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La Reina De La Mafia.

La Reina De La Mafia.

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Mafia / Traiciones y engaños / Venganza de la protagonista
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Ron Novel

Isabella Rinaldi y Alessandro Salvatore

NovelToon tiene autorización de Ron Novel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Isabella.

—Por favor, señora… tenga piedad —suplica el hombre frente a mí.

—Por supuesto que la tengo. Si no, ya estaría muerto —respondo, un poco asqueada por la escena.

Resulta que tengo espías entre mi gente. Personas que están al tanto de todo lo que hago y de cada uno de mis movimientos. Supongo que aún no han desistido de la idea de sacarme de mi puesto. Claro… siempre están dudando de mí.

Miro al hombre que está atado a la silla frente a mí. Su rostro está lleno de sangre, y apenas puede mantener los ojos abiertos. No me gusta este lugar. El olor metálico de la sangre mezclado con la humedad de las paredes me resulta insoportable.

—Hagamos un trato —digo finalmente—. Tú me dices para quién trabajas y yo te dejo ir. ¿Qué dices?

El hombre levanta la mirada con dificultad.

—¿Está jugando conmigo? —pregunta con voz ronca.

—¿Me ves cara de que estoy jugando? —le devuelvo la pregunta, cruzando los brazos.

Él se queda callado unos segundos, pensando.

—Me matará de todas formas —responde al final.

—Soy mujer de palabra. Usted me colabora y, como recompensa, yo lo dejo libre. Usted decide.

El silencio se vuelve pesado en la habitación.

El hombre baja la cabeza durante unos segundos, como si estuviera debatiendo consigo mismo.

—No diré nada —dice finalmente.

Suelto un suspiro.

—Está bien —digo, dándome la vuelta.

Este olor no lo soporto… y no voy a quedarme aquí presenciando una masacre.

Cuando cierro la puerta detrás de mí, los gritos del hombre comienzan a escucharse desde el interior de la sala.

—¿Aún no eres buena para las torturas? —pregunta Sean con una pequeña risita.

Me giro para verlo.

—Lamento no haberme entrenado lo suficiente —respondo con sarcasmo.

Sean siempre ha tenido esa manera de hablar que parece una mezcla entre burla y curiosidad. Por alguna razón, de todos mis primos es con quien mejor me llevo… y también de quien más desconfío.

—Si quieres seguir manteniendo ese puesto, debes aprender a ser un poco más sádica respecto a estas cosas —dice acercándose a mí—. Así fue como tu padre llegó al lugar que ahora ocupas.

Lo miro fijamente.

—Te puedo asegurar que mientras no me tiemble la mano para clavar un cuchillo, mi posición no correrá peligro.

Sean sonríe, como si esa respuesta le hubiera gustado.

—Entonces no hay de qué preocuparse.

Me toma de la cintura con familiaridad y comienza a caminar conmigo por el pasillo que conduce fuera de la zona de las celdas de prisioneros.

Las luces aquí son frías y el aire siempre se siente pesado. Por eso agradezco cuando finalmente salimos de ese sector.

—Quería hablarte de Alessandro Salvatore —dice de pronto.

Me detengo de golpe.

Lo miro directamente a los ojos.

—¿Qué pasa con él? —pregunto.

Sean se encoge ligeramente de hombros.

—Quiere reunirse contigo. Y no me preguntes para qué, porque no lo sé.

Volvemos a caminar mientras me cuenta los detalles.

Aún me cuesta creer que Alessandro Salvatore quiera reunirse conmigo solo porque sí. Los Salvatore y los Rinaldi nunca han sido aliados… pero tampoco enemigos declarados.

Somos competencia.

Y en nuestro mundo, la competencia nunca se reúne por cortesía.

Después de escuchar todos los detalles, termino aceptando. Nos encontraremos en dos días.

Por alguna razón… tengo la sensación de que esto es una muy mala idea.

Sean se despide poco después.

Yo entro en la casa que ha sido mi hogar durante veintidós años. La villa Rinaldi siempre fue enorme, pero ahora se siente demasiado silenciosa.

Demasiado vacía.

Mi abuela ha tenido que salir de la ciudad por unos días para atender unos asuntos, por lo que ahora la casa se siente aún más solitaria.

Los pasillos parecen más largos cuando no hay nadie caminando por ellos.

Un rato después estoy en la oficina de mi padre, revisando algunos documentos, cuando alguien entra sin tocar.

Levanto la mirada.

—¿Qué quieres? —pregunto al reconocer a Lilith Rinaldi, la madre de Sean y Siena.

—Necesito dinero —responde sin rodeos.

La observo durante unos segundos.

Luego me echo a reír.

—¿Tus hijos no ganan lo suficiente como para dártelo? —pregunto.

Ella se muerde el labio con incomodidad.

—Ellos no quieren darme dinero… no para lo que lo necesito.

Me recuesto en la silla que antes pertenecía a mi padre.

—¿Y qué es lo que quieres, querida tía?

—Mi marido tiene una deuda y necesito un millón de dólares.

En nuestros negocios no usamos la moneda oficial del país. Manejar dólares es más práctico… y mucho más discreto.

La miro fijamente.

—¿Es en serio? ¿Aún pagándole deudas a tu marido? No te creí tan tonta.

—Respétame, Isabella. Sigo siendo tu tía, no lo olvides —replica indignada.

—No quiero que vuelvas a molestarme por tonterías como estas. Si tu marido no puede pagar sus deudas, entonces deja que lo maten —le digo mientras le lanzo un fajo de billetes sobre el escritorio.

Ella los toma rápidamente.

—Gracias —dice antes de marcharse.

Al menos tiene la decencia de agradecer.

—No me digas que ese dinero que le diste es para pagar las deudas del sinvergüenza de su marido —dice una voz conocida desde la puerta.

Levanto la mirada y veo a mi madre entrar en la oficina.

—Sí —respondo simplemente.

Ella suspira.

—Dios… esa mujer, ¿cuándo aprenderá?

—Lo sé. Es una completa vergüenza para la familia.

Mi madre sonríe ligeramente.

Se acerca a mí y me da un beso en la frente.

—¿Cómo has estado?

—Bien… aunque tener la casa para mí sola no me está gustando mucho.

—Lo lamento. He pensado en quedarme, pero…

—Te recuerda a tu vida con papá —termino la frase por ella—. Lo entiendo, mamá. No te preocupes.

Ella baja la mirada.

Y la entiendo.

De verdad lo hago.

Mi padre no fue con ella como fue conmigo. Esta casa… estas paredes… presenciaron demasiados momentos difíciles.

Tocan la puerta.

Uno de mis guardaespaldas entra cuando le doy permiso.

—Sus amigas han llegado —informa.

Me levanto de inmediato y camino hacia la sala de estar.

Y allí están.

Mis únicas amigas.

Mónica es la primera en verme y corre hacia mí. Después Luisa se une al abrazo.

—Te extrañamos mucho —dice Mónica.

—Y sentimos no haber estado contigo cuando murió tu padre —añade Luisa.

—Tranquilas. Entiendo sus razones —les digo con una pequeña sonrisa.

Luisa me observa detenidamente.

—Oh, cariño… te noto más agotada.

Ella siempre se comporta como una madre preocupada.

—Por Dios, Luisa —dice Mónica, rodando los ojos.

Las tres terminamos riendo.

—Cristina, ¿cómo está? —pregunta Mónica dirigiéndose a mi madre.

—Muy bien, chicas. Me alegra volver a verlas —responde ella con cariño.

Las horas pasan entre risas, recuerdos y algunos planes para el futuro. Por un momento, casi puedo olvidar todo lo demás.

La noche cae lentamente.

Mi madre se despide y se marcha.

Pero las chicas deciden quedarse a hacerme compañía.

Y, por primera vez en días, la casa deja de sentirse tan vacía.

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Nathaly Paez
no había podido leer los capítulos Pero está demaciado. buena está novela 👀 espero hasta que actualizes. nuevamente🤭🥰
ana rosa cobos torres
creo que Antonio quiere eliminarla
Anastasia Mirian Barrios
🥰
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