Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
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CAPÍTULO 2
Caminé hasta la mesa donde estaba Omar.
Él no levantó la mirada de inmediato. Observaba su vaso con el ceño ligeramente fruncido, como si dentro de ese líquido hubiera algo más que simple bebida.
Me detuve frente a él.
—Eres la última persona que esperaba ver aquí… ¿Puedo sentarme contigo?
Y entonces, demasiado tarde, el pensamiento llegó.
¡Rayos!
¿Qué estoy haciendo?
Ni siquiera sé por qué me acerqué a él…
Omar dejó de mirar el vaso.
Alzó la vista.
Sus ojos se clavaron en los míos con una frialdad que me hizo tensar los hombros sin querer.
Pero a la vez se me hizo muy atractivo...
Asintió una sola vez.
—¿Y por qué, señorita Jessica?
Su voz era baja. Controlada. Demasiado.
Aun así, me senté. De cualquier forma, tenía que esperar mi desayuno… aunque su mirada hacía que el tiempo se sintiera más denso, más incómodo. Como si realmente pudiera ver a través de mí.
Sonreí, intentando mantener la normalidad.
—Bueno… no pareces el tipo de persona que bebe justo después del trabajo.
Omar no apartó la mirada.
—Puede haber excepciones…
Este hombre es demasiado frío…
Un silencio breve se instaló entre nosotros.
Entonces, hizo una leve señal con la mano.
El camarero se acercó de inmediato.
Sin decir mucho, Omar le entregó su tarjeta.
—El desayuno de la señorita va por mi cuenta.
Parpadeé, sorprendida.
Algo en mi percepción cambió… abruptamente.
No pensé que fuera así…
Sentí el calor subir a mis mejillas antes de poder evitarlo.
Estaba a punto de agradecerle—
—Señorita Jessica —interrumpió él, con esa misma calma inquietante—. ¿Ha oído las recientes noticias?
Sus dedos rodearon el vaso, pero no bebió.
—¿Qué piensa de lo que está pasando en nuestro… encantador vecindario?
La forma en que dijo encantador no sonó en absoluto como un cumplido.
Tragué saliva.
—Creo que es… aterrador. No entiendo cómo pudo pasar, ni por qué. Solo espero que atrapen pronto al asesino.
Omar bajó la mirada hacia el licor.
Lo observó como antes.
En silencio.
—Oh… —murmuró finalmente—. ¿Así que cree que solo hay un asesino?
Fruncí el ceño, confundida.
—¿Tú no lo crees? ¿Cómo podría haber más de uno? ¿No viste lo que le hicieron a esas personas?
Un leve movimiento cruzó su expresión. No era una sonrisa… pero tampoco era indiferencia.
—De hecho… sí lo vi.
Hizo una pausa.
Lenta.
Calculada.
—Y no es la primera vez.
El aire entre nosotros pareció enfriarse.
Mi corazón dio un pequeño vuelco.
—¿A qué te refieres con que no es la primera vez?
Omar llevó el vaso a sus labios y dio un sorbo lento, como si midiera cada segundo.
Luego me miró.
—Anteriormente estuve en el ejército.
Su tono no cambió, pero algo en el ambiente sí lo hizo.
—Esa noche teníamos una misión sencilla… asaltar un complejo enemigo y eliminar a todo lo que se moviera. Terroristas de sangre fría. Eso es lo que eran.
Sus palabras no sonaban heroicas.
Sonaban… vacías.
—Cuando llegamos… todo estaba en silencio.
—La mayoría ya estaban muertos. Exactamente como lo mostraron en el noticiero.
Sentí cómo mi atención se aferraba a cada palabra.
—Excepto por uno…
Mi respiración se volvió más lenta sin darme cuenta.
—Era como un animal rabioso. Nos atacó con las manos desnudas… gruñía… intentaba arañarnos y mordernos…
Omar se detuvo.
El silencio que dejó fue peor que la historia.
—¿Y… qué pasó después? —pregunté, casi sin voz.
—Nada —respondió con naturalidad—. Le disparamos. Y nos fuimos a casa. La misión había terminado.
Parpadeé.
Era demasiado… simple.
Demasiado limpio para algo que no lo era.
Fruncí el ceño.
—¿Descubrieron quién mató a los terroristas?
Omar giró ligeramente el vaso entre sus dedos.
—No.
Una pausa.
—Pero sí descubrimos algo más.
Levanté la mirada, expectante.
—En el pueblo más cercano… existe una leyenda. Hablan de un demonio que se alimenta de carne humana.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
—Se encargaron de destruir el lugar con fuego… para “purificarlo”.
Tragué saliva.
—No… —murmuré—. Tú crees en esa leyenda, ¿verdad?
Omar negó suavemente.
—Por supuesto que no.
Sus ojos no vacilaron.
—No hay demonios en este mundo.
Se inclinó apenas hacia atrás.
—El único mal en el que creo… es el que habita en el corazón del hombre.
Sus palabras quedaron flotando entre nosotros.
Pesadas.
Incómodas.
Después de un rato, la conversación se desvió y, casi sin darme cuenta, ya había terminado de comer.
Me levanté, acomodando ligeramente mi ropa.
—Fue un gusto conversar con usted, Omar.
Él asintió.
—Igualmente. Eres una mujer interesante, Señorita Jessica. No mucha gente se sentaría a hablar conmigo.
Hizo una pequeña pausa.
—Y puedes tutearme.
Sonreí levemente.
—Entonces tú también llámame de tú, Omar.
Mientras me giraba, no pude evitar pensar—
Jejeje… la verdad ni yo sé cómo terminé sentándome aquí con él…
Pero no puedo negar que Omar es muy guapo...
Parece sacado de un drama chino...
Al alejarme, noté algo que antes había pasado por alto.
Las mesas cercanas.
Las miradas.
La distancia.
Nadie se acercaba a él.
Supongo que no los culpo…
Había algo en Omar.
Algo… difícil de explicar.
Como una presencia que no encajaba del todo.
Me detuve un segundo antes de irme, reuniendo un poco de valor.
—Oye… —dije, intentando sonar casual, aunque una ligera emoción se filtró en mi voz—. Cuando tengamos tiempo libre otra vez… ¿podrías contarme más sobre tus días en el ejército?
Omar guardó silencio.
Un segundo.
Dos.
—Tal vez —respondió finalmente.
No era un sí.
Pero tampoco era un no.
Sonreí.
—Gracias… por invitarme el desayuno.
Él solo asintió.
......................
Caminé hacia la salida de la cafetería, con la mi estómago ya satisfecho y la mente aún atrapada entre pensamientos que no terminaban de ordenarse.
Estaba a punto de cruzar la puerta—
cuando el aire se rompió.
Un grito.
Agudo.
Desesperado.
Luego otro.
Más cercano.
Me detuve en seco, sintiendo cómo el cuerpo reaccionaba antes que la mente.
—Mmm… ¿qué está pasando…?
Giré ligeramente la cabeza, intentando ubicar el origen.
Venía de la recepción.
No fui la única que lo notó.
A mi alrededor, las conversaciones murieron una a una. Las sillas se movieron con brusquedad, y varios de mis compañeros comenzaron a levantarse, intercambiando miradas inquietas.
Algo no estaba bien.
Se sentía en el ambiente.
Pesado.
Inquietante.
Como si el aire mismo se hubiera vuelto más denso.
Un compañero, visiblemente alterado, dio un paso al frente.
—Vamos a ver qué está pasando.
Nadie respondió de inmediato…
pero tampoco nadie se negó.
Uno a uno, comenzaron a avanzar hacia la salida.
Y, sin darme cuenta, mis pies se movieron también.
Arrastrada por la curiosidad.
Por la inquietud.
Por algo más profundo que no supe explicar.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo