Cuando Valeria decide empezar de nuevo en una ciudad que no conoce, lo último que espera es que un simple error cambie su vida para siempre.
Un mensaje enviado a la persona equivocada la conecta con Daniel, un hombre que también está intentando dejar atrás su pasado.
NovelToon tiene autorización de Camila Vegas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Lo que parecía correcto
—Si alguna vez me amaste… dímelo ahora.
La voz de Mateo temblaba apenas, pero lo suficiente para que Sofía sintiera cómo su corazón se encogía.
Cerró los ojos.
Pensó en la intensidad.
En la forma en que él la hacía sentir viva.
En lo fácil que había sido perderse en lo que sentían.
Pero también recordó el miedo.
Las dudas.
La sensación constante de estar al borde de romper algo.
Respiró profundo.
—Sí te amé, Mateo —dijo finalmente—. Y una parte de mí siempre te va a querer… pero no puedo vivir en la incertidumbre.
Silencio.
—Necesito estabilidad. Necesito paz. Y contigo… siempre sentí que todo podía explotar en cualquier momento.
Al otro lado de la línea, Mateo no habló durante varios segundos.
—Entiendo —respondió al fin, con una calma que dolía más que cualquier discusión—. Entonces elige esa paz.
Sofía sintió las lágrimas correr.
—Cuídate, Mateo.
—Tú también, Sofía.
La llamada terminó.
Y con ella, una historia que nunca había sido tranquila… pero que había sido profundamente real.
Los meses pasaron.
Sofía y Daniel volvieron a intentarlo.
Al principio, todo parecía diferente.
Más consciente.
Más maduro.
Más tranquilo.
Se mudaron juntos.
Organizaron rutinas.
Cenas en casa.
Fines de semana planeados.
La vida que antes parecía lejana ahora era una realidad.
Y durante un tiempo, Sofía creyó que había tomado la decisión correcta.
Pero la paz, cuando es forzada… tiene grietas.
Todo empezó con pequeños detalles.
—¿Por qué no me avisaste que ibas a salir con tus compañeras? —preguntó Daniel una noche.
—Porque fue algo espontáneo —respondió ella.
Él no discutió.
Pero su silencio fue frío.
Después vinieron las preguntas constantes.
—¿Quién te escribió?
—¿Por qué llegaste diez minutos tarde?
—¿Por qué ya no publicas fotos conmigo?
No eran gritos.
Eran comentarios.
Control disfrazado de preocupación.
Al principio, Sofía lo entendió.
Daniel tenía miedo de perderla.
Pero con el tiempo, el cuidado empezó a sentirse como vigilancia.
Una noche, mientras ella revisaba su celular, Daniel habló desde la cocina.
—Deberías eliminar a Mateo de tus contactos.
Sofía levantó la mirada.
—Hace meses que no hablo con él.
—Pero sigue ahí.
—Daniel…
—Si ya lo superaste, no debería ser un problema.
La conversación terminó en silencio.
Pero algo dentro de Sofía se tensó.
La vida que había elegido por estabilidad empezaba a sentirse… pequeña.
Ajustada.
Controlada.
El encuentro ocurrió un sábado cualquiera.
Sofía estaba en un centro comercial comprando unas cosas para la casa.
Caminaba distraída cuando lo vio.
Mateo.
El tiempo se detuvo.
Su corazón reaccionó antes que su mente.
Él estaba unos metros más adelante.
Sonriendo.
Pero no estaba solo.
Una mujer caminaba a su lado, tomada de su brazo.
Ella era elegante, segura, hermosa. Reían por algo que Mateo acababa de decir.
Sofía sintió un golpe seco en el pecho.
Ansiedad.
Celos.
Nostalgia.
Todo al mismo tiempo.
Instintivamente, se escondió detrás de una columna.
Se odiaba por eso.
Pero no podía moverse.
Mateo se veía bien.
Tranquilo.
Feliz.
La mujer se inclinó y le acomodó el cuello de la camisa con naturalidad.
Un gesto íntimo.
Cotidiano.
Real.
Sofía sintió que algo se rompía por dentro.
Esa escena… esa calma… esa complicidad…
Era la vida que alguna vez imaginó con él.
Y ahora pertenecía a alguien más.
El aire le faltó.
Las manos le temblaban.
No sabía si lo que sentía era tristeza… o arrepentimiento.
Esa noche, en casa, Daniel notó su silencio.
—¿Te pasa algo?
—Estoy cansada.
—Últimamente siempre estás cansada.
El tono no fue amable.
Fue acusador.
Sofía no respondió.
—A veces siento que no estás aquí conmigo —continuó él—. Como si tu mente estuviera en otro lugar.
Ella lo miró.
Por primera vez, no supo qué decir.
Porque una parte de ella… sí estaba en otro lugar.
En un pasillo de un centro comercial.
Mirando a Mateo sonreírle a alguien más.
—¿Todavía piensas en él? —preguntó Daniel de repente.
El corazón de Sofía se aceleró.
—No.
Daniel la observó fijamente.
—Espero que sea verdad.
Esa noche, mientras él dormía, Sofía permaneció despierta.
Mirando el techo.
Sintiendo algo que no había sentido en meses.
Inquietud.
Y una pregunta que empezó a crecer lentamente en su mente:
¿Había elegido la paz…
o había elegido el miedo?
Y lo más inquietante de todo…
Era que, por primera vez, la vida que había construido con Daniel comenzaba a sentirse como una jaula.
El daño que se está incubando arrasará como un huracán con los tres, devastadoramente. No te arriendo la ganancia.