¿Qué harías si tras tu muerte, despiertas dos años atras en tu vida?
Joel lo tenía todo hasta que el destino le arrebató a su familia. En su ceguera por el dolor, eligió un culpable: Celene, la mujer que más lo amaba. Tras dos años de indiferencia glacial y rechazos que marchitaron el alma de su esposa, el silencio se vuelve permanente cuando ella muere consumida por la depresión.
Sin embargo, la verdad es un juez implacable. Al descubrir la inocencia de Celene y la realidad tras su tragedia familiar, Joel se quita la vida, incapaz de cargar con su propia culpa. Pero el tiempo decide darle una última oportunidad. Despertando dos años atrás, justo cuando el infierno comenzó, Joel se jura a sí mismo que esta vez no será su verdugo, sino su protector.
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Cap 24 - Respirar tranquilo nuevamente
Las horas comenzaron a mezclarse unas con otras.
No sabría decir en qué momento se hizo de noche ni cuándo volvió a amanecer. El hospital seguía vivo, iluminado, indiferente al peso que cargábamos dentro de esa habitación
Celene dormía por intervalos cortos. Cada vez que abría los ojos, su primera reacción era la misma
— ¿El bebé? — preguntaba cada vez que abría los ojos
— Sigue estable — respondía yo, siempre igual
No era mentira, pero tampoco era toda la verdad.
Las primeras veinticuatro horas fueron las peores. Cada sonido del monitor me hacía levantar la cabeza de golpe. Cada paso en el pasillo me tensaba los hombros. Dormí sentado, con la espalda rígida y el cuerpo en alerta constante, como si en cualquier momento algo pudiera romperse de nuevo.
Los médicos entraban, revisaban, hablaban en voz baja y se iban. Nadie decía nada definitivo
— Todavía es pronto
— Hay que esperar
— La evolución es lenta
Palabras que no consolaban, pero que tampoco condenaban
Celene intentaba ser fuerte, aunque yo la conocía demasiado bien
— Si algo sale mal — me dijo en un susurro cuando una enfermera salió — No quiero que te culpes
La miré, sorprendido
— No digas eso
— Joel… — insistió — No todo depende de nosotros
Apreté su mano con cuidado
— Esta vez sí — respondí, aunque sabía que no era del todo cierto — Esta vez voy a quedarme hasta el final.
La segunda noche fue distinta. No peor, pero más pesada. La esperanza empezaba a desgastarse, como una vela consumiéndose lentamente.
Cuando el médico entró a la mañana siguiente, su expresión era diferente, no grave ni tensa. Solo… sería
— Hoy vamos a hacer un control más profundo — dijo — Si todo sale bien, podremos empezar a descartar consecuencias
Sentí cómo el corazón me golpeaba contra el pecho con mucha fuerza.
— ¿Hoy? — preguntó Celene
— Si, es necesario hacerlo hoy — confirmó el medico
La llevaron a una sala distinta. Más luminosa. Más silenciosa. Yo caminé a su lado, sosteniéndola como si pudiera transmitirle fuerza con solo tocarla
La ecografía comenzó sin palabras
El sonido llenó la habitación
Ese ritmo conocido
Constante
Vivo
Celene dejó escapar un sollozo contenido
— Está ahí… — susurró con lágrimas al ver a nuestro bebé en la pantalla
El especialista observó la pantalla con atención, moviendo el dispositivo con lentitud. El tiempo volvió a estirarse de forma cruel
— El ritmo cardíaco es normal — dijo finalmente — No hay señales de daño inmediato
Sentí que algo dentro de mí cedía
— ¿Inmediato? — pregunté confundido
El médico levantó la vista.
— No vemos alteraciones neurológicas ni físicas — explicó — Para el tiempo que tiene y el tipo de intoxicación que sufrió la madre, esto es una muy buena noticia
Celene apretó mi mano con fuerza
— ¿Entonces…? — preguntó, temblando
— Todo indica que el bebé no sufrió consecuencias permanentes — dijo el médico asintiendo
El silencio que siguió no fue de miedo, fue de incredulidad
Celene rompió a llorar, llevándose una mano al rostro. Yo cerré los ojos, dejando que el aire saliera de mis pulmones por primera vez en días
— Gracias… — murmuré con los ojos cerrados sintiendo un gran alivio
El médico sonrió apenas.
— Vamos a seguir controlando, pero pueden respirar tranquilos
Cuando regresamos a la habitación, Celene no dejaba de tocarse el vientre, como si recién ahora se permitiera creerlo
— Está bien — repitió — Está bien…
Me senté a su lado y apoyé la frente contra la suya.
— Lo logramos — susurré con ternura
— No — corrigió ella con suavidad — Lo logró él
Sonreí por primera vez desde aquella noche.
Aunque la amenaza no había desaparecido, ya que Beatriz seguía existiendo y el pasado seguía pesando.
Pero por primera vez desde que desperté en esta nueva vida, algo estaba verdaderamente a salvo.
Y supe que, pasara lo que pasara después, este futuro… ya no era el mismo
En la habitación el silencio ya no era el mismo. No estaba cargado de miedo ni de espera. Era un silencio cansado, pero tranquilo, como el que queda después de una tormenta larga
Celene estaba sentada en la cama, con una manta sobre las piernas y una taza de té entre las manos. Su piel seguía pálida, pero había algo distinto en su mirada. Algo más presente
— Me siento… rara — dijo mirando a la nada — Como si mi cuerpo todavía no terminara de entender que todo pasó
— Es normal amor — respondí — Pasaste por mucho
Justo en ese momento golpearon suavemente la puerta
— Adelante — dijo Celene
Elena entró primero. Sus ojos se llenaron de lágrimas apenas vio a su hija sentada y despierta. Ernesto la siguió, más contenido, pero con el rostro marcado por el cansancio y la preocupación
— Mi amor… — susurró Elena, acercándose sin pensarlo dos veces
Celene dejó la taza sobre la mesa y abrió los brazos. Su madre la abrazó con cuidado, como si aún temiera romperla. Ernesto se quedó a un costado, hasta que Celene extendió una mano hacia él
— Papá — dijo invitándolo a acercarse
Él se acercó entonces y apoyó la frente contra la de ella
— Nos diste el susto de nuestra vida — dijo con la voz quebrada — Pero sos fuerte. Siempre lo fuiste
Me hice a un lado, dándoles espacio. Observé la escena con una mezcla de alivio y culpa. En la otra vida, ellos también habían sufrido su pérdida. Habían enterrado a su hija sin entender por qué se había apagado… Esta vez no
— Joel — dijo Elena, girándose hacia mí — Gracias por estar con ella
Asentí, sin saber bien qué decir
— Es mí deber, ella es el amor de mí vida y estaría a su lado hasta el día en que me muera — respondí
Unas horas después, cuando Elena y Ernesto se despidieron prometiendo volver al día siguiente, alguien más apareció en la puerta
— Bueno… — dijo una voz conocida — Parece que llego tarde para el drama
Celene sonrió por primera vez después de todo lo que pasó
— Ro — dijo sonriendo
Su mejor amiga entró con los ojos brillosos y los brazos cruzados, intentando mantener la compostura
— No sabes el susto que me dio cuando Joel me dijo lo que te había pasado — dijo, acercándose a la cama — No me hagas pasar por esto nunca más, ¿sí?
Celene rió bajito, y Romina la abrazó con fuerza
— Me asusté mucho — confesó — Pensé… — se detuvo — Mejor no pensarlo
— Estoy acá — respondió Celene — Y el bebé también
Romina llevó una mano al vientre de Celene con cuidado
— Todavía no puedo creerlo — dijo — Eres increíble amiga
Me quedé observándolas. Celene rodeada de amor. De vínculos. De vida y algo dentro de mí se acomodó
Más tarde, cuando Romina se fue y la noche volvió a caer, Celene se recostó, agotada. Yo apagué la luz principal y me quedé sentado a su lado
— Joel — murmuró — Gracias — dijo tomando mí mano
— No tenés que agradecerme amor, sabes que te amo y que haría lo que fuese por vos y por nuestro hijo — Respondí sonriendo
— Sí — insistió — Estuviste. No te fuiste. No miraste para otro lado
Tragué saliva
— No puedo prometerte que voy a poder con todo — dije al fin — No puedo controlar lo que va a pasar. Ni el destino, ni el futuro
Ella me miró con atención.
— Entonces, ¿qué sí podés? — preguntó
— Puedo elegir — respondí — Elegirte todos los días. Quedarme. Amarte mejor que antes. Aunque tenga miedo
Celene apretó mis dedos
— Eso para mí es suficiente — dijo abrazándome
Apoyé la mano sobre su vientre y cerré los ojos un instante
Por primera vez, entendí algo con claridad absoluta:
No estaba acá para evitar cada tragedia, ni para corregir el mundo. Estaba acá para no repetir mis errores.
El destino podía intentar lo que quisiera.
Pero mis decisiones… esas ya no iban a fallar.