miedo que le atenazaba las entrañas.

—"La vida es barata en el abismo, hija de Marina" —respondió el templo—. "Entréganos tu duda. Entréganos el miedo a lo que eres".

Selene cerró los ojos. Se vio a sí misma como la niña que jugaba en los arrecifes, la joven que soñaba con la superficie, y la mujer que ahora cargaba con el odio de un reino. Sintió cómo una mano invisible le arrancaba la inseguridad, el deseo de ser "normal", la esperanza de que todo esto fuera un error. Fue un proceso doloroso; sintió que le arrancaban parte de su alma, dejándola con una determinación fría y cortante.

Cuando abrió los ojos, el Prisma de Étermar descendió lentamente hacia sus manos. En cuanto sus dedos lo tocaron, una explosión de luz blanca inundó el templo. Sus amigas gritaron, pero no de dolor, sino por la sobrecarga sensorial.

El cuerpo de Selene sufrió una transformación. Sus marcas mágicas ya no estaban solo bajo su piel; ahora palpitaban con una luz externa, conectadas al prisma. Sintió que su percepción se expandía. Podía sentir el pulso del océano a cientos de kilómetros, las tormentas en la superficie, y la oscuridad del Abismo que se retorcía de envidia.

—Siento... siento que el mar me obedece —susurró Selene, alzando el prisma. El agua a su alrededor comenzó a girar en patrones geométricos perfectos—. Ya no soy solo Selene Blue Mist. Soy la marea que reclama su deuda.

—Tu poder ha crecido tanto que casi me asusta tocarte —dijo Coralia, mirando a su amiga con un nuevo respeto—. Pero ahora que tenemos el prisma, ¿qué hacemos? La Guardia Real acabará encontrando este lugar.

—No nos quedaremos a esperar —dijo Selene, guardando el prisma en un relicario que apareció en su pecho, fundiéndose con su propia carne—. El prisma me ha mostrado algo. El Corazón de la Tierra no está perdido en el fondo del mar. Está en la superficie. Marinus lo tiene, pero no sabe cómo usarlo.

—Entonces el plan sigue en pie —dijo Ariel, recuperando su sonrisa audaz—. Vamos a la superficie. Vamos a bailar entre los humanos una última vez antes de que la tormenta lo borre todo.

El templo comenzó a vibrar, como si se despidiera de ellas. Las algas blancas se inclinaron al paso de Selene. Ya no eran fugitivas; eran una fuerza de la naturaleza en movimiento. El objeto que habían encontrado no solo fortalecía su magia, sino que les daba la autoridad espiritual que Mirthalia había olvidado. La guerra ya no era solo por la supervivencia, sino por el alma misma del océano.

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Betsabe Herrera
bonita 😻😻😻
Elba Lucia Gomez
me encanta, mi sirena debe recuperarse😘
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