Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
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La pieza que faltaba
La mañana en la empresa avanzaba lentamente, pero para Sonia el tiempo no se detenía .
Estaba sentada frente a su computadora revisando varios archivos financieros que había estado investigando durante semanas. Sus ojos se movían rápidamente entre columnas de números, fechas y transferencias.
De pronto se detuvo.
—…espera.
Volvió a revisar una línea.
Luego otra.
Sus dedos comenzaron a moverse rápidamente sobre el teclado.
Abrió otra carpeta.
Comparó varios documentos.
Entonces se quedó completamente quieta.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—¡Ureka!
Sonia se levantó de golpe de su silla.
—¡Ya los tengo!
Comenzó a caminar de un lado a otro dentro de la oficina.
—Sabía que no estaba equivocada…
Tomó un documento y lo comparó con otro.
Todo encajaba.
Cada transferencia sospechosa.
Cada movimiento extraño.
Cada autorización falsa.
—Tal como lo pensé…
Sus labios se curvaron en una sonrisa de satisfacción.
—Los culpables del desfalco aquí están…
Golpeó suavemente el escritorio con la mano.
—No me equivoqué.
Respiró profundo intentando calmar la emoción.
Pero ahora sabía que lo más difícil apenas comenzaba.
—Ahora toca enfrentar lo que se viene.
En ese momento alguien tocó la puerta.Sonia subió toda la información en la nube y cerró todo.
Toc… toc…
Sonia se acomodó rápidamente.
—Pase adelante.
La puerta se abrió.
Era Rogelio.
Con su habitual sonrisa confiada.
—Preciosa.
Sonia lo miró.
—Hola Rogelio.
Él se apoyó en el marco de la puerta.
—Vine a buscarte.
Sonia levantó una ceja.
—¿A buscarme?
—Claro.
Rogelio sonrió.
—Ya es hora del almuerzo.
Sonia miró el reloj.
Era cierto.
—Tienes razón.
Rogelio extendió la mano hacia la puerta.
—Vamos.
Sonia tomó su bolso y salió de la oficina junto a él.
—¿A dónde vamos a comer?
Rogelio parecía entusiasmado.
—Te voy a llevar a un lugar espectacular.
Sonia lo miró con curiosidad.
—¿Ah sí?
—Hacen una comida deliciosa.
—Bueno… sorpréndeme.
Minutos después ambos llegaron al restaurante.
El lugar era elegante.
Uno de los más lujosos de la ciudad.
Grandes lámparas de cristal iluminaban el salón y el ambiente estaba lleno de conversaciones suaves y música instrumental.
Sonia observó todo con atención.
Luego miró a Rogelio con una sonrisa sarcástica.
—Vaya…
Se sentaron en una mesa.
Sonia apoyó los codos sobre la mesa y lo miró directamente.
—Rogelio… dime algo tengo una curiosidad.
Él sonrió.
—Dime.
Sonia inclinó un poco la cabeza.
—¿De dónde sacas dinero para pagar este restaurante?
Rogelio levantó una ceja.
—¿Por qué lo preguntas?
Sonia sonrió con ironía.
—Porque este lugar es demasiado caro.
Hizo un gesto con la mano alrededor del restaurante.
—Y tú solo eres el hijo del secretario de mi padre.
Rogelio permanecía tranquilo.
Sonia continuó.
—Además trabajas como ayudante de tu propio padre y tu sueldo no te alcanza para estar comer en un lugar así.
Sus ojos se clavaron en él.
—Así que dime… ¿de dónde sacas el dinero?
Por un segundo hubo silencio.
Pero Rogelio solo sonrió.
—Princesa…
Se recostó en la silla con aire relajado.
—Tengo algunos negocios.
Sonia levantó una ceja.
—¿Negocios?
—Sí.
Tomó un sorbo de agua.
—Y me ha ido súper bien.
Sonia lo observó fijamente.
Pero luego sonrió suavemente.
—Me alegro por ti.
No preguntó nada más.
Porque en realidad…
Ya sabía de qué negocios hablaba.
—Claro… negocios —pensó Sonia con ironía.
Pero decidió no mostrar lo que sabía.
No todavía.
Mientras tanto…
En otra mesa del restaurante…
Un hombre observaba la escena en silencio.
Santiago.
Estaba sentado con su asistente revisando unos documentos importantes.
Pero cuando Sonia entró al restaurante…
La vio de inmediato.
Y lo que vio después no le gustó nadita.
Sonia.
Sentada.
Frente a otro hombre.
Riéndose.
Conversando tranquilamente.
El rostro de Santiago se oscureció.
Su asistente lo notó enseguida.
—¿Señor?
Santiago no respondió.
Seguía mirando la mesa de Sonia.
El asistente frunció el ceño.
—¿Le pasa algo?
Santiago tomó su copa lentamente.
—Nada.
Pero su mirada no se apartaba de ellos.
En la mesa de Sonia…
Rogelio seguía hablando con entusiasmo.
—Este restaurante tiene el mejor filete de la ciudad.
Sonia sonrió.
—Eso espero.
—Ya lo verás.
Mientras hablaban…
Sonia tuvo una extraña sensación.
Como si alguien la estuviera mirando.
Miró alrededor del restaurante.
Pero no vio nada extraño.
Volvió a mirar a Rogelio.
—Entonces… ¿qué otros negocios tienes?
Rogelio sonrió misteriosamente.
—Tal vez algún día te los cuente.
Sonia apoyó la barbilla sobre su mano.
—Tal vez.
Pero dentro de su mente…
Sonia ya estaba armando las piezas finales del rompecabezas.
Porque ahora sabía exactamente quién estaba detrás del desfalco.Ahora le toca pensar como va convencer a los socios para que no hagan un escándalo y aquí entra mi tabla de salvación, se acordó de Santiago y sonrió de oreja a oreja.