Nadira Savitri murió sola en un pasillo del campus, con un mensaje que su prometido nunca llegó a leer.
Al abrir los ojos, el tiempo retrocedió un año, hasta antes de su muerte.
Raka Mahardika seguía siendo el mismo: frío, ocupado con la federación estudiantil y siempre creyendo en Aluna.
—Solo te pido que me escuches una vez —susurró Nadira con la voz temblorosa.
—Eres demasiado sensible, Nadira —respondió Raka sin mirarla.
La segunda oportunidad no hizo que Nadira luchara más. Al contrario: se rindió. No con lágrimas, sino con silencio. Dejó de explicar, dejó de esperar, dejó de ilusionarse.
El cambio en Nadira poco a poco empezó a inquietar a Raka. Aluna comenzó a perder el control.
Al mismo tiempo, el Dr. Arvin Pradipta, el profesor que siempre la observó desde lejos, apareció no como un salvador, sino como un lugar seguro al que volver. Un amor silencioso, que no exige, que no hiere.
Esta no es una historia de venganza con sangre.
Es sobre irse cuando finalmente ellos deciden quedarse.
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Capítulo 1
*Nadira Savitri* nunca imaginó que el campus sería el último lugar que recordaría antes de morir.
El pasillo del edificio de la *Facultad de Ciencias Sociales* estaba silencioso. Las luces blancas se reflejaban en el suelo de cerámica, demasiado brillantes para unos ojos que comenzaban a nublarse. El cuerpo de Nadira yacía de lado cerca de las escaleras de emergencia, su bolso abierto, su teléfono móvil caído no lejos de sus dedos fríos.
Su respiración era entrecortada.
El dolor en su pecho se sentía opresivo, como si una mano grande estuviera apretando sus pulmones desde dentro. Su visión temblaba, con destellos, pero una cosa seguía clara... la pantalla del teléfono encendida, mostrando el mismo nombre.
Raka Mahardika.
La cuarta llamada sin respuesta.
Nadira sonrió levemente, con amargura.
"Como siempre", susurró en voz baja, casi inaudible.
Tragó saliva con dificultad. Sus dedos temblaban al intentar deslizar la pantalla, abriendo el último mensaje que había enviado quince minutos antes.
[Raka, me falta el aire. Estoy en el edificio de la FCS. Por favor...]
Sin doble verificación azul. No leído.
Pasos resonaron débilmente en la distancia. Ya fuera solo su imaginación, o si realmente había alguien pasando. Nadira quería gritar, quería llamar a alguien, pero su voz estaba atrapada en su garganta.
Lo único que salió fue un suspiro corto.
Un frío se extendió desde la punta de sus pies.
En su cabeza, apareció el rostro de Raka. Guapo, pulcro, frío como siempre. Un rostro que siempre la hacía esperar sin preguntar.
"Soy tu prometida", susurró Nadira débilmente. "¿No puedes escucharme ni siquiera una vez?"
Nadira recordaba claramente su última discusión hacía tres horas, en la secretaría del Consejo Estudiantil.
"Necesito que vuelvas a casa ahora", dijo Nadira en ese momento, conteniendo el aliento para que su voz no temblara. "No me he sentido bien desde esta mañana".
Raka ni siquiera apartó la vista de su computadora portátil.
"Vete a casa primero. Todavía estoy en una reunión".
"Raka, esto es importante".
La que respondió fue otra voz.
"Dir, no seas tan delicada", dijo *Aluna Prameswari* con una dulce sonrisa. "Raka está muy ocupado. Yo lo acompañaré".
Nadira se quedó en silencio. La sonrisa de Aluna siempre era así... suave, como si no tuviera la culpa. La amiga de la infancia de Raka. Colega de la misma organización. La mujer en la que siempre se confiaba más.
"Soy su prometida", dijo Nadira en voz baja.
Raka finalmente levantó la cabeza. Su rostro era inexpresivo.
"¿Por qué siempre tienes que hacer un escándalo por cosas pequeñas?"
Esa frase aún resonaba, golpeando su conciencia ahora.
Cosas pequeñas.
El pasillo del campus giró lentamente. Nadira sintió que su pecho se volvía cada vez más pesado. Agarró la tela de su chaqueta universitaria, tratando de aguantar.
"No quiero morir aquí", murmuró. "Solo quiero... que vengas".
Las lágrimas cayeron, corriendo hacia sus sienes.
Presionó su teléfono una vez más, esta vez abriendo el chat de Aluna.
[Luna, me falta el aire. Dile a Raka, por favor. Hablo en serio.]
El mensaje fue enviado. Doble verificación. Leído.
Una pequeña esperanza se encendió.
Los segundos pasaron.
No hubo respuesta.
Nadira se echó a reír levemente, su voz quebrada.
"Oh... así que así se siente".
No enojo. No sorpresa.
Solo... terminado.
Su visión comenzó a oscurecerse en los bordes. Los recuerdos saltaron, comenzando con el día en que Raka le propuso matrimonio con un anillo sencillo. La promesa de que siempre estaría ahí. Las noches de espera en su residencia mientras preparaba comidas que siempre terminaban frías. Pero, el nombre de Aluna se mencionaba con demasiada frecuencia.
"Nadira, tienes que madurar", resonó la voz de Raka.
"Aluna es mi familia".
Entonces, ¿qué soy yo?
Esa pregunta nunca fue respondida.
Los pasos finalmente se escucharon de verdad. Un par de zapatos se detuvieron no lejos de ella.
"¿Señorita?"
Alguien se agachó, un rostro desconocido con las cejas fruncidas en pánico.
"¿Señorita, me escucha? ¿Qué le pasa?"
Nadira quería responder, pero su voz se había ido. El mundo parecía alejarse.
"¡Llama a una ambulancia!", esa voz sonaba cada vez más débil. "¡Rápido!"
Su mano se soltó del teléfono. La pantalla se encendió una vez más, entrando un nuevo mensaje.
De Raka.
[Estoy en una reunión. Te llamaré más tarde.]
Nadira miró la pantalla con lo que le quedaba de conciencia.
Sus labios se movieron, formando la sonrisa más cansada que jamás había tenido.
"Más tarde... nunca llega".
Y la oscuridad la tragó.
El sonido del monitor latía.
No era el pasillo del campus. No eran las luces blancas deslumbrantes.
Nadira abrió los ojos con un sobresalto. Se sentó de golpe, un sudor frío le empapaba la nuca.
"¿Qué te pasa, Dir?"
Esa voz.
Nadira se giró rápidamente. Su habitación en la residencia. El escritorio lleno de libros. La ventana medio abierta. El reloj de pared marcaba las *06:10* de la mañana.
La fecha en el calendario
01 de febrero.
*Un año* antes de ese día.
Nadira se quedó en silencio, con la respiración agitada. Sus manos temblaban al tocarse el pecho... latiendo normalmente. Sin dolor. Sin falta de aire.
"Dios mío, ¿tuviste una pesadilla?", preguntó su amiga, Salsa, levantándose de la cama de al lado. "Estabas gritando el nombre de Raka".
Ese nombre se sentía extraño y doloroso a la vez.
Nadira tragó saliva.
"Sal... ¿qué día es hoy?"
Salsa frunció el ceño. "Es uno. ¿Qué te pasa?"
Primero de febrero.
El día en que todo aún se podía cambiar.
Nadira se cubrió la cara con ambas manos. Su respiración finalmente se quebró, pero no fue un llanto histérico. Más bien como un cansancio que se derrumbaba lentamente.
Estoy viva de nuevo.
El recuerdo de la muerte aún estaba fresco... el suelo frío, los mensajes sin respuesta, el rostro de Raka que nunca llegó.
Salsa se acercó, tomándola del hombro.
"Dir, estás muy pálida".
Nadira bajó las manos. Sus ojos estaban secos. No había lágrimas.
"Sal... si alguien no te elige una y otra vez", dijo en voz baja, su voz estable de una manera extraña. "¿Qué significa eso?"
Salsa se quedó en silencio.
"...significa que no es un lugar al que volver".
Nadira asintió levemente.
Afuera, el sonido de las motos de los estudiantes comenzaba a ser fuerte. La vida seguía como de costumbre. El campus esperaba. Raka todavía estaba ahí. Aluna todavía estaba ahí. Todo seguía en su lugar.
Excepto una cosa.
El amor de Nadira.
Tomó su teléfono. La pantalla se encendió... docenas de mensajes antiguos de Raka a los que antes siempre respondía rápidamente.
Esta vez, no abrió nada.
Nadira dejó el teléfono sobre la mesa, se levantó de la cama y dijo en voz baja... más para sí misma que para nadie.
"No quiero morir de nuevo por alguien que ni siquiera quiere escucharme".
En ese momento, sin gritos, sin juramentos de venganza dramáticos, *Nadira Savitri* tomó la decisión más peligrosa de su vida.
Dejaría de amar.
Y el mundo lo lamentaría más tarde.