✅️Tras ser traicionado y reducido a una sombra, el brillo de Ian se apagó. Pero Ronen, un alfa de fuerza serena, llega para ser su escudo. Entre acordes rotos y traumas del pasado, su amor incondicional será la melodía que cure al omega, devolviéndole su voz y su lugar bajo el sol.
Esto puro amor😍✅️
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Amanecer
La canción se lanzó a medianoche. Para el amanecer, el nombre de Ian era tendencia mundial. El "Amanecer" del que todos hablaban ya no era una desaparición, sino un renacimiento. Pero mientras el mundo exterior gritaba su nombre, dentro de la mansión, el silencio se sentía más denso, cargado de una electricidad que nada tenía que ver con la música.
Ian estaba sentado en la encimera de la cocina, balanceando sus piernas delgadas. Llevaba puesta una de las camisetas del alfa, le quedaba enorme, el cuello caía hacia un lado dejando ver su clavícula pálida y el inicio de su dulce glándula. Se sentía seguro envuelto en el rastro de eucalipto que la prenda conservaba.
Ronen estaba frente a él, preparándole un café. Al girarse, sus ojos se detuvieron en cómo la tela de su propia ropa abrazaba el cuerpo del omega. El aroma a miel y lavanda de Ian era tan potente esa mañana que Ronen tuvo que apretar la mandíbula para mantener su lobo bajo control.
-Estás en todas partes, pequeño.- Dijo Ronen, dejando la taza entre las manos de Ian. Al hacerlo, sus dedos rozaron los de Ian, y ambos sintieron ese chispazo eléctrico que ya se había vuelto habitual -La agencia dice que hay fotógrafos en la puerta. Quieren ver al "Omega que regresó de la oscuridad".-
Ian suspiró, bajando la mirada.
-No quiero verlos. Solo quiero estar aquí. Contigo.-
El alfa se acercó, quedando entre las piernas de Ian. Sus manos se apoyaron en la encimera, a cada lado de las caderas del joven. Ian podía sentir el calor irradiando del pecho del alfa, un calor que lo invitaba a inclinarse hacia adelante. La diferencia de tamaño era deliciosa. Ian se sentía protegido, casi oculto por la imponente figura de Ronen.
-Tarde o temprano tendrás que salir.- Murmuró Ronen, su voz bajando a un tono ronco que hizo que el omega se estremeciera -Pero esta vez será diferente. No eres un objeto. Eres un artista. Y yo soy tu sombra.-
Ian extendió una mano temblorosa y delineó la cicatriz de un nudillo de Ronen. La piel del alfa era áspera, caliente, un contraste perfecto con la suavidad de los dedos de Ian.
-Ronen... lo del estudio... el beso...- Ian se detuvo, su aroma volviéndose dulce como el néctar, una invitación instintiva que no podía controlar -Fue lo más real que he sentido en años. Pero tengo miedo de que mi lobo esté demasiado roto para darte lo que un alfa dominante como tú necesita.-
Ronen soltó un gruñido suave, no de enfado, sino de una ternura posesiva. Se inclinó hasta que sus frentes se tocaron. Ian cerró los ojos, concentrándose en el sonido de la respiración de Ronen, que se estaba volviendo pesada.
-Escúchame bien.- Dijo Ronen, y su mano subió para acunar la nuca de Ian, sus dedos hundiéndose en su cabello suave -No necesito que me "des" nada, Ian. No soy como él. No busco reclamar un premio. Busco cuidar una vida. Mi lobo solo quiere que el tuyo esté a salvo, que tu aroma sea libre. Lo demás... lo demás vendrá cuando tú no tengas ni una pizca de miedo en el cuerpo.-
Ronen rozó su nariz contra la de Ian, un gesto de afecto puro entre especies. Luego, bajó hacia su cuello. Ian soltó un jadeo, arqueando la espalda cuando sintió los labios del alfa rozar apenas la piel sensible sobre su glándula de aroma. No hubo mordida, no hubo marca, solo un beso suave, casi casto, que olía a sol de primavera.
-Te voy a esperar, pequeño.- Susurró Ronen contra su piel -Aunque pasen mil capítulos más.-
Ian sintió que sus ojos se humedecían. Se aferró a los hombros del hombre, hundiendo el rostro en el hueco de su cuello, aspirando el eucalipto hasta que su cabeza dio vueltas. Se quedaron así un largo rato, simplemente respirando el uno del otro, dejando que sus feromonas se comunicaran en un lenguaje que las palabras no podían alcanzar.
Sin embargo, la burbuja se rompió cuando el teléfono de Ronen vibró. Era Irina, su madre alfa.
-¿Mamá?- Ronen se separó un poco de Ian, aunque mantuvo su mano en la cintura del omega, reclamando el contacto.
-Hijo- La voz de Irina sonaba seria por el altavoz -Samuel no se ha rendido. Ha filtrado fotos de Ian entrando a nuestro estudio independiente. Está intentando decir que la canción fue un "montaje" familiar y que Ian no tiene talento real. La prensa se dirige hacia nuestra casa.-
Ian palideció. El aroma a lavanda se volvió punzante de repente. El ataque a su integridad artística era lo que más le dolía.
Ronen sintió la angustia de Ian y sus ojos destellaron en ese oro salvaje de nuevo. Su agarre en la cintura de Ian se volvió más firme, protector.
-Que vengan.- Gruñó el alfa -Si quieren una historia, les daremos una. Pero no la que ellos esperan.-
Ronen miró a Ian con una determinación feroz.
-Pequeño, es hora de que el mundo sepa que no estás solo. No vamos a escondernos más. Vamos a ir a la casa de mis madres. Si quieren circo, van a encontrarse con una manada que no sabe lo que es rendirse.-
Ian asintió, sintiendo una fuerza nueva crecer en su pecho. El roce de la mano de Ronen sobre la suya le recordaba que ya no estaba en un eclipse. Estaba en el inicio de un nuevo día, un amanecer, y el sol de primavera no iba a dejar que nadie lo volviera a apagar.
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