Si me hubieran dicho que conocer y amar a ese hombre me llevaría hasta la muerte… aun así lo elegiría, una y mil veces, hasta mi último aliento.
NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo:8
Francis se mostraba como el novio más dedicado y amoroso del mundo. La llenaba de detalles: flores que llegaban a la oficina sin remitente pero que ella sabía quién era, cajas de chocolates, salidas sorpresas, viajes cortos. Le demostraba en cada gesto cuánto la valoraba y cuánto le gustaba hacerla feliz.
—¿Otra vez flores? —decía Lucía con envidia sana cada vez que veía llegar otro ramo inmenso de rosas rojas a su escritorio—. Ay, amiga, este hombre te tiene loca y lo sé. Nadie hace estas cosas si no es de verdad.
—Es que es perfecto, Lu —respondía Alejandra, oliendo el aroma dulce de las flores con una sonrisa que no le cabía en la cara—. No sé qué hice para merecerlo. Me trata como a una reina.
Pero no todo eran halagos y regalos. Francis también estaba cumpliendo su palabra de ayudarla a crecer profesionalmente. Le dio más responsabilidades, le enseñó secretos del negocio, la trataba como su socio igualitario cuando estaban a solas. Alejandra se sentía realizada, sentía que por fin su sueño de ser independiente y exitosa se estaba haciendo realidad, y lo mejor de todo: era de la mano del hombre que amaba.
Sin embargo, como en todo jardín, siempre hay alguna que otra mala hierba. Y las dudas, aunque pequeñas, empezaron a asomar la cabeza de vez en cuando.
Una tarde, saliendo de una reunión muy importante en la empresa, Francis recibió una llamada. Alejandra estaba con él, caminando por el pasillo, y vio cómo la expresión de él cambió de golpe. De estar sonriendo y relajado, pasó a ponerse tenso, serio, casi distante.
—Sí... ya entiendo... sí, ahora no puedo hablar, estoy ocupado... te llamo luego —decía él con voz cortante, mirando hacia todos lados menos hacia ella.
Colgó rápido y guardó el celular como si quisiera esconderlo.
—¿Pasa algo, amor? —preguntó Alejandra preocupada, tocándole el brazo suavemente—. ¿Fue algún problema con el negocio?
Francis paró, respiró hondo y forzó una sonrisa, pero esa sonrisa no llegó a sus ojos oscuros.
—Nada, mi vida, nada importante —dijo él, dándole un beso rápido en la mejilla, más por compromiso que por ganas—. Solo son cosas de la familia, ya sabes... asuntos pendientes que hay que resolver. Nada que tenga que ver contigo ni con nosotros.
—¿Familia? —preguntó ella curiosa—. Nunca me hablas mucho de tu familia, Francis. Sé que viven aquí en la ciudad, pero... ¿cuándo me vas a llevar a conocerlos?
La pregunta flotó en el aire, pesada. Francis se quedó callado un momento, mirando el suelo, y luego la tomó de la mano con fuerza.
—Alejandra, tú sabes que mi situación es... especial. Mi familia es muy tradicional, muy estricta. Quiero que todo esté perfecto antes de presentarte, quiero estar seguro de que todo va viento en popa para que te reciban como la reina que eres. Dame un poquito más de tiempo, ¿sí? Prometo que muy pronto será.
Ella asintió, aunque por dentro sintió una pequeña punzada de tristeza. Quería ser parte de su mundo completo, no solo de la parte bonita y secreta. Pero lo amaba tanto que estaba dispuesta a esperar lo que fuera necesario.
—Está bien, mi amor. Yo espero todo lo que haga falta.
Otra situación que le llamó la atención fue cuando fueron al centro comercial un sábado por la noche. Iban felices, comprando cosas para el apartamento, riendo, cuando de repente Francis la soltó de la mano bruscamente.
—¿Qué pasa? —preguntó ella extrañada.
—Nada, nada... es que... mejor caminemos un poco separados, o yo voy adelante —dijo él mirando nervioso hacia una tienda—. Me parece que vi a unos socios ahí y no quiero que empiecen con chismes todavía. Recuerda que queremos mantener la discreción un tiempo más.
Alejandra sintió que se le helaba la sangre un poco. ¿Era pecado que un novio tomara de la mano a su novia? ¿Tan vergonzosa era ella para él o tan importante era su imagen?
—Como tú digas, Francis —respondió ella bajando la mirada, sintiéndose pequeña—. Tú mandas.
Él notó su tristeza y se arrepintió al instante. Se acercó a ella en un pasillo vacío y la abrazó contra la pared, besándola con urgencia.
—Perdóname, mi vida, perdóname —le decía besando sus ojos, sus labios—. No es por ti, es por el mundo que es tan maldito y hablador. Tú eres lo más preciado que tengo y quiero protegerte de todo y de todos. ¿Me perdonas?
—Sí... te perdono —susurró ella, derritiéndose entre sus brazos otra vez. El amor podía más que cualquier duda.
Pero sus amigos no eran ciegos. Una noche que se reunieron todos: Lucía, Tomás, Javier y su novia Elena, y Marcos con su pareja Rosa, estaban todos cenando y pasándola bien. La conversación derivó en parejas y amor.
—La verdad es que yo ya me quiero casar —decía Lucía feliz, abrazada a Tomás—. Cuando hay amor y confianza, ¿para qué esperar?
Todos rieron y brindaron. Entonces Javier, el hermano de Alejandra, que siempre había sido muy desconfiado con Francis, miró a su hermana y soltó la pregunta que todos tenían en la cabeza pero nadie se atrevía a decir.
—Y tú, Ale... ¿cuándo piensas traer a Francis a una reunión familiar de verdad? Ya llevan bastante tiempo y la verdad es que apenas lo conocemos de vista. Además... —miró a Francis que estaba un poco apartado contestando un mensaje—, me da la impresión de que ese hombre esconde algo. No me gusta cómo evade las preguntas.
El silencio se hizo en la mesa. Francis levantó la vista y sonrió de esa forma encantadora que tenía.
—Oiga, Javier, es que soy un hombre muy ocupado, pero prometo que pronto nos sentamos los dos a hablar como hombres, de todo lo que usted quiera —dijo él con su voz suave y segura—. Lo que pasa es que quiero darle a su hermana la vida que ella se merece, y eso requiere trabajo y tiempo.
—Ya, pero el tiempo también pasa para los secretos —insistió Javier, que no se dejaba engatusar fácil—. Mi hermana es una mujer de bien y merece transparencia.
Alejandra sintió vergüenza y rabia al mismo tiempo.
—¡Javier, por favor! ¡Déjalo en paz! —lo regañó ella—. Francis me ama y me respeta. Lo demás viene poco a poco.
La cena terminó un poco tensa, pero Francis supo manejar la situación con tanta diplomacia y cariño hacia Alejandra que al final todos terminaron relajándose otra vez. Menos Alejandra, que esa noche, al acostarse, no pudo dormir pensando en las palabras de su hermano.
"¿Estaré siendo ingenua?", pensaba mirando el techo mientras Francis dormía profundamente a su lado, abrazándola. "¿Estará escondiendo algo realmente?". Pero luego miraba el anillo en su dedo, recordaba sus promesas, sus besos, y se decía a sí misma que estaba loca, que eran solo celos de la gente que no soportaba verla feliz.
Continuará....✨
Felicidades escritora. Una novela con matices que hacen cada capítulo interesante.
Debería de ponerse al tú por tú con Isabel y no dejarse amedrentar.
Al final será un cobarde que vivirá con amargura por no saber defender sus ideales y su amor.
Debería dejar pasar unos días y reflexionar sobre sus sentimientos. Y si el amor por ella misma le da el valor de escucharlo, que sobre eso decida qué elige.