En un valle oculto por la magia de las hadas, una loba blanca destinada a un matrimonio impuesto encuentra a un lobo negro moribundo cuyo olor despierta en ella la certeza de haber hallado a su verdadero amor. Juntos desafiarán a un tirano, unirán dos manadas separadas por siglos de mentiras y demostrarán que ni la distancia, ni la guerra, ni la muerte pueden contra el poder de los destinados por la Diosa Luna.
Una historia de amor imposible, magia ancestral, pasión y rebeldía que te hará creer en el destino.
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capitulo 9
El calor era insoportable. Luna corrió entre las llamas con el vestido quemándose a su alrededor, con el pelo chamuscado, con la piel enrojecida. Pero no se detuvo. No podía detenerse. Cada paso la alejaba de Noche, cada paso la acercaba a Damián, y eso era exactamente lo que quería.
Que la vieran. Que la siguieran. Que olvidaran al lobo negro y se concentraran en ella.
—¡LUNA!
La voz de Damián retumbó entre los árboles en llamas. Luna se detuvo en un claro relativamente libre de fuego y esperó, jadeante, con el corazón latiéndole tan fuerte que creía que iba a estallar.
Unos segundos después, Damián apareció entre las llamas.
No estaba en forma de lobo. Estaba en forma humana, con el torso desnudo cubierto de hollín y los ojos inyectados en sangre. Detrás de él, media docena de guerreros lo seguían, todos con expresiones feroces.
—¡Sabía que estabas aquí!
gritó Damián, acercándose a ella.
—¡Sabía que tenías algo que ver con ese maldito lobo!
—No sé de qué hablas.
dijo Luna, manteniendo la voz firme a pesar del miedo.
—Salí a huir. A huir de ti. De esta boda. De esta mentira.
Damián se detuvo a unos pasos de ella, sorprendido.
—¿Huir? ¿De mí? ¿Sabes lo que les pasa a las lobas que huyen de su Alfa?
—No eres mi Alfa.
escupió Luna
—Y nunca lo serás. Porque yo ya tengo destinado. Y no eres tú.
El silencio que siguió fue más aterrador que cualquier incendio.
Los guerreros miraron a Damián. Damián miró a Luna. Y en sus ojos, ella vio algo que no había visto antes.... miedo.
Miedo a perder el control. Miedo a que ella dijera la verdad. Miedo a que todos descubrieran que sus pretensiones de sangre pura eran solo una farsa.
—Mientes.
dijo Damián, pero su voz tembló.
—No puedes tener destinado. La Diosa Luna no...
—¿La Diosa Luna qué?
lo interrumpió Luna, dando un paso hacia él.
—¿La Diosa Luna ya no existe, La Diosa Luna ya no guía a sus lobos, O es que tú y tu padre han creído tener el poder de anular sus designios?
—¡Cállate!
Damián levantó la mano para golpearla, pero Luna no se movió. Lo miró directamente a los ojos, desafiante, y por un instante el mundo se detuvo.
—Golpéame.
dijo en voz baja.
—Hazlo. Que todos vean cómo el futuro Alfa golpea a una loba indefensa. Que todos vean cómo trata a su prometida. Que todos vean la clase de monstruo que van a tener que obedecer.
La mano de Damián tembló en el aire.
Los guerreros intercambiaron miradas incómodas.
Y entonces, desde detrás de las llamas, una voz conocida rompió el silencio:
—Suelta esa mano, muchacho. O te la arranco.
Luna se volvió y vio a su padre emerger del fuego.
Pero no era su padre como lo conocía. Era su padre en forma de lobo, un lobo blanco enorme, con el pelaje chamuscado y los ojos brillando con una furia que nunca le había visto. A su lado, también en forma de loba, su madre lo acompañaba, igualmente feroz, igualmente decidida.
—Papá...
susurró Luna.
—Cállate y ven aquí.
gruñó su padre sin mirarla.
—Esto es cosa de lobos.
Damián bajó la mano lentamente, pero no apartó la mirada.
—¿Te enfrentas a mí, viejo?
dijo con desprecio
—¿Sabes lo que le pasa a los que se enfrentan al hijo del Alfa?
—Sé lo que le pasa a los que se enfrentan a un padre que defiende a su hija.
respondió el padre de Luna
—Y la verdad, muchacho, no me importa.
Los guerreros de Damián dudaron. Algunos dieron un paso atrás. Otros miraron al suelo. Ninguno quiso ser el primero en atacar a una loba y a su compañero por defender a su cría.
Damián vio la duda en sus ojos y apretó los dientes.
—Esto no se ha acabado.
dijo, señalando a Luna
—Tú y yo tenemos una cita mañana en el altar. Y vas a ir aunque tenga que atarte yo mismo.
—No iré.
dijo Luna
—Prefiero morir.
—Eso puede arreglarse.
gruñó Damián.
Y dicho esto, se dio la vuelta y desapareció entre las llamas, seguido por sus hombres.
El silencio volvió al claro.
Luna corrió hacia sus padres y los abrazó, enterrando la cara en el pelaje blanco de su madre.
—Lo siento.
susurró
—Lo siento mucho, los he puesto en peligro, los he...
—Cállate.
dijo su madre, lamiéndole la cabeza con ternura
—Eres nuestra hija. Te defenderemos siempre. Contra quien sea. Contra lo que sea.
Su padre volvió a su forma humana y se arrodilló junto a ella.
—¿Estás bien?
preguntó, pasándole una mano por la mejilla
—¿Te ha hecho daño?
—No
dijo Luna
—Estoy bien. Pero Night... tengo que asegurarme de que Night está bien. Las hadas iban a abrir un portal, a llevarlo a un lugar seguro, pero no sé si...
—Está bien.
La voz de Luma apareció junto a ellos, la hada flotando en el aire con el brillo apagado por el esfuerzo.
—Lo llevamos a un claro al otro lado del valle. Lejos del fuego. Lejos de Damián. Está a salvo. Por ahora.
Luna sintió que el peso del mundo se le caía de los hombros.
—¿Puedo verlo?
—No
dijo Luma.
—Si vas ahora, Damián te seguirá. Y lo encontrará. Tienes que esperar. Tienes que ser paciente. Tienes que...
—No puedo.
la interrumpió Luna
—No puedo esperar. No puedo ser paciente. Lo necesito. Lo necesito como necesito respirar.
Su madre la abrazó por detrás.
—Lo sé, hija. Lo sé. Pero Luma tiene razón. Si vas ahora, lo condenas. Y no puedes hacer eso. No después de todo lo que has arriesgado para salvarlo.
Luna cerró los ojos. Las lágrimas volvieron a resbalar por sus mejillas.
—¿Y mañana?
susurró.
—Mañana es la boda. ¿Qué hago mañana?
Su padre y su madre intercambiaron una mirada.
Y entonces, Luma habló con una voz que sonaba a sentencia:
—Mañana, loba blanca, te convertirás en leyenda. O en mártir. Depende de ti.
Luna abrió los ojos y miró a la hada.
—¿Qué quieres decir?
Luma sonrió, y en su sonrisa había algo antiguo, algo poderoso, algo que helaba la sangre y encendía el alma al mismo tiempo.
—Quiero decir que mañana, en el altar, delante de toda la manada, vas a tener que elegir. Y esa elección cambiará tu vida para siempre. Pero también cambiará la vida de todos los que te rodean.
—No entiendo.
—Ya entenderás
dijo Luma.
—Cuando llegue el momento, ya entenderás.
Y dicho esto, desapareció, dejando a Luna sola con sus padres, con el fuego extinguiéndose a su alrededor, y con la certeza de que el día más importante de su vida estaba a punto de comenzar.
Continuará...