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LA VIRTUD CAUTIVA

LA VIRTUD CAUTIVA

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Completas
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En lo más profundo de un bosque olvidado por el tiempo, donde el agua de las cascadas es pura y la fe es la única ley, nació Evangeline. Criada entre oraciones y el aroma de los frutos silvestres, su belleza era un secreto guardado por la naturaleza… hasta que el mundo de los hombres decidió reclamarlo.

Alistair von Thorne no conoce la paz. Sus ojos azules han visto caer reinos y sus manos, marcadas por el acero, solo saben de obediencia y sangre. Tras años de guerra, su regreso se cruza con una cacería de monstruos humanos y una mercancía que no tiene precio: la virtud de una mujer.

Por unas cuantas monedas de oro, la salvación de Evangeline se convirtió en su nueva condena. Ella fue comprada. Él es su dueño. Y en el silencio del campamento militar, la pureza de la aldea está a punto de colisionar con la oscuridad del guerrero más temido del Rey.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: La rebelión del espíritu

Tres días habían pasado desde que llegaron al Castillo de Colmillo de Hierro. Con la comida nutritiva y el descanso en la cama de plumas, la palidez de Evangeline había desaparecido, dando paso a una belleza renovada y vibrante. Pero con la salud física, algo más había despertado en su interior: una chispa de la dignidad que los días de barro y miedo habían intentado sofocar. Estaba cansada de bajar la cabeza, cansada de ser una sombra que pulía botas y remendaba capas. Estaba cansada de pertenecer a un hombre que la trataba como a una espada más de su armería.

Esa noche, el frío del norte soplaba con fuerza contra los ventanales de piedra. Alistair estaba sentado frente a la chimenea, con una jarra de vino en la mano y la camisa desabrochada, revelando el vello rubio de su pecho y las cicatrices de mil batallas. Había estado observando a Evangeline toda la noche mientras ella organizaba sus libros. La paciencia del General, un hombre acostumbrado a tomar lo que deseaba por la fuerza o por el oro, se había agotado.

—Ven aquí, Evangeline —ordenó él, su voz siendo un gruñido bajo y cargado de una intención que ella reconoció de inmediato.

Evangeline se detuvo, pero esta vez no corrió hacia él. Se quedó de pie junto a la estantería, con las manos entrelazadas, pero la espalda recta.

—He cumplido con todos mis deberes, mi señor —dijo ella, su voz firme a pesar del temblor interno—. La tienda está limpia, su uniforme listo y sus heridas sanas. Si no necesita nada más, me gustaría retirarme a la habitación de servicio que Marta me asignó.

Alistair dejó la jarra sobre la mesa con un golpe seco. Se puso en pie, su inmensa estatura proyectando una sombra amenazadora sobre las paredes de piedra.

—Te equivocas —sentenció él, caminando hacia ella con la lentitud de un lobo que acorrala a su presa—. Has cumplido con los deberes de una sierva, pero te olvidas del deber principal por el cual pagué cada moneda de oro a esos carniceros. He sido paciente durante el viaje. He cuidado de tu salud y he permitido que durmieras mientras mis hombres pasaban frío. Pero mi paciencia tiene un límite, y ese límite ha llegado hoy.

La tomó del brazo, tirando de ella hacia el centro de la habitación. Evangeline intentó soltarse, un acto de resistencia que Alistair nunca había esperado de ella.

—¡Suélteme! —gritó ella, sus ojos negros ardiendo con una furia nueva—. Ya le he servido bastante. Si el oro que pagó fue para comprar una esclava de cocina, ya tiene su recompensa. Pero si lo que quiere es mi libertad, ¡póngame un precio y trabajaré toda mi vida para pagárselo! Solo quiero volver a mi aldea, quiero ser libre.

Alistair soltó una carcajada amarga, una risa que no llegó a sus ojos helados. La arrinconó contra la columna de piedra de la chimenea, rodeándola con sus brazos para que no tuviera escapatoria. El calor del fuego y el calor de su cuerpo la envolvieron.

—¿Libertad? —se mofó él, su rostro a milímetros del de ella—. ¿Crees que después de todo lo que he pasado para traerte aquí, después de rescatarte de esos cerdos y de la muerte en el bosque, voy a dejarte ir? No hay precio en el mundo que compre tu salida de este castillo, Evangeline. Eres mía. Por derecho de compra y por derecho de conquista.

Su mano bajó por el costado de ella, apretando su cintura con una posesividad que la dejó sin aliento.

—Esta noche dormirás en mi cama —sentenció Alistair, su aliento oliendo a vino y a una determinación absoluta—. Quiero que cumplas con tu parte. Quiero poseer lo que es mío. Desnúdate.

Evangeline sintió que la sangre se le helaba, pero en lugar de encogerse, lo miró directamente a los ojos. El miedo seguía ahí, pero el asco y el deseo de libertad eran más fuertes.

—No —respondió ella, una sola palabra que resonó en el silencio de la habitación como un disparo.

—¿Qué has dicho? —El rostro de Alistair se transformó. Sus ojos se entrecerraron y una vena comenzó a latir en su sien. Nadie, en toda su vida, le había dicho "no" y vivido para contarlo.

—He dicho que no —repitió ella, con lágrimas de rabia asomando en sus ojos—. Puede poseer mis manos para trabajar, puede poseer mi tiempo para servirlo, incluso puede poseer mi vida si decide matarme. Pero mi cuerpo no es una moneda de cambio. No me acostaré con usted porque no le pertenezco de esa manera. El oro puede comprar muchas cosas, General Thorne, pero no puede comprar lo que solo se entrega por amor o voluntad propia. Y yo no tengo ninguna de las dos cosas para usted.

Alistair la tomó de la barbilla con fuerza, obligándola a mirarlo. Su furia era gélida, destructiva.

—Tu voluntad no me importa —gruñó él, su voz vibrando con una violencia contenida—. Pagué por ti, Evangeline. Tu piel, tu aliento, cada centímetro de este cuerpo de porcelana me pertenece. Y si tengo que tomarlo por la fuerza para recordarte quién es tu dueño, lo haré. No me obligues a tratarte como a una prisionera de guerra de nuevo.

—¡Hágalo! —desafió ella, llorando abiertamente—. ¡Encadéneme, azóteme o máteme! Pero si me toma por la fuerza, solo estará demostrando que es igual que los carniceros que me secuestraron. Un hombre que necesita comprar o forzar a una mujer para sentirse poderoso no es un General, es solo un cobarde con una espada cara.

Alistair se quedó rígido. Las palabras de Evangeline lo golpearon más fuerte que cualquier acero enemigo. El silencio que siguió fue sepulcral, solo roto por el crepitar de las llamas. El General Thorne, el hombre que nunca había aceptado una derrota, se encontraba frente a una pequeña aldeana que, sin armas y con el cuerpo temblando, acababa de declarar la guerra más difícil de su vida: la guerra por su propia alma.

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Gloria
Está protagonista es tan orgullosa tan testaruda , se casó con ella para que no quedara en deshonra , lástima que no la tengo de frente por que ya le había dado un par de cachetadas bien datas a esta mujer yo la saco del castillo a ver cómo le hace para sobrevivir sola y sin protección
Ana Gonzalez
más capitulos 🙏❤️
Arely Zuñiha
son los primeros tres capítulos y ya me gusta ,esperemos más a delante 👏👏
Ana Gonzalez
más capitulos 🙏 excelente novela ❤️
Marcel Hernandez
A no quería una servidora fiel y entregada
hay la tienes 🤭
Marcel Hernandez
mi héroe y verdugo
Marcel Hernandez
Que soldados tan miserables
como no quería que saliera corriendo 😠
Marcel Hernandez
Bueno no me encanta que la enseñe como un trofeo pero si que la defienda y le de su lugar
así es contradictorio pero hombres como el son posesivos 🥰
mailyn rodriguez
Hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi gracias.
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