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LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

Status: En proceso
Genre:Magia / Mundo mágico / Acción / Espadas y magia / Mundo de fantasía / Fantasía épica
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Cristian David Leon

Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.

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LA PESADILLA DE BLAKE

​El sur del Bosque Rojo no era un lugar para los débiles de corazón. Los árboles, con sus cortezas de un tono carmesí profundo y hojas que goteaban una savia espesa como la sangre, parecían observar cada movimiento del Equipo Ocho. Leónidas, el líder del grupo, avanzaba con la mano apoyada en la empuñadura de su arma, escaneando el horizonte. De repente, el crujido de una rama rompió el silencio sepulcral.

​—Llegando al sur del bosque rojo, el equipo de Leónidas vuelve a ver a un Leolagarto —murmuró Leónidas para sí mismo, identificando a la criatura que acechaba entre los arbustos. La bestia era una mezcla letal de agilidad felina y armadura reptiliana.

​—Bien, esta es nuestra oportunidad —dijo Leónidas en voz alta, haciendo una señal para que el equipo se detuviera.

​Blake, cuyo rostro reflejaba una mezcla de nerviosismo y determinación, se acercó a su líder.

—¿Usaremos el mismo plan? —preguntó, esperando que la estrategia habitual fuera suficiente para someter a la criatura.

​—Así es —respondió Leónidas con firmeza—. A la cuenta de tres lo distraeré y tú atacas, Blake. Uno... dos... ¡Ahora!.

​Leónidas salió disparado hacia el frente, convirtiéndose en un torbellino de movimiento para captar la atención del Leolagarto. Esperaba el rugido de desafío, el choque de garras contra acero. Pero lo que sucedió fue mucho más inquietante. El Leolagarto miró a Leónidas, pero no como a un enemigo, sino como a un estorbo. El animal sintió algo en el aire, una vibración de puro terror que los humanos aún no captaban, y huyó despavorido, perdiéndose entre la maleza.

​—¿Qué? —exclamó Blake, bajando su arma, totalmente desconcertado.

—¿Se fue? —preguntó Leónidas, deteniéndose en seco. El equipo quedó sumido en una confusión asfixiante. ¿Qué podía asustar a un depredador alfa?.

​—Chicos... —la voz de Deila cortó el aire como un cuchillo de hielo—. Creo que estamos en problemas....

​Al girarse, el mundo pareció encogerse. Una presencia colosal emergió de las sombras. No era un habitante común del bosque. Era una aberración de poder antiguo.

​—¡Ay no! —gritó Leónidas, sintiendo cómo el sudor frío recorría su espalda.

—Eso es... —Blake dio un paso atrás, con las pupilas dilatadas por el pánico—... un ogro mágico.

​La criatura rugió, un sonido que no solo se escuchaba, sino que se sentía en los huesos.

—Maldición, estamos en problemas... —masculló Leónidas, dándose cuenta de que la escala de poder de su enemigo superaba todo lo entrenado.

—¿Qué hacemos? ¿Pedimos ayuda a alguien superior? —suplicó Deila, buscando una salida que no implicara una muerte segura.

—No lo creo, estamos solos —sentenció Leónidas, cerrando filas. En ese momento, el equipo de Leónidas se encontraba en un grave problema: Blake estaba paralizado por el asustado y el resto permanecía anonadado ante la majestuosidad destructiva de la bestia.

​Conspiración en la Corte

​Mientras el Equipo Ocho luchaba por respirar ante el ogro, a kilómetros de distancia, en el corazón del reino, la atmósfera no era menos tensa. En la oficina del Director, la Profesora Jill golpeó la mesa con frustración.

​—Director, el equipo ocho al parecer se encontró con un... —comenzó Jill, señalando los informes de actividad mágica en el bosque. La urgencia vibraba en su voz—. ¿Debería ir?.

​—Espera, Jill —respondió el Director Bale con una voz que no admitía réplicas.

—Pero director, si no voy podrían... —insistió ella, pensando en sus alumnos.

—Dije que esperes. Sólo espera, quiero verificar algo —concluyó Bale, manteniendo la mirada fija en unos documentos antiguos.

​Jill salió de la oficina apretando los puños, angustiada. Sin embargo, al cruzar el umbral, sus instintos de guerrera se encendieron. Sintió una presencia rápida, una sombra que no debería estar allí.

​—Muéstrate, sé que estás ahí —ordenó Jill, rodeándose de un aura defensiva.

—Parece que me descubriste, Jill —dijo una voz arrastrada. De la oscuridad emergió el Hombre Misterioso.

—Ah, eres tú, ¿qué haces aquí? —preguntó ella, sin bajar la guardia.

—Traigo noticias de la corte —dijo él, y su siguiente frase cambió el peso del mundo—. El despertó....

​El impacto de la noticia dejó a Jill sin aliento. ¿De quién estaban hablando? La sola mención de ese despertar significaba el fin de la paz.

—¡Demonios! Justo ahora se vienen más problemas —exclamó Jill, dividida entre el peligro del reino y el de sus alumnos. —Bien, adelántate, tengo unas cosas que encargarme antes.

—No te demores, Jill —advirtió el hombre—. Llamaron a los Diez Magos de la Corte.

​La Lucha por la Supervivencia

​De vuelta en el Bosque Rojo, el tiempo se agotaba. El ogro mágico levantó su puño, cargado de una energía oscura que hacía crujir el aire.

​—¡Blake, Dey, debemos combinar nuestra magia para acabar con el ogro! —gritó Leónidas, tratando de romper el trance de sus compañeros.

—Pero, ¿cómo? —preguntó Deila, con las manos temblorosas.

​Leónidas trazó un plan desesperado en segundos:

—Blake bloquea sus brazos con tu magia, yo lo atacaré con todo lo que tengo. Y tú, Dey, bloquea su vista.

​Pero el plan nació muerto. Blake estaba en shock, sus ojos fijos en la muerte que se avecinaba, incapaz de conjurar ni una chispa de energía.

—¡Rayos! Blake está bloqueado —rugió Leónidas—. Parece ser que nunca se vio cara a cara con un ogro mágico.

​El ogro, viendo que uno de ellos no se movía, lanzó un puñetazo letal directo hacia Blake.

—¡Cuidado! —bramó Leónidas.

​En ese instante, Deila cerró los ojos y se concentró como nunca antes.

—Diosa del agua y de la paz, protege a mis aliados con tu fuerza —pensó el ritual con una intensidad desesperada.

​El puñetazo del ogro impactó contra un escudo de agua sólida creado por la magia de Dey, impidiendo que el golpe destrozara a Blake.

—Bien hecho, Dey —dijo Leónidas, sintiendo un breve alivio. —Supongo que es mi turno....

​Invocando las enseñanzas más antiguas de su linaje, Leónidas gritó:

—¡Dios del fuego, préstame tu poder!. El ritual clásico de los magos de fuego envolvió sus brazos en llamas blancas. Lanzó un ataque devastador hacia la cara del ogro, pero al disiparse el fuego, la realidad lo golpeó: solo había logrado hacerle apenas un rasguño.

​—¡Eso es! —gritó Deila, intentando mantener la esperanza.

—Aún no termina, Deila —respondió Leónidas con amargura. —Debemos proteger a Blake hasta que recupere la cordura.

​Mientras el ogro se preparaba para un segundo ataque, Leónidas sintió el peso de una decisión terrible en su pecho. "¿Qué debo hacer? No puedo recurrir a eso aún...", pensó, mientras su mano derecha comenzaba a brillar con un color que no era el del fuego común. El líder se encontraba en un gran aprieto, pero algo escondido entre sus manos prometía ser la última y más peligrosa esperanza del equipo.

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Camila Surita
me encantaaa
Yolanda Leon
muy bueno, me encanta
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