Siempre ha sentido que tiene mala suerte, y ahora renace con muchas posibilidades, intentando cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
* Todas las novelas son independientes**
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Lady Smith 2
El salón principal brillaba bajo las lámparas de cristal.
La música flotaba ligera, las conversaciones se entrelazaban como hilos invisibles y las miradas.. muchas miradas.. seguían a la pareja vestida en negro y plata.
Eveline lo notaba.
Y también notaba a Lady Smith.
La joven anfitriona no se apartó demasiado del duque Cassian Rathborne en toda la velada. Cada vez que él quedaba momentáneamente libre tras saludar a algún noble, ella aparecía como si hubiese calculado la distancia exacta.
—Su gracia.. siempre he admirado su dedicación al reino. Mi padre comenta que usted es indispensable para Su Majestad.
Cassian respondía con cortesía impecable.
—Es un trabajo compartido entre los cuatro ducados.
—Oh, por supuesto… aunque algunos brillan más que otros —añadía Lady Smith, dedicándole una sonrisa que se prolongaba más de lo necesario.
Eveline, a su lado, mantenía la suya.
Una sonrisa perfecta.
Educada.
Pero tensa.
—Mi prometido no solo brilla en el consejo.. También es extraordinariamente atento en lo personal.
Cassian giró apenas el rostro hacia ella, notando el cambio en el tono.
Lady Smith inclinó la cabeza.
—Qué afortunada es usted, Lady Alderwick.
—Lo soy —respondió Eveline sin vacilar.
Y apoyó la mano con naturalidad sobre el brazo de Cassian, deslizando los dedos apenas unos centímetros más arriba de lo habitual.
Sutil.
Pero deliberado.
La conversación continuó con cortesías afiladas.
—El duque Rathborne siempre ha sido muy amable conmigo —comentó Lady Smith—. Incluso cuando era más joven, recordaba mis cumpleaños.
Eveline alzó las cejas con interés teatral.
—Cassian tiene excelente memoria —dijo usando su nombre sin título, algo que no pasó desapercibido—. También recuerda promesas hechas antes de que yo naciera.
El mensaje era claro.
Compromiso antiguo.
Vínculo oficial.
Futuro asegurado.
Lady Smith sostuvo la copa con un poco más de fuerza.
Cassian, por su parte, observaba el intercambio con creciente fascinación.
La Eveline de antes habría permanecido en silencio.
Habría sonreído con timidez.
Habría dejado que los comentarios pasaran.
Pero esta Eveline…
Era otra cosa.
Sus ojos brillaban con determinación.
Su postura era elegante, pero firme.
Y cada palabra llevaba un filo perfectamente medido.
Cuando Lady Smith rió suavemente y comentó..
—Debe ser difícil compartir al duque con todo el reino.
Eveline no dudó.
—No lo comparto.. El reino tiene su lealtad. Yo tengo su corazón.
El silencio que siguió fue breve, pero pesado.
Cassian casi tosió para ocultar la sonrisa que amenazaba con delatarlo.
Lady Smith parpadeó una vez.
—Qué… declaración tan segura.
Eveline inclinó la cabeza.
—Lo soy.
Y, como si fuera lo más natural del mundo, tomó la solapa plateada del traje de Cassian y la alisó con delicadeza, un gesto íntimo que marcaba territorio sin necesidad de palabras.
Cassian sintió algo inesperado.
Orgullo.
Y una chispa peligrosa de satisfacción.
Cuando Lady Smith fue llamada por otro invitado y se alejó con cortesía rígida, el duque se inclinó hacia Eveline.
—No sabía que podía rugir..
Ella lo miró de lado.
—¿Rugir?
—Defender su territorio con esa elegancia… es impresionante.
Eveline sostuvo su mirada.
—No me gusta que me subestimen.
Cassian sonrió ampliamente.
—Tampoco a mí.
La tomó suavemente de la cintura, acercándola un poco más de lo necesario.
—Debo admitir algo.
—¿Qué cosa?
—Es fascinante ser el motivo de sus celos.
Ella frunció apenas el ceño.
—No son celos.
Él alzó una ceja.
—¿Ah, no?
Eveline sostuvo la mirada un segundo.
Luego sonrió.
—Es… inversión a largo plazo.
Cassian soltó una risa baja.
—La Eveline tímida jamás habría dicho eso.
—La Eveline tímida no recordaba haber muerto una vez.
Él la observó con intensidad cálida.
—Me gusta esta versión suya.
—¿Incluso si marca territorio?
Cassian la atrajo un poco más, sin importarle las miradas alrededor.
—Especialmente si marca territorio.
Sus ojos brillaban con admiración genuina.
Eveline sintió un leve calor subirle al rostro, pero no retrocedió.
No bajó la mirada.
No soltó su brazo.
Al contrario, se acercó apenas más.
Si antes había sido una joven dulce y discreta, ahora era algo distinto.
No agresiva.
No cruel.
Pero firme.
Una leona elegante, vestida de plata, defendiendo lo que consideraba suyo.
Y Cassian… lejos de incomodarse…
Estaba completamente fascinado.
Mas tarde.. la música bajó suavemente cuando el padre de Lady Smith se adelantó al centro del salón con una copa en alto.
—Queridos invitados, esta noche celebramos el cumpleaños de mi amada hija.
Los aplausos fueron cálidos. Lady Smith inclinó la cabeza con gracia estudiada.
El barón continuó..
—Y como es tradición… me gustaría pedir al noble de mayor rango presente que conceda a mi hija el honor del primer baile.
Hubo un murmullo expectante.
No había duda sobre quién era ese noble.
Todas las miradas se dirigieron al duque Cassian Rathborne.
Lady Smith dio un paso elegante hacia adelante, sonriendo con una mezcla de timidez fingida y anticipación real.
—Después de todo, nos conocemos desde hace años. No creo que a Lady Eveline le moleste.
El salón quedó en un silencio delicado.
Eveline sonreía.
Perfectamente serena.
Perfectamente hermosa bajo los hilos plateados que reflejaban la luz.
—Mi prometido puede hacer lo que él quiera..
Pero entonces miró a Cassian.
Y esa mirada…
No fue dulce.
No fue tímida.
Fue clara.
Firme.
Territorial.
No decía “te lo prohíbo”.
Decía “recuerda quién soy para ti”.
Cassian sintió el mensaje atravesarlo con precisión absoluta.
Por un segundo evaluó la situación.
El barón era un hombre con quien mantenía buena relación. Un aliado político respetable. Rechazarlo de manera brusca podría interpretarse como desaire.
Pero aceptar…
Aceptar significaría ignorar esa mirada.
Y él no quería ignorarla.
No cuando la admiraba tanto.
Sonrió con cortesía.
—Barón, es un honor que piense en mí.. Sin embargo, me temo que esta noche no me encuentro en condiciones óptimas para abrir el baile. He tenido jornadas largas en el consejo y preferiría no arriesgarme a ofrecer una actuación mediocre en una ocasión tan especial.
Rechazo.
Suave.
Impecable.
Irrefutable.
Un murmullo recorrió el salón.
Lady Smith intentó sostener la sonrisa, pero la tensión fue evidente.
—Oh… claro.. La salud es prioritaria.
Pero sus ojos se desviaron hacia Eveline con una intensidad nada disimulada.
Eveline sostuvo la mirada.
Sonriendo.
Brillante.
Invicta.
Finalmente, el barón llamó a un primo lejano para abrir el baile con su hija, y la música comenzó.
Cassian exhaló apenas.
—Ha sido una decisión complicada —murmuró a Eveline.
—mmm lo imagino —respondió ella.
[¿complicada? ¿asi que la resbalosa lo hizo dudar]
Lo miró de arriba abajo con fingida preocupación.
—¿Está muy cansado, su gracia?
Él entrecerró los ojos.
—No exagere.
—Solo me preocupa su salud.. No querría que el agotamiento le impidiera bailar… conmigo.
Cassian dudó.
No porque no quisiera bailar con ella.
Todo lo contrario.
Pero sabía que el barón aún observaba.
Y aunque Lady Smith tuviera intenciones evidentes, él valoraba la relación política con su padre.
—Tal vez deberíamos dejar el baile para otra ocasión —dijo en voz baja.
Eveline inclinó la cabeza.
—Entiendo.
Demasiado fácilmente.
—Entonces bailaré con alguien más.
Cassian frunció levemente el ceño.
Pensó que bromeaba.
Pero ella ya se estaba moviendo.
Se apartó de su lado con decisión, buscando con la mirada entre los caballeros cercanos.
Y entonces Cassian sintió algo inesperado.
No celos descontrolados.
Pero sí una punzada.
Porque la idea de verla en brazos de otro… no le resultó agradable en absoluto.
Eveline dio dos pasos firmes hacia la pista.
Cassian la alcanzó antes de que pudiera invitar a nadie.
Su mano rodeó su muñeca con firmeza.. no brusca, pero decidida.
—¿A dónde cree que va?
Ella lo miró con inocencia fingida.
—A bailar. Usted está cansado, lo entiendo.. además no queremos que lady Smith se sienta mal
Él sostuvo su mirada unos segundos.
Y entonces sonrió.
—Tal vez… no estoy tan cansado.
Sin darle oportunidad de replicar, la condujo hacia el centro del salón.
Las conversaciones se apagaron nuevamente.
El duque Rathborne, que había rechazado el primer baile por “agotamiento”, tomaba ahora a su prometida de la mano.
Las miradas eran imposibles de ignorar.
Lady Smith los observaba desde el borde de la pista.
Cassian colocó una mano firme en la cintura de Eveline.
La otra sostuvo la suya.
—¿Está satisfecha?
—Mucho.
La música envolvió el salón.
Comenzaron a moverse con elegancia sincronizada.
El plateado de sus atuendos brillaba bajo las lámparas como si hubieran sido diseñados para ese momento exacto.
Cassian se inclinó apenas hacia ella.
—Fue una jugada arriesgada.
—La mala suerte me enseñó a ser valiente.
Él sonrió.
—Y a mí me enseñó que no disfruto verla caminar hacia otro hombre.
Ella alzó la mirada, divertida.
—¿Celoso, su gracia?
—Precavido.
Giraron suavemente.
Todos los observaban.
Y, aunque la música era suave, la tensión eléctrica entre ellos era evidente.
Eveline se acercó un poco más de lo necesario.
—No estaba realmente molesta por el baile.
—Lo sé.
—Pero quería ver qué elegía.
Cassian no apartó la mirada.
—La elijo a usted.
Simple.
Directo.
Sin teatralidad.
Eveline sintió el corazón acelerarse.
Alrededor, los murmullos crecían.
Lady Smith fulminaba con la mirada.
Pero en el centro del salón, bajo las luces, negro y plata se movían como una declaración silenciosa.
No era solo un baile.
Era una confirmación.
Y mientras giraban frente a todos, Eveline pensó que podía tropezar cien veces más en la vida…
Pero mientras él la sostuviera así, siempre aterrizaría exactamente donde quería estar.
Felicidades Autora ❤️