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Pasado Y Caos

Pasado Y Caos

Status: En proceso
Genre:Maldición / Terror / Mundo de fantasía
Popularitas:232
Nilai: 5
nombre de autor: Reylocura@2004

Pasado y Caos es una novela de terror psicológico y suspenso que se mueve entre el dolor humano y lo inexplicable. Sigue a Evan, un niño marcado por una pérdida temprana, mientras el mundo a su alrededor intenta dar explicaciones racionales a hechos que parecen negarse a ser entendidos del todo.
La historia avanza entre recuerdos rotos, silencios incómodos y una presencia que nunca se muestra del todo, pero que se siente en cada página. No se apoya en el terror fácil, sino en la incomodidad de lo que persiste: la culpa, la memoria y aquello que se hereda sin querer.
Es una novela oscura, íntima y emocional, donde el verdadero miedo no siempre viene de afuera, sino de lo que uno guarda cuando deja de hablar.

NovelToon tiene autorización de Reylocura@2004 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Donde la grieta respira

La puerta que respira

Hospital Psiquiátrico Lennox — 3 de marzo del 2000 — 02:14 a.m.

Evan se despertó empapado en sudor.

No por una pesadilla, sino por una presión invisible en el aire.

Su cuerpo le dolía como si hubiera corrido toda la noche.

En la pared donde antes solo había yeso agrietado, apareció una puerta oscura. No era de madera

real: parecía hecha de sombras que intentaban imitar la madera, como si quisiera pasar desapercibida.

Aurora habló desde dentro de su pecho:

Aurora —No se abre con la mano, Evan… Se abre con el dolor. Con lo que no te animás a decir en voz

alta.

Evan estiró la mano. La puerta palpitaba como un corazón.

La grieta se expande

La grieta — 31 de febrero, ninguna hora reconocible

Cuando cruzó la puerta, el mundo se derrumbó.

No había tiempo.

No había espacio.

Solo ecos. Voces. Algo respirando en cada rincón.

Los pasillos se retorcían como carne.

Los cuadros colgaban al revés.

Las puertas eran demasiado pequeñas para un humano… pero lo suficientemente grandes para una

idea.

A cada paso, una sombra caminaba junto a él. No delante. No detrás. Dentro.

Monstruo —Gracias por invitarme —susurró el monstruo.

Monstruo —Ahora puedo mostrarte todo lo que escondiste.

Irene frente a la obsesión

Hospital — 3 de marzo del 2000 — 03:20 a.m.

Irene Faulkner no dormía.

Tenía las pupilas dilatadas, el pelo enredado, y la mesa llena de documentos manchados de café.

Se había obsesionado.

Repetía en los márgenes el símbolo que Evan escribía dormido, sin saber por qué.

Había revisado expedientes antiguos: pacientes con alucinaciones idénticas en 1950 (orfanato

Lennox) y en 1987 (caso Halden).

Todos escribían lo mismo:

Una figura sin rostro.

Un “día imposible” —31 de febrero—.

Un espejo que no devolvía reflejo.

En los informes encontró algo aún más extraño:

“Proyecto Oscura Memoria" — 1972. Entidad simbólica alojada en trauma compartido. Notas: No debe

ser recordado. Se alimenta del recuerdo.”

Irene se tocó la frente. El monstruo ya no era una metáfora. Era un patrón. Un lenguaje. Una

presencia.

El monstruo se manifiesta

La grieta — 31 de febrero

Evan llegó a una sala sin puertas.

Las paredes estaban cubiertas de espejos que no lo reflejaban.

Mostraban escenas:

Su madre llorando frente al horno.

Su padre, callado.

Aurora cantando en la nieve.

Y luego… el monstruo.

Ya no era sombra.

Era cuerpo.

Un cuerpo sin rostro, cubierto de ojos que parpadeaban sin ritmo.

Su piel temblaba, respiraba como carne enferma.

Monstruo —No tengo nombre porque ustedes me inventan distinto cada vez —dijo la criatura.

Monstruo —Soy lo que queda después del grito. Soy lo que no quiere sanar.

Monstruo —Y también… soy caos puro. Nací de lo que nunca entendieron, y me alimento de lo que

niegan.

El suelo empezó a latir bajo los pies de Evan.

Evan —¿Qué sos? —preguntó él con voz rota.

Monstruo —Soy la grieta. Soy lo que tu mente no puede cerrar.

Aurora, la guía

Aurora apareció entre reflejos.

Ya no era la niña de siempre, sino una mujer fracturada, con las manos manchadas de tinta y los ojos

cansados.

Aurora —Yo peleé con él, Evan. Durante años.

Y lo único que me salvó fue recordarte.

Vos eras mi lugar seguro.

Le tomó la cara, y Evan notó que sus dedos eran de humo frío.

Aurora —Él te eligió porque sabés sostener el dolor sin romperte.

Por eso sos su espejo.

Irene se hunde

Hospital — Archivo sellado — 04:07 a.m.

Irene encontró una caja polvorienta. Dentro, un cuaderno infantil.

El nombre en la tapa la hizo temblar: Irene Faulkner, 9 años.

En la primera página, escrito con letra de niña:

“No debo hablar del que está en el espejo. Él escucha cuando duermo.”

Sus rodillas cedieron.

Recuerdos la golpearon: el bosque, la voz, los espejos tapados en su casa, y su madre —policía en 1950— que le había dicho de niña:

"Si ves algo moverse en el espejo, no lo sigas."

Irene apretó el cuaderno.

Ya no podía negarlo.

Ella también había visto al monstruo.

Y lo había olvidado.

Dentro del cuerpo del monstruo

La grieta — 31 de febrero

Evan avanzó más hondo.

Todo era carne.

El suelo era piel.

Las paredes, costillas.

El aire olía a sangre seca.

En el centro vio otra figura: él mismo, llorando, con la boca cosida.

El monstruo caminaba alrededor:

Monstruo —Vos me creaste cuando nadie te creyó.

Cuando lloraste y te dijeron que exagerabas.

Cuando Aurora gritó y nadie escuchó.

Evan —¿Qué querés de mí? —susurró Evan.

Monstruo —Quiero vivir en vos. Ser vos.

Porque sos el único que me mira sin cerrar los ojos.

Irene entra en la grieta

No supo cómo.

Solo que despertó dentro del mismo pasillo que Evan había descrito.

Las paredes le hablaban con su voz de niña.

Vio a su madre. Vio al orfanato en ruinas.

Y al fondo, vio a Evan de rodillas frente al monstruo.

Corrió hacia él.

Pero la criatura la detuvo con un murmullo:

Monstruo —No podés salvarlo si no te salvás a vos primero.

La decisión

Evan llegó al corazón del monstruo.

Estaba hecho de recuerdos:

Aurora muerta.

Su padre en silencio.

Las noches sin consuelo.

En el centro estaba Aurora, suspendida como si el tiempo la retuviera.

Aurora —No me recuerdes solo por mi muerte —dijo ella—. Recordame viva. Recordame riendo.

Dame eso, y él se rompe.

Evan cerró los ojos.

Recordó la nieve. La risa. Las canciones.

Aurora sonrió.

Aurora —Incluso lo que más duele, Evan. Recordarlo todo.

El monstruo se quiebra

Evan abrió los ojos.

Sintió el fuego, el grito, la sangre. Y no huyó.

El monstruo tembló.

Sus ojos comenzaron a cerrarse.

Su forma se deshizo como barro en agua.

No murió.

Se fragmentó.

Retirándose a los rincones de la grieta.

Monstruo —No me podés borrar… —susurró antes de desvanecerse—. Siempre habrá un 31 de

febrero.

El otro lado

Hospital Psiquiátrico Lennox — 3 de marzo del 2000 — 06:01 a.m.

Evan despertó en su cama, agotado.

Irene estaba en la puerta, con los ojos rojos y el cuaderno infantil en la mano.

No dijo nada.

Aurora apareció a su lado, apenas visible, como una brisa que olía a nieve.

Aurora —Gracias por no olvidarme —susurró.

Y se desvaneció.

No como humo.

Sino como alguien que, por ahora, podía descansar.

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