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CICATRICES BAJO LA LLUVIA

CICATRICES BAJO LA LLUVIA

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Elena: Una talentosa restauradora de arte que perdió la confianza en su talento tras un accidente que le dejó una leve secuela en la mano derecha. Es perfeccionista, un poco retraída y está tratando de reconstruir su vida en un pueblo costero alejado del caos de la ciudad. podrá encontrar su rumbo en este lugar?

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CAPÍTULO 7: EL ÚLTIMO AUTOBÚS Y UNA PROMESA DE BARRO

​La estación de autobuses de San Lorenzo era, en realidad, una marquesina oxidada frente a una gasolinera que parecía haberse detenido en los años noventa. Elena llevaba allí veinte minutos, ignorando el viento que soplaba desde el acantilado y que amenazaba con convertir su nariz en un carámbano de hielo.

​A su lado, doña Rosario —que parecía tener un radar para los momentos dramáticos— estaba sentada en un banco de piedra, tejiendo algo que parecía una bufanda para su cabra.

​—Si sigues mirando la carretera con esa intensidad, vas a provocar un accidente, niña —dijo Rosario sin levantar la vista de sus agujas—. Los autobuses huelen el miedo. Cuanto más los esperas, más tardan en llegar para fastidiarte.

​—No estoy esperando con intensidad, Rosario. Solo... me gusta el aire fresco —mintió Elena, acomodándose la bufanda.

​—Ya, y a mi Pincel le gusta el brócoli —replicó la anciana con una risotada—. Ahí viene. El monstruo de metal está llegando.

​Un autobús desvencijado, cubierto de una capa de polvo y barro de la carretera secundaria, apareció entre la niebla. El motor rugió con un estertor asmático antes de detenerse frente a ellas. Las puertas se abrieron con un siseo y unos pocos pasajeros bajaron: un pescador con botas altas, una mujer cargada de bolsas y, finalmente, él.

​Julián bajó los escalones con la lentitud de quien lleva el mundo sobre los hombros. Su chaqueta estaba arrugada, tenía ojeras profundas que hacían sus ojos grises casi negros y su mochila colgaba de un solo hombro. Parecía un hombre que acababa de sobrevivir a una guerra de baja intensidad.

​Cuando sus ojos encontraron a Elena, algo cambió en su rostro. La rigidez de su mandíbula se relajó y, por un segundo, la sombra del arquitecto derrotado desapareció.

​—Has venido —dijo él, con una voz tan ronca que parecía que no hubiera hablado con nadie amable en días.

​—Tenía que asegurarme de que no te habías quedado en la ciudad intentando rediseñar el metro —respondió Elena con una sonrisa tímida, sintiendo que el corazón le martilleaba las costillas.

​—Casi lo hago, pero el hormigón de allí no tiene el mismo carácter que la madera de aquí —respondió él, intentando mantener el tono de broma, aunque sus manos temblaban ligeramente al ajustar la correa de su mochila.

​Rosario se levantó, guardando su tejido.

—Bueno, ya que el náufrago ha vuelto a puerto, yo me retiro. Mi cabra tiene más sentido común que ustedes dos juntos, y ella ya sabe que es hora de cenar. Julián, tráela a casa entera, ¿me oyes? Elena es de porcelana fina, pero la porcelana corta si se rompe.

​Con esa advertencia sutil, la anciana se alejó tarareando.

​Se quedaron solos bajo la luz parpadeante de la gasolinera. El silencio era distinto ahora; estaba cargado de todo lo que se habían dicho por teléfono y de lo que aún no se atrevían a pronunciar.

​—¿Cómo fue? —preguntó Elena mientras empezaban a caminar hacia el pueblo.

​Julián soltó un suspiro largo.

—Duro. El fiscal es un tiburón que busca culpables, no justicia. Me hicieron sentir responsable de cada grieta, de cada grito. Pero... —se detuvo y la miró—, cada vez que sentía que iba a explotar, recordaba lo que me dijiste. Lo de la madera de teca. Lo de tus manos. Y pensaba: Si ella puede sostener un formón con ese miedo, yo puedo sostener mi verdad frente a un tipo con corbata.

​Elena sintió un nudo en la garganta. Nunca imaginó que su pequeña lucha personal pudiera ser el ancla de alguien como él.

​—Quiero enseñártelo —dijo ella de repente—. La pieza de madera. No está terminada, es un desastre de astillas y errores, pero... está ahí.

​Caminaron hasta el taller en silencio, pero esta vez sus hombros se rozaban ocasionalmente, y ninguno de los dos se apartaba. Al entrar, Elena encendió las luces tenues. En el centro de la mesa, la madera de teca lucía sus nuevas cicatrices. Era una forma abstracta, rugosa, llena de movimiento; una oda a la imperfección.

​Julián se acercó. Dejó su mochila en el suelo y pasó sus dedos largos y curtidos por las muescas que Elena había tallado. Lo hizo con una reverencia casi religiosa.

​—Es... honesta —susurró él—. Es la cosa más hermosa que he visto en mucho tiempo, Elena. No hay matemáticas aquí, no hay cálculos de carga. Solo hay... vida.

​—Me dolió —confesó ella, acercándose a su lado—. Mi mano derecha se bloqueó dos veces. Tuve que parar, llorar un poco y volver a empezar. Pero por primera vez, no sentí que la mano fuera mi enemiga. Era solo una herramienta rebelde que necesitaba paciencia.

​Julián se giró hacia ella. La luz de los fluorescentes creaba sombras dramáticas en su rostro, resaltando su juventud y, al mismo tiempo, la madurez forzada por sus tragedias.

​—Somos un par de piezas defectuosas, ¿verdad? —dijo él con una sonrisa triste.

​—Las mejores obras de arte suelen tener grietas, Julián. El barniz perfecto es para los muebles de catálogo, no para las personas.

​Julián acortó la distancia. Esta vez no hubo una carretilla volcando, ni una cabra interrumpiendo, ni una excusa técnica. Él puso sus manos en la cintura de Elena, con una suavidad que parecía preguntar permiso. Ella respondió rodeando su cuello con sus brazos, permitiendo que su mano derecha descansara, por fin, sobre la nuca de él, sintiendo el calor de su piel.

​El beso fue como el primer día de sol tras una tormenta de invierno: lento, necesario y con sabor a sal y esperanza. Fue un beso que sellaba un pacto de supervivencia. En ese momento, en aquel taller lleno de polvo y solventes, la restauración de sus almas dio un paso de gigante.

​Cuando se separaron, Julián apoyó su frente contra la de ella, cerrando los ojos.

​—Elena... —murmuró—. No sé qué va a pasar con el juicio. No sé si podré volver a ser arquitecto. Pero sé que no quiero pasar otro 14 de febrero sin saber que estás cerca.

​—Faltan muchos meses para el próximo febrero —respondió ella con una pequeña risa, aunque sus ojos estaban empañados—. Pero acepto el reto. Aunque tengamos que perseguir más cabras por el camino.

​Julián se rió, y fue un sonido lleno de alivio. Pero entonces, su mirada cayó sobre la mochila que había dejado en el suelo. De un bolsillo lateral sobresalía un sobre amarillo con un sello oficial de la ciudad. El drama no se había quedado en la estación de autobuses; había viajado con él, agazapado, esperando el momento de volver a golpear.

​—¿Qué es eso? —preguntó Elena, notando el cambio en su energía.

​—Una notificación —dijo él, y el brillo de sus ojos se tornó gris plomo otra vez—. Han reabierto la fase de instrucción. Me piden una fianza que no tengo... o tendré que enfrentar medidas cautelares.

​La burbuja de romance se vio sacudida por la realidad y este era apenas el primer bache real en su carretera recién asfaltada.

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✿.。.:* ☆𝙰𝚗𝚗𝚒𝚔𝚊✿.。.:* ☆:.
😌
Rositha🌹📝📚
Excelente 🙏🌷
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
muy buen cap 👏👏👏
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
yo quiero que sea niña
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
es cierto que la fertilidad aumenta luego del primer embarazo?
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
AAAAH 😱jajajaja el muchacho lo volvió a hacer, que linda familia, cada vez se hace más grande
Andrea
Adorable
🦋 Vαηυн ✨🦋
Bueno, yo no sabía que los colores se sentían incomprendidos 🤣🤣
🦋 Vαηυн ✨🦋
🤣🤣🤣🤣 Como sería el moco de trol?? 🤣🤣
yewein¥§
sexo no 🤕
yewein¥§
Cupido un poroto 😁🥵 quiero zexo ver🤧
yewein¥§
son iguales 🤓
yewein¥§
le gustó el nombre 😁
yewein¥§
son 2 gotas de agua
yewein¥§
encontraste tu alma gemela 🤓
yewein¥§
yo Cristian 😁
yewein¥§
que está lloviendo no sabía ☂️
yewein¥§
pobre universo siempre sale siendo acusado 🤓
yewein¥§
es la correcta embarazala😁
yewein¥§
que te den cómo cajón que no cierra🥵
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