Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
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Aurelian Draconis
Soy el duque Aurelian Draconis, general del Reino de Eldrador.
Desde pequeño estuve inmerso en el mundo del poder. Al ser hijo de mi padre, recaía sobre mí la obligación de ser perfecto. No podía mostrar debilidad; eso no era aceptable para un noble de alto rango como yo.
Aprendí desde temprana edad que el respeto se imponía, no se pedía. Me volví frío, distante, impenetrable.
Entonces nació mi hermano menor.
Era idéntico a mí en apariencia, pero completamente distinto en esencia. Alegre, luminoso, libre. Yo lo quería más de lo que jamás supe expresar; era la luz que se filtraba en toda mi oscuridad.
Hasta que un maldito día… desapareció.
Había sido secuestrado.
Lo buscamos sin descanso, movilizamos investigaciones, ejércitos, informantes. Nada. Era como si la tierra se lo hubiera tragado. Mi madre cayó en una profunda depresión, y mi padre, consumido por la pérdida, me dejó a una edad temprana a cargo de todo el ducado.
El peso fue insoportable.
Pero como noble, no tenía derecho a quejarme.
Solo podía resistir en silencio y cargar con el deber.
Durante doce años busqué a mi hermano sin perder la esperanza.
Entonces llegó la guerra.
El reino vecino nos declaró enemigos y atacó nuestros pueblos, masacrando a inocentes sin piedad. No tuve opción: partí a dirigir las tropas. Tras cuatro meses de batalla comprendí algo aterrador: los soldados enemigos no tenían honor ni moral. Solo querían ganar, sin importar los métodos.
Hubo demasiados heridos. Médicos acudieron a ayudar, pero jamás imaginé que el enemigo caería tan bajo como para atacar a quienes no podían defenderse.
Cuando recibí la noticia del ataque, me dirigí al lugar con urgencia.
Para mi sorpresa, mis hombres aún resistían. Pero no estaban solos.
Había alguien más luchando con una habilidad excepcional. No notó mi llegada. De pronto gritó, con rabia y desesperación, preguntando por qué no había llegado a salvarlos, si pensaba dejarlos morir.
—Ya estoy aquí —le respondí.
Sin mirarme, murmuró: —Ya era hora.
No hubo tiempo para discutir. El enemigo se nos abalanzó. Ataqué sin piedad, acabando con varios, y noté cómo aquel extraño eliminaba a los soldados con una rapidez impresionante. Pensé de inmediato en reclutarlo; su dominio de la espada era extraordinario.
Cuando cayó el último enemigo, me giré para hablarle.
Entonces lo vi.
Un niño pequeño corrió hacia él con una sonrisa inmensa, llamándolo “mamá”.
Mi corazón se detuvo.
La capucha de la figura cayó, y vi el rostro de un niño… de la misma edad que tendría hoy mi hermano. Los rasgos eran idénticos a los míos.
¿Era posible…?
De pronto, una flecha surcó el aire. El extraño se lanzó para proteger al niño, recibiendo el impacto en la espalda. La capucha cayó por completo.
Era una mujer.
No cualquier mujer. Sus rasgos eran extraños, únicos… hermosos. El niño lloraba, suplicándole que no muriera, recordándole que le había prometido no abandonarlo.
Corrí hacia ellos sin pensarlo. La mujer había perdido el conocimiento. La tomé en brazos y ordené a gritos que llamaran a los médicos.
No sabía quién era ella.
No sabía quién era el niño.
Pero algo en lo más profundo de mi ser me decía que mi destino acababa de cambiar para siempre.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno