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EL HEREDERO "PROHIBIDO"

EL HEREDERO "PROHIBIDO"

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Embarazo no planeado
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Luiselys Marcano

"Ella no tiene nada; él lo tiene todo. Pero un secreto de nueve meses cambiará las reglas del juego."

NovelToon tiene autorización de Luiselys Marcano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: El Naufragio de la Identidad

POV: SEBASTIÁN

No he dormido más de dos horas seguidas. El hospital es un caos, mi madre Beatriz finge demencia y llora frente a las cámaras por mi "sufrimiento", mientras Victoria me consuela en público para mantener las apariencias. Pero por la noche, me reúno con los Castellanos en un almacén clandestino.

—Hemos rastreado los suministros médicos de los laboratorios Alarcón —dijo Marcos, desplegando un mapa táctico—. Beatriz autorizó la salida de un kit de parto quirúrgico y tres unidades de sangre O negativo hace tres días. Pero el camión desapareció en el kilómetro 44 de la carretera vieja.

—Sangre O negativo... —susurré. El tipo de sangre de Elena.

—Están preparándose para un parto forzado, Sebastián —dijo Sofía, poniéndome una mano en el hombro—. Saben que Elena no aguantará mucho más en esas condiciones.

—¡Entonces tenemos que movernos! —grité, tirando los planos de la mesa—. ¡Si el bebé nace allí, los matarán a ambos!

—Hay un problema —Marcos señaló una zona sombreada en el mapa—. Esa región está bajo una tormenta eléctrica permanente por la altitud. No podemos usar drones ni helicópteros. Tendremos que ir por tierra, a pie, a través de los pasos mineros abandonados.

Miré a mis padres biológicos. La determinación en sus rostros era lo único que me impedía apretar el gatillo contra mi propia sien.

El operativo en el "Nido del Águila" fue un fracaso absoluto. Entramos con el corazón en la mano, dispuestos a todo, pero solo encontramos los ecos de una tragedia. Las paredes del sótano estaban manchadas de sangre fresca, y en el suelo descansaba el relicario que Elena siempre llevaba consigo.

—¡No están! —Marcos Castellanos examinó el perímetro con desesperación—. Hubo un enfrentamiento aquí. Hay huellas de una lucha violenta hacia el barranco.

Corrí hacia el borde del precipicio. El terreno estaba cedido. Las marcas de un deslizamiento de tierra y rocas eran evidentes. Mi madre biológica, Sofía, recogió un trozo de tela blanca del borde. Estaba empapada en sangre.

—Sebastián... —su voz se quebró—. El rastro termina en el río turbulento, quinientos metros abajo. Con esta tormenta, nadie sobrevive a esa caída.

Me desplomé bajo la lluvia. La policía científica llegó horas después, pero el veredicto fue el mismo: Desaparecidos y presuntamente fallecidos. El mundo entero lloró a la "Heredera Monteclaro" y a su padre. Pero mientras yo me hundía en un abismo de alcohol y duelo en los días siguientes, en un rincón olvidado de la frontera, el destino tejía una historia distinta.

POV: ELENA

El sonido del agua golpeando contra las rocas fue lo primero que regresó. Luego, un dolor punzante en la sien que parecía querer partirme el cráneo en dos. Abrí los ojos y solo vi sombras y el reflejo de la luna en un riachuelo estancado.

No sabía quién era. No sabía dónde estaba. El vestido verde esmeralda que llevaba estaba hecho jirones, cubierto de lodo y sangre seca. Me toqué el vientre; sentí una protuberancia firme, un peso que me resultaba ajeno pero protector. Un bebé. Había una vida dentro de mí, pero no recordaba su nombre, ni el del padre, ni el mío.

—¿Estás... despierta? —una voz ronca surgió de la oscuridad.

Un hombre mayor estaba sentado a unos metros, intentando encender una pequeña hoguera con ramas húmedas. Tenía el rostro desfigurado por los golpes, pero sus ojos, al mirarme, se llenaron de una angustia infinita.

—¿Quién eres? —pregunté, mi voz sonando como lija.

El hombre se quedó en silencio, mirándose las manos. Frunció el ceño, haciendo un esfuerzo sobrehumano por recordar.

—No lo sé —susurró—. Solo sé que... cuando caímos por aquel barranco, mi único pensamiento era no soltarte. Siento que tengo que protegerte. Que tú eres lo único que me queda, aunque no sepa por qué.

Arturo Monteclaro había olvidado sus crímenes, su fortuna y su nombre. Yo, Elena, había olvidado mi lucha y mi amor por Sebastián. Para nosotros, el mundo había comenzado en ese charco de sangre al pie de la montaña.

POV: VICTORIA DE LA VEGA

—¡Es un desastre, Beatriz! —grité, lanzando el periódico contra la mesa—. El informe dice que no hay cuerpos. Si no hay cuerpos, hay una posibilidad de que sigan vivos.

Beatriz Alarcón bebió su té con una calma glacial.

—Nadie sobrevive a esa caída con un embarazo de casi ocho meses y heridas de bala, Victoria. El río se los llevó. Si por algún milagro están vivos, estarán tan dañados que no podrán regresar. Por ahora, Sebastián es nuestro. Él cree que es un hombre solo en el mundo. Es el momento de consolidar el control del hospital.

POV: SEBASTIÁN (Días después)

Caminaba por los pasillos del hospital como un muerto en vida. Cada vez que veía una bata blanca, esperaba que fuera ella. El vacío que dejó Elena era un agujero negro que devoraba todo rastro de mi antigua personalidad. Mis padres biológicos, los Castellanos, intentaban acercarse, pero yo los rechazaba. ¿Para qué quería una familia ahora, si la que yo había elegido se había desvanecido en la niebla de una montaña?

—Doctor Alarcón —Victoria se acercó y me tomó del brazo con fingida dulzura—. Tienes que comer algo. Elena no querría verte así.

La miré con un odio que ella confundió con tristeza. Algún día, encontraría la prueba de que ella los empujó. Pero por ahora, el silencio de las montañas era mi única respuesta.

POV: ELENA (En el anonimato)

Caminamos durante días por senderos de tierra, evitando las carreteras principales por un instinto de supervivencia que no podíamos explicar. Llegamos a un pequeño pueblo pesquero, lejos de las grandes ciudades y del lujo de los Monteclaro.

—Nos llamaremos Rosa y Gabriel —dijo el hombre, Arturo, mientras conseguía trabajo cargando cajas en el muelle a cambio de una choza de madera—. No tenemos pasado, Rosa. Pero tenemos este niño que viene en camino.

Me senté en el muelle, mirando el horizonte. El bebé pateó. Sentí una conexión eléctrica, un destello de una cara borrosa, de unos ojos grises que me miraban con amor... pero el recuerdo se evaporó antes de que pudiera atraparlo.

—Está bien, Gabriel —respondí, aceptando mi nueva vida—. Empezaremos de cero

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Angelica Canquiz
me encanta🎁😘🇻🇪
yzil: gracias por tu apoyo soy nueva en esto ☺️👏
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Aurora Rico
Fastidia que siendo profesionista no tengan cerebro, 🤔😤 se necesita 2 dedos de frente para sumar 1+1
yzil: me gusta que interactúen con los personajes ☺️👏
total 1 replies
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